Algo más que circo contemporáneo

La compañía vasca ofreció distintos números circenses y contó una hermosa historia en un Teatro Jovellanos con escaso público. / PALOMA UCHA

El Teatro Jovellanos acogió el espectáculo 'Lurrak', en una función que no logró llenar el aforo del coliseo gijonés

P. A. MARÍN ESTRADA GIJÓN. '

Lurrak', el título del espectáculo que ayer se representó en el Teatro Jovellanos, es un término en euskera que la mayoría de los diccionarios vienen a traducir por 'tierra': la que pisamos con nuestros pies y tiene por límite el cielo. Es uno de los posibles significados del nombre de este montaje que hunde sus raíces en el territorio físico y cultural del que surgió: el País Vasco, pero que vuela libre de cualquier propensión a recrearse en las esencias de lo local para ofrecer una hermosa y rompedora propuesta escénica de dimensión contemporánea y universal.

La escenografía -que recuerda vagamente a la Metropolis de Fritz Lang- nos remite al universo industrial de la ría del Nervión en un momento incierto de su historia reciente: la década de los 50 o 60 del pasado siglo. En este marco opresivo y alienante surge la acción del espectáculo: una auténtica revolución en la que los personajes buscan redimirse del tedio y la ausencia de esperanzas: sus armas no son las de la violencia, sino las de la fiesta, el humor, la expansión vital. Y el correlato dramatúrgico de ellas: los números circenses, la farsa del clown y la música tradicional, todos ajustados a una perspectiva contemporánea de deslumbrante interés.

Dirigido por Adrián Schvarzstei -todo un mago de la escena actual en sus más diversos formatos- y emprendido por la compañía vasca Aire Aire -nombre clave de las nuevas dramaturgias-, 'Lurrak' cuenta en su elenco con artistas que han trabajado con el Cirque du Soleil como Jade Morin o Ortzi Acosta (ex campeón de España en anillas), y las referencias al hacer de la compañía canadiense son perceptibles en la parte circense de la función. Los sonidos impactantes de instrumentos populares como la txalaparta (percusión con elementos de madera), la trititixa (acordeón diatónico) o la alboka (bombarda de cuerno) ponen la banda sonora con los músicos implicados en la propia acción.

El resultado, un trabajo de extraordinaria ambición y calidad que no tuvo ayer la acogida de público merecida: apenas un tercio del aforo del patio que supieron agradecer con sus aplausos este bello canto a la vida y a la libertad.

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