Matiné de cine en el Jovellanos

Iván Arboleya, ayer en el Jovellanos, al frente de la Banda de Música de Gijón. /PALOMA UCHA
Iván Arboleya, ayer en el Jovellanos, al frente de la Banda de Música de Gijón. / PALOMA UCHA

El teatro se llenó para disfrutar de un recital que viajó por una veintena de filmes

P. ANTÓN MARÍN ESTRADA GIJÓN.

El Teatro Jovellanos se llenó ayer para disfrutar de una auténtica sesión matinal de cine, en la que los espectadores pudieron viajar por los sueños recordados de la gran pantalla a través de la música de más de una veintena de filmes míticos. La Banda de Música de Gijón, acompañada por un conjunto de solistas invitados y arropada por el Orfeón Gijonés, el Coro Joven de Gijón y el Coro Castillo de Gauzón, hizo posible el milagro bajo la batuta sin respiro de un acertado Iván Arboleya.

Mientras afuera comenzaba a descargar la nube, en el interior del coliseo, 'Conan el Bárbaro', en la partitura de Basil Paledouris, abría la sesión conjurando a los truenos.

Le seguirían 'La Terminal', de John Williams, con una inspirada Eva García Plaza al clarinete y el mismísimo Ennio Morricone (su presencia sería notoria en todo el programa, como no podía ser de otra manera) con uno de los temas de 'Agáchate maldito', antes de sumergirnos en la magia melancólica con estrambote de esperanza de 'La vida es bella', de Nicola Piovani.

La fiesta no había hecho más que empezar y en medio de ella picoteamos en una estimulante antología morriconiana con 'La leyenda del pianista en el océano', 'Hasta que llegó su hora', 'Érase una vez en América' o 'Supongamos que una noche cenando', saboreamos la complicidad del violín y el violonchelo de Bocherini en 'Al otro lado del mundo' (Iria Rodríguez y Elena Miró) y nos divertimos con 'Cantando bajo la lluvia' y los pasos de claqué de Robert Taboada. Bailamos luego en la boda de 'El Padrino', nos pusimos melancólicos con 'Amélie' y pasamos silbando 'El Puente sobre el Kwai' antes de despedir la primera parte a ritmo de góspel con 'Sister Act', con todos los coros en escena.

La segunda parte nos ofreció otros regalos: 'Amarcord' y 'Cinema Paradiso' (inevitables en la cita), 'El violinista en el tejado' y una visita a Tiffany's con Mancini en 'Desayuno con diamantes', la lagrimona en 'La lista de Schindler' y la sonrisa para la máquina de escribir (Vanesa Menéndez al teclado) en 'Lío en los grandes almacenes' o 'Forrest Gump'. Morricone puso el broche con los coros interpretando 'La Misión' y Sacco y Vanzetti, el bis final con 'Here's to you'. El público reconoció el esfuerzo con sus aplausos.

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