«No somos de famosos ni de galas, SACO es un festival a pie de calle»

Pablo de María, ante el ovetense Teatro Campoamor, una de las sedes de SACO. /  HUGO ÁLVAREZ
Pablo de María, ante el ovetense Teatro Campoamor, una de las sedes de SACO. / HUGO ÁLVAREZ

«No creo que el FICX ocupe tanto sitio como para no dejar espacio a nadie más. Hay otros caminos para hacer las cosas»Pablo de María Director de SACO

A. VILLACORTA OVIEDO.

Pablo de María (Oviedo, 1975) aprovechará que tendrá unos días libres «para ver cine negro coreano», que le tiene últimamente fascinado. Será el descanso de un guerrero que estudió en la escuela de cinematografía de la Universidad de León que dirigía Gonzalo Suárez para empezar a colaborar luego con algunos medios haciendo crítica y con varios festivales antes de lanzarse a programar y de convertirse en el director de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO).

-¿Qué sensación le ha dejado esta cuarta edición de SACO que acaba de clausurar?

-Estamos muy contentos porque siempre es difícil seguir adelante en el ámbito cultural, donde nunca hay nada asegurado. Siempre tienes que pelear para que las cosas sucedan.

-Por no hablar de la pelea presupuestaria...

-El problema del dinero siempre está ahí, aunque yo no creo que todo se arregle con dinero, la verdad.

-¿Qué han conseguido con 90.000 euros?

-Lo que se ha notado este año es más ambiente. Que la gente nos conozca más. No somos un festival de famosos, alfombra roja y galas. Somos una actividad que intenta estar mucho más cerca de nuestro público. SACO es un festival más a pie de calle.

-Un festival sin estrellas...

-La idea es que las películas sean buenas, interesantes, que aporten algo a la gente, que haya un diálogo con el público. Nos gusta traer invitados de los equipos de las películas que programamos para hacer el visionado más rico. Traer a alguien porque sí, solo para conseguir más impacto mediático, no está en nuestra filosofía.

-¿SACO era una necesidad en una ciudad que se ha quedado sin cines en el centro?

-Creo que lo público tiene que cuidar la oferta que no logra la rentabilidad que consiguen los grandes éxitos de Hollywood. El público también la demanda, como demuestran nuestros resultados. La oferta privada y la pública deben complementarse.

-¿Qué cifras manejan?

-Aún no están cerradas, pero hemos visto salas con mucho público. Más de 1.200 personas fueron a ver 'Vértigo' y hubo sesiones en el Filarmónica que se llenaron.

-Haga autocrítica: ¿qué falló en esta edición?

-Más que fallar lo que echamos de menos, a veces, es capacidad para hacer más cosas. Siempre vas al límite . Trabajar con la administración es difícil porque los trámites administrativos, a veces, son complejos.

-Hubo invitados que se cayeron del cartel a última hora.

-Sí. Hubo un director polaco que a última hora no pudo venir y nos envió un email muy cariñoso y Chassol tuvo un accidente y nos mandó un parte médico. Fue una lástima. Sobre todo por el público, porque lo hubiésemos disfrutado mucho. Cosas que pasan. Cuando llevas meses trabajando en algo, te da mucha rabia que ocurra.

-Y algún problema informático que impidió la compra de entradas...

-Y, además, siempre pasa en domingo (Risas). Misterios de los ordenadores. Pero hay que decir que la sesión de ese día se llenó.

-A muchos les sorprendió que una sesión de pago como la proyección de 'Vértigo' fuese sin numerar y las gratuitas, numeradas.

-Eso corresponde a la ordenanza de precio público del Ayuntamiento y nosotros tenemos que asumirla. A mí la explicación que me dieron fue que, si la entrada a 'Vértigo' hubiese sido numerada, habría resultado más cara y yo intenté que fuese lo más económica posible. A quien le corresponde pensar si es conveniente o no modificar esa ley municipal, puede pensarlo después de ver lo que pasó.

-¿Se plantean sustituir la gratuidad por una cantidad mínima, como hace el FICX?

-Volvemos a lo mismo. Es una decisión política. Depende de la Fundación Municipal de Cultura y su presidente decide, pero entre lo barato y lo caro hay un término medio.

-¿En qué se parece SACO al festival gijonés?

-Somos muy diferentes. Nuestro festival no es competitivo, no tenemos su número de sedes y nuestro presupuesto al lado del suyo es anecdótico. Asturias tiene un festival de cine consolidado que es el de Gijón, que espero que sea otra vez el mejor festival posible tras unos años un poco regulares. Y tampoco creo que ocupe tanto sitio para no dejar espacio a nadie más. Hay lugar para hacer cosas diferentes. Además, en lo personal, es una referencia para mí, porque me he criado como cinéfilo en el festival y le debo mucho a José Luis Cienfuegos. Lo que hizo en Gijón es ejemplar, ya está fuera de dudas, queda ahí para la historia, y ahora Alejandro Díaz tiene toda mi confianza, pero hay otros caminos para hacer las cosas.

-¿Nos adelanta alguna primicia para la quinta edición de SACO?

-¡Si todavía estoy pagando las facturas de esta! (Risas). No tengo ni idea, pero la colaboración con Oviedo Filarmonía ha sido formidable. Estamos muy contentos y vamos a intentar reeditarla, por supuesto. Además, este año incorporamos unas proyecciones de cine experimental en la Escuela Municipal de Música del Rosal y volveremos a repetir el año que viene porque han funcionado muy bien.

-¿Crecerán en sedes?

-Yo me siento muy cómodo en un festival al que puedes ir a casi todas las sesiones, sin tener que decidir qué tres películas te pierdes para ver una cuarta. Intentamos que, más o menos, todo el mundo pueda verlo todo. Preferimos ser un festival tranquilo en el que la gente pueda disfrutarlo todo con calma. No nos vamos a volver locos doblando sedes ni sesiones porque no es la idea.

Apoyo al cine asturiano

-¿Es un gran momento para el cine asturiano?

-Sin duda, no es fácil que dos directores asturianos estrenen películas en salas el mismo año como en el caso de Samu Fuentes con 'Bajo la piel de lobo' y de Sergio G. Sánchez con 'El secreto de Marrowbone'. Es un hito. Además, los dos quieren hacer cine desde Asturias. Es un gran momento y espero que sigan adelante. Los dos son grandes luchadores y también hay mucha gente haciendo documentales. A ver si el sector público está atento y sabe reaccionar y apoyarlos.

-Mójese: estatua de Woody Allen.

-No lo sé. Esto de las estatuas me parece demasiado.

- ¿'Too much'?

-(Ríe) Exactamente. Gran película, pero no sé si es necesario y no sé si ponerle una estatua a alguien como se hacía con los conquistadores o con los militares es el mejor homenaje que se le puede hacer. A los turistas les encanta hacerse fotos con 'La Regenta' ante la Catedral de Oviedo, pero es todo un poco raro. Hubo un época en la que había que poner estatuas, pero espero que esa época haya pasado.

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