Cóctel de barroco, flamenco y cerveza

La Fura dels Baus y Divina Mysteria llevaron al Teatro Jovellanos 'Free Bach 212'.
La Fura dels Baus y Divina Mysteria llevaron al Teatro Jovellanos 'Free Bach 212'. / JORGE PETEIRO

La Fura dels Baus trajo al Festival de Música Antigua una de las tres cantatas profanas de Bach | 'Free Bach 212', reinterpretación de una partitura original del gran compositor, recibió una inmensa ovación en el Teatro Jovellanos

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

No es ajena La Fura dels Baus, la compañía teatral catalana que vio la luz en 1979, a los clásicos. Un largo repertorio afín, siempre concebido a su particular modo y manera, forma parte de la historia de este grupo que siempre sorprende. Así, 'Atlántida', la cantata póstuma de Falla que completó Halffter; 'El martirio de San Sebastián', de Debussy, o 'La fábula de Orfeo', de Monteverdi. Bach estaba en el camino. Y este sábado ha llegado al Teatro Jovellanos, de la mano de La Fura y del cuarteto Divina Mysteria, para clausurar el Festival de Música Antigua.

Aunque anteayer mismo recordara EL COMERCIO que Miki Espuma, quien junto a David Cid ha hecho el guión y codirige 'Free Bach 212', al acometer la idea de acercarse al mundo de Bach sintió «no solo respeto, sino pánico», lo cierto es que el resultado de la función pareció indicar lo contrario. Que la idiosincrasia del venerado compositor de la 'Pasión según San Mateo', tal vez no esté nada lejana de la vanguardia que ofrece sobre los escenarios La Fura. Cuando menos, el engranaje se antojó espléndido.

Partiendo de una de las tres cantatas profanas del creador alemán, conocida como cantata de los campesinos, Miki Espuma y David Cid, con la dirección musical de Pavel Amilcar, sustituido al violín por Elisabeth Bataller, Thor Jorgen (violón) y el propio Espuma, engarzaron la partitura barroca y su pentagrama original, tal cual, estableciendo tránsitos intermedios de nuevo aliño, abriendo espacio a la música electrónica, proyección de imágenes videográficas -firmadas por Cid-, las esculturas andróginas de Fernando Bravo que acaso representen al pueblo (encarnado en vivo por el magnífico bailarín y actor Miguel Ángel Serrano) y una costura flamenca en la voz de la cantaora Mariola Membrives, que fue un hilván de hondura, al lado de la mezzosoprano Eulàlia Fantova y el barítono Joan García Gomà.

El relato del libretista que acompañó a Bach, Picander, cuenta la historia popular que gira en torno a un recaudador de impuestos y las diatribas de los aldeanos respecto de tales exigencias, que al cabo se resuelven con espuma de cerveza en la taberna. La Fura se escora hacia la reivindicación política sin perder la perdularia invitación a la fiesta.

Tal vez podría pensarse que son demasiados elementos en juego. El talento de La Fura dels Baus y casi su sello de identidad consiste precisamente en iluminar los laberintos y dotarlos del grado de espectacularidad que identifica a la compañía. Volvieron a dejarlo patente en esta función gijonesa, que llenó el Jovellanos de un público seguramente diverso, desde los que han seguido a la compañía en sus inicios y descifran sus claves a los que acuden al reclamo de los planteamientos peculiares. Lo cierto es que todos fueron unánimes al tributar una inmensa ovación a este cóctel de barroco y flamenco, efectos multimedia y originalidad, regado de cerveza y apuntes críticos. Nada que añadir. Son La Fura.

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