Fantasmas del pasado de un amor ilegal

Irene Escolar y José Luis Torrijo, sobre el escenario del Niemeyer durante la representación de anoche. /  FOTOS MARIETA
Irene Escolar y José Luis Torrijo, sobre el escenario del Niemeyer durante la representación de anoche. / FOTOS MARIETA

El auditorio rozó el lleno para disfrutar de la intepretación de Irene Escolar y José Luis Torrijo, muy aplaudida La obra de David Harrower 'Blackbird' planteó en el Niemeyer la relación entre un adulto y una niña

ALBERTO PIQUERO AVILÉS.

No es nuevo el tema que propone 'Blackbird', teniendo entre sus ilustres precedentes las novelas de Thomas Mann y Vladimir Nabokov, 'Muerte en Venecia' y 'Lolita', respectivamente. Incluso se podría establecer algún paralelismo con la obra de David Mamet, 'Oleanna', que contemplamos la inmediata semana anterior en el Teatro Jovellanos, bien que una y otra se hayan escrito hace varios años. 'Blackbird' se estrenó en 2005 y fue galardonada con el Premio Laurence Olivier, convirtiéndose desde entonces en una función controvertida, que demanda tomar posiciones morales por parte del público.

La trama construye el reencuentro entre Una (Irene Escolar) y Ray (José Luis Torrijo), quince años después de que hubieran mantenido una relación sentimental y carnal de las que no pueden decir su nombre. Una tenía en aquel pasado de referencia sólo doce años, mientras que Ray era un hombre maduro que rayaba en la cuarentena. Expuesto con tan jurídicos datos, las conclusiones derivarían a la condena sin paliativos del adulto, la abominación y el escándalo justificado. Sin embargo, Harrower y también la versión que ahora ha dirigido Carlota Ferrer, con traducción y dramaturgia de José Manuel Mora, hilvanan más fino e introducen interrogantes que exigen mayor meditación en las respuestas. ¿Se trata de un abuso sexual o de un limpio amor recíproco que no está previsto en las leyes ni en el modelo social que todos asumimos?

Harrower se inspiró en una historia real que finalizó llevando a la cárcel al exmarine Toby Studebaker, quien se había fugado con una adolescente de doce años, los mismos que tenía Una en los tres meses de convivencia que transcurrieron al lado de Ray lustros atrás. Y los matices psicológicos que perfilan a los protagonistas teatrales, enfrentándose a los fantasmas del pasado, entrañan una veracidad que parece sacada de la vida misma. A lo que contribuyeron unas interpretaciones soberanas de Irene Escolar -descendiente del linaje de los Gutiérrez Caba y Premio Goya a la Actriz Revelación, en 2017- y José Luis Torrijo, en un papel atormentado, delineado por sombras.

Mención especial merece la escenografía de Mónica Boromello, desdoblada en el lugar del reencuentro, una desordenada sala de un lugar de trabajo (tal vez la propia memoria), y la maqueta del pueblo donde aconteció el amor prohibido. Los monólogos más vibrantes se vieron envueltos por las olas del mar de aquel lugar que les dejó huellas indelebles, en una solución audiovisual brillante que firma Jaime Dezcallar. Cabe señar también que Torrijo añade una versión en directo, guitarra al hombro, de 'Angels', de Robbie Williams.

La última vuelta de tuerca se estrella contra el pajaro negro del título, dejando abiertas las incógnitas morales planteadas. Extensos aplausos se llevaron como premio los dos intérpretes.

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