Las creadoras españolas abren su Caja de Pandora contra los abusos

El grupo de mujeres que asistió ayer a la presentación de La Caja de Pandora, ante el Museo Reina Sofía en Madrid. /  AMAYA LARRAÑETA
El grupo de mujeres que asistió ayer a la presentación de La Caja de Pandora, ante el Museo Reina Sofía en Madrid. / AMAYA LARRAÑETA

Más de 3.000 mujeres ponen en marcha este movimiento de denuncia frente a «la agresión, la opresión y la coacción» en el ámbito profesional

J. L. ÁLVAREZ MADRID.

La Caja de Pandora es la plataforma creada en España con el apoyo de más de 3.000 mujeres para luchar y poner fin a los abusos en el ámbito profesional. Este movimiento integrado por mujeres vinculadas con el arte y la cultura y con similares objetivos al estadounidense #MeToo pretende denunciar «las situaciones de agresión, opresión, coacción e invisibilización que dibujan la forma de funcionar sistémica y estructural que existe tanto en nuestra sociedad heteropatriarcal como en nuestro sector en particular».

Su primer acto tuvo lugar ayer ante el Museo Reina Sofía con la lectura de un manifiesto en el que esta plataforma se define como «un grupo no mixto de más de 3.000 mujeres y otras identidades de género no hegemónicas». «Somos feministas, antirracistas, anticapacitistas e inclusivas con todas las diversidades», mujeres que están «organizadas y en lucha por un contexto libre de violencias machistas y abusos de poder».

El grupo explica que nació el pasado julio como plataforma «de apoyo y cuidados en respuesta a la denuncia por abuso sexual» que la artista Carmen Tomé interpuso contra el responsable de un centro de arte de Alicante. «Estamos aquí para abrir La Caja de Pandora públicamente y mostrar nuestro apoyo a Carmen Tomé y a todas las Carmen Tomé que ha habido y que desgraciadamente hay».

Porque, según La Caja de Pandora, estos abusos realizados por individuos que aprovechan su posición dominante o de poder ponen de manifiesto cómo «se aprovechan de los privilegios que los hombres ostentan; de la privacidad de los espacios donde generan sus agresiones, que repliegan a la mujer a un espacio de indefensión e inseguridad». Un tipo de agresiones o abusos que «se realizan con normalidad en todas las situaciones de la vida». Así, exigen «a las instituciones que establezcan los protocolos, pactos y consensos necesarios para salvaguardar la vida y facilitar que esta pueda desarrollarse con dignidad y libertad, haciendo frente a la violencia machista fruto del poder hegemónico», añaden.

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