Los 'Sueños' más críticos del señor Juan Echanove

El patio de butacas, lleno para ver la obra ‘Sueños’. / ALEX PIÑA

El Teatro Campoamor aplaude puesto en pie el montaje de Gerardo Vera sobre la corrupción en España | El actor da vida a un Quevedo hilarante, desinhibido y mordaz en una interpretación profunda y visceral

CARLA COALLA OVIEDO.

Cuando las luces se apagan es el momento de dejar volar la imaginación, de mimetizarse con el ambiente y de convertirse en parte de esa magia con la que Juan Echanove (Madrid, 1961) inunda el patio de butacas cada vez que pisa un escenario. Su voz resonó ayer por todo el Teatro Campoamor con el mismo estruendo con el que uno se imagina a Quevedo recitando sus poemas a viva voz. Así lo pudieron disfrutar todos los espectadores que se dejaron cautivar por el embrujo de ‘Sueños’, la obra con la que el equipo de Gerardo Vera está triunfando por toda España.

La obra es en realidad un tratado sobre la corrupción en España formado por una sucesión de textos repletos de sátiras y críticas a la sociedad del siglo XVII. Una sociedad en la que la corrupción alcanzó su máxima expresión de la mano de los monarcas Felipe III y Felipe IV. Un momento de evidentes faltas de respeto al pueblo de las que el actor Juan Echanove supo sacar punta con su interpretación de uno de los Quevedos más hilarantes, desinhibidos y mordaces que hemos conocido. Además, él es el encargado de engranar cada una de las piezas, convirtiéndose también en el perfecto guía entre temas para que los espectadores puedan hacerse una buena composición de lugar.

Pensada para atrapar a los asistentes al teatro y hacerlos reflexionar, la obra también se nutre del trabajo de aquellos actores que acompañan a Echanove. Esas otras piezas que consiguen completar el dibujo de ‘Sueños’ sonÓscar de la Fuente, que da vida al diablo y al cardenal; Markos Marín, como Osuna y Villena; Antonia Paso, metida en la piel de la portera y de la envidia; Lucía Quintana, como Aminta y la enfermera;Marta Ribera, la muerte y doña Fábula; Chema Ruiz, siendo Judas, el hombre y el negro;Ferran Vilajosana, siendo la carne y el doctor;Eugenio Villota, como Montalbán, el mundo y el desengaño y Abel Vitón, como Principessa, el viejo y el dinero. Les complementan la vídeo escena de Álvaro Luna, el montaje musical de Luis Delgado, el movimiento escénico de Eduardo Torroja, el vestuario de Alejandro Andrújar, la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y una escenografía en la que el director, Gerardo Vera, ha colaborado con Alejandro Andrújar. Echanove, al final de la obra, tuvo unas palabras de agradecimiento para Óscar de la Fuente y Lucía Quintana, pues era su última noche de función.

Juan Echanove, durante su actuación de anoche en el Teatro Campoamor. / A. Piña

La sucesión de alegorías que traen la imagen de los infiernos a los espectadores, entre otras, es una representación más de esa corrupción que lo inunda y arrasa todo y que hace que pasado y presente se den la mano, identificando fácilmente aquella corrupción de antes con la que sufre el país ahora. El público, puesto en pie, suguió aplaudiendo algo más de dos minutos mientras los actores se despedían.

Oviedo se sumaba así al éxito de una obra que, desde que comenzará su andadura hace unos meses por los teatros españoles, no ha dejado de cosechar ovaciones y buenas críticas. La representación de una verdad que a veces parece haberse mantenido inquebrantable con el paso de los años.«Todo olía a podrido en Madrid y en las Españas, y ahí es donde escandalizan los sueños, chismosos y veraces, caricatura, testimonio, dolor y carcajada, escritos por una mano manchada por el dolor que rezuma su propia herida interior. Quevedo se convierte en testigo de un imperio que empieza a desmoronarse», resumía Vera sobre su obra.

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