«Covadonga siempre estuvo en la mirada de los Reyes»

Adolfo Mariño, a su llegada al Ateneo Jovellanos. /  PALOMA UCHA
Adolfo Mariño, a su llegada al Ateneo Jovellanos. / PALOMA UCHA

Adolfo Mariño, abad del Real Sitio, defiende este espacio como lugar «sagrado y de encuentro»

P. A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

El salón de actos del Ateneo Jovellanos en Cimadevilla se llenó ayer para escuchar al abad de Covadonga, Adolfo Mariño, encargado de pronunciar la primera de las conferencias que la entidad ha programado para conmemorar el triple centenario del Real Sitio, un ciclo que cuenta con la colaboración del Aula de Cultura de EL COMERCIO. Y es que el conferenciante («todo un lujo», en palabras de la presidenta Isabel Moro) acudía a la ciudad donde ejerció su labor sacerdotal durante 14 años -hasta el pasado verano-, reencontrándose entre el público con gran número de sus antiguos feligreses de la parroquia de San José.

En su presentación el vicepresidente del Ateneo, Luis Rubio Bardón, recordó la definición con la que el Cardenal Roncalli, antes de ser el papa Juan XXIII describió Covadonga: «Una sonrisa de la naturaleza» y como prueba de la importancia que sigue teniendo el santuario como lugar de peregrinación citó su distinción como «mejor tesoro escondido de Europa».

Adolfo Mariño comenzó glosando el título de su charla 'Covadonga, lugar de encuentro', ya que lo es «con Dios, la naturaleza, la historia y con una mujer, María, a la que llamamos cariñosamente La Santina» y agradeció la acogida dispensada «en este Gijón del alma, el primer lugar que se me ofrece para hablar de las celebraciones del centenario». El abad realizó un exhaustivo recorrido por los principales avatares históricos del Real Sitio desde el alzamiento de Pelayo frente a Munuza y su combate enarbolando «la Cruz que hoy conocemos para aunar a las tribus locales» y que desde el reinado de Alfonso III estaría al frente «en todas las batallas, como emblema del nuevo reino». Se refirió también a la vinculación de la monarquía con el santo lugar. «Siempre estuvo bajo la mirada de los Reyes de España», y rememoró hechos tristes como el incendio que destruyó la Santa Cueva en 1777, el proyecto frustrado del arquitecto Ventura Rodriguez para reconstruirlo por deseo de Carlos III y la donación por parte del Cabildo de la Catedral de Oviedo -un año después- de la imagen que hoy se venera. Enlazando con las conmemoriaciones también fue evocada la coronación canónica de La Santina hace ahora un siglo por el Papa Benedicto XV «en un acto presidido por el cardenal asturiano Victoriano Guisasola» y ante los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

El conferenciante relató el periplo seguido por la imagen durante la guerra civil, en la que «estuvo en manos de gentes de todas las ideologías» como ejemplo de que «era lo que los unía a todos, como sigue siéndolo hoy». La visita del que sería Papa Juan XVIII en 1954 y la de Juan Pablo II en 1989, fueron evocadas con una especial emoción.

Del presente de Covadonga afirmó que «aunque el turismo es importante, nuestra oferta es otra, es hacer de ese espacio algo sagrado, un lugar del que se lleve la bendición de una madre que vela por sus hijos», la Santina, a quien concluyó dedicando unos versos del Cantar de los Cantares. «Paloma mía, que te escondes en apartados riscos / muéstrame tu rostro /déjame oír tu voz».

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