Donde Hollywood se jubila

Kirk Douglas, en una fotografía de 2011. /GABRIEL BOUYS (Afp)
Kirk Douglas, en una fotografía de 2011. / GABRIEL BOUYS (Afp)

Una residencia Los Ángeles sirve de hogar para múltiples trabajadores de la pantalla

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Michael Harris Calinieff creció con la ilusión de ser el nuevo Gene Kelly. Trabajó, estudió y ensayó hasta ser un gran bailarín que no alcanzó la fama de su referente pero sí para ser un actor reconocido en los años sesenta y setenta del siglo XX con el nombre artístico 'Michael Callan'. Hoy, a sus 82 años, las piernas no le responden igual, necesita una silla de ruedas y sus tres esposas han fallecido. Pero Holllywood sigue estando muy cerca para él porque Callan es uno de los residentes en el hogar para jubilados del Fondo para la Televisión y el Cine (MPTF, por sus siglas en inglés).

Cerca de Mulholland Drive, ese lugar de Los Ángeles en que David Lynch ideó una de sus más reconocidas y desconcertantes historias, un nutrido grupo de antiguos trabajadores de la pantalla viven una particular jubilación. «Es un lugar especial, especialmente para jubilarse. Antes de mudarme solo conocía a gente de mi círculo cercano. Es muy deprimente si estás solo y cuando me mudé aquí ese sentimiento desapareció. A cualquiera que viene aquí le ves en sus ojos cómo le cambió la vida», explicaba a The Hollywood Reporter la actriz Anne Faulkner ('Roseanne'). Viven algunos empleados que se encargaron del vestuario, maquillaje, montaje, actuación, producción o dirección de películas y series. A todos ellos les encanta la posibilidad de hablar de lo que más le atrae (el trabajo en el mundo audiovisual) y evitar las preguntas sobre secretos de alcoba que suelen atraer a los foráneos de las cámaras.

En 1993, se situó al frente de la institución Jeffrey Katzenberg, el productor de 'La sirenita', 'El rey león', 'Shrek' o 'Cómo entrenar a tu dragón'. El directivo que había brillado en Walt Disney y Dreamworks recogía la herencia de una idea de 1923 prolongada en el tiempo hasta que en 1948 se compró un área para un hospital que hoy también incluye la zona residencial. A lo largo del tiempo aportaron su voluntad, esfuerzo y dólares desde Charly Chaplin hasta el más reciente George Clooney. La piscina fue bautizada 'Jodie Foster' porque fue la actriz quien donó el dinero necesario para construir un pabellón acuático en la residencia. La artista acudía a menudo para visitar a Irene Brafstein, su antigua profesora (también de Winona Ryder y Brooke Shields).

La residencia de la fundación responde a las necesidades de trabajadores de un sector que mueve millones de euros pero que a veces no responde a lo que falta cuando se alcanza una edad avanzada. «Es un lugar maravilloso. La gente se cuida sola. ¿Sabes cuando no te quedan ahorros y no puedes pagar el alquiler? Ellos te ayudan», explicaba la actriz de 105 años Connie Sawyer ('El camino del Oeste', 'Dos tontos muy tontos' y una aparición estelar en la publicidad de la Superbowl de 2015). Aproximadamente la mitad de los residentes pagan entre 3.000 y 5.500 euros mensuales, mientras que el resto se beneficia del fondo que tradicionalmente se llenaba con huchas del MPTF que se encontraban en los rodajes.

«Lo mejor de hacerte viejo en Hollywood es que no van a decirme 'Ahora que has alcazado cierta edad debes pensar en jubilarte y simplemente seguir hasta que aparezca alguna enfermedad. Por eso vienen a este maravilloso lugar», secunda la documentalista Lillian Michelson. «A uno no le gusta detenerse en los estragos del tiempo, pero las necesidades médicas aumentan. Cada vez son más los que sobreviven más allá de sus ahorros y las pensiones nunca van tan lejos como uno piensa. Y luego está el espectro del alzhéimer, que pone tanta tensión en las familias y los cuidadores», contextualizaba Kirk Douglas. El centenario actor conoce la residencia porque allí vivió su madre los últimos años de su vida y porque también aporta fondos para la unidad que trata el alzhéimer que ha bautizado con el nombre de su padre: 'Harry's Haven'.

Allí, en el lugar donde Hollywood acude a jubilarse, algunos señalan el secreto de que hombres y mujeres centenarios después de una vida delante y detrás de la cámara. «Llamaron a la puerta de esta industria y llevaron a cabo tantos esfuerzos para formar parte de ella que siempre admiré su tenacidad. Les echaron abajo tantas veces, les rechazaron tantas veces y siguieron volviendo y creyeron en la tenacidad», recuerda Michelson. La leyenda de Walt Disney, Ruthie Tompson, corrobora con su presencia la teoría: 107 años, movilidad reducida y una mente capaz de analizar las pantallas como cuando supervisaba la fotografía de 'Blancanieves y los siete enanitos'.

Callon, por su parte, se acerca con su silla de ruedas al particular club de diferentes generaciones para repasar los rodajes. Ahora, el actor que bailó e interpretó durante décadas películas de varios géneros siente que no ha dejado de pertenecer a Hollywood gracias a la particular comunidad de residentes del Fondo para la Televisión y el Cine.

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