«Los emigrantes extendieron el culto a la Virgen de Covadonga»

Javier González Santos, ayer, en el Ridea. /  ALEX PIÑA
Javier González Santos, ayer, en el Ridea. / ALEX PIÑA

El profesor de Historia del Arte Javier González Santos disertó en el Ridea sobre el comienzo de la iconografía del Santuario y de la Santina

A. VILLACORTA GIJÓN.

Los inicios de la iconografía que rodea a Covadonga fueron ayer el objeto de la ponencia pronunciada por el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo Javier González Santos en el quinto ciclo de conferencias sobre los centenarios de Covadonga organizado por el Real Instituto de Estudios Asturianos en colaboración con el Cabildo del Real Sitio. Una charla que tituló 'El alborear de la imagen de Covadonga (estampas, pinturas y modelos anteriores a 1850)'.

Y es que «hay que remontarse a inicios del siglo XVII para encontrar los primeros testimonios documentales de que hay imágenes de la Virgen de Covadonga y del Santuario». En concreto, a 1638, porque de esa fecha data «un documento que se refiere a una pintura que, por desgracia, no se conserva».

«Ya entrado el XVIII empiezan a menudear las imágenes del Santuario y de la Virgen, todas realizadas en Madrid», apuntó González Santos. Y la razón de esa procedencia hay que buscarla en «los emigrantes, que fueron quienes extendieron el culto a la Santina, que es bastante reciente. Se remonta a dos siglos y medio como mucho y se debe, en gran medida, a esa emigración asturiana establecida en Madrid, que se agrupó en una congregación llamada Cofradía de Nuestra Señora de Covadonga de naturales y originarios del Principado de Asturias».

Es así como llegamos a 1759, año de factura de un grabado «muy bonito, de muy buena calidad y muy detallista que está hecho por el hijo de un asturiano nacido en Madrid llamado Antonio Miranda, noble que pintaba por afición. Una estampa grabada hecha a partir de un dibujo suyo» que figura entre las favoritas del especialista y que tiene la particularidad de que «nos muestra cómo era Covadonga antes de 1777, cuando la iglesia de la Cueva se quemó».

Pero, si de popularidad hablamos, «otra imagen también muy bella y que está en la memoria de todo el mundo es la que firmó Julio García Mencía ya a finales del siglo XIX. Una cromolitografía o estampa en color en la que se ve solamente la imagen de la Virgen con su vestido de gala, el Niño y la corona que se hizo en Gijón, en la litografía Moré. Es el modelo que ha fijado la imagen más reciente de Nuestra Señora de Covadonga porque se repartieron por toda la geografía asturiana, se llevaron a América y es muy frecuente encontrarlas en muchos sitios: desde casas particulares a sacristías».

Y si hay algo que fascina al experto es que «estas imágenes antiguas tienen un especial interés porque vinculan la imagen con el enclave, con Covadonga, que es un sitio muy pintoresco, muy singular, muy extraño. Es montaña, es agua, es un bosque, es el fondo de un valle. En suma, un lugar sacralizado ya mucho antes del cristianismo».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos