Ganador del Hammett en 1990 y charla en el Aula de Cultura de EL COMERCIO

Sergio Ramírez posa en el puerto deportivo de Gijón en julio de 2015. Debajo, la página del periódico del día después a su conferencia en Gijón en 1999. /  AURELIO FLÓREZ
Sergio Ramírez posa en el puerto deportivo de Gijón en julio de 2015. Debajo, la página del periódico del día después a su conferencia en Gijón en 1999. / AURELIO FLÓREZ

J. L. GONZÁLEZ GIJÓN.

La relación con Asturias del escritor y exvicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez, viene de lejos. Hace 27 años, los organizadores de una incipiente Semana Negra decidieron que su novela 'Castigo divino' era acreedora del premio Hammett a la mejor novela. Aquello fue en el mes de julio. Poco más de dos meses antes, Ramírez aún ocupaba la vicepresidencia de Nicaragua, lo que no le impidió publicar la historia con la que se llevó el galardón.

Esta novela es digna del apelativo negra: sexo, dinero, poder y equívoco se unen en una obra que narra un triple asesinato con estricnina perpetrado por un joven abogadode veinticinco años en las personas de su propia esposa, una posible amante y el padre de ésta.

Nueve años más tarde, el autor acudió a Gijón en plena gira de presentación de una de sus obras más destacadas, 'Adiós muchachos, memoria personal de la revolución sandinista'. Lo hizo invitado a participar en el Aula de Cultura, que organiza EL COMERCIO, donde ofreció una charla titulada 'Oficios compartidos, relación entre la política y el escritor'.

El salón de actos de la entonces Escuela Regional de Hostelería, en Gijón, se llenó para escuchar a un autor que había ganado el año anterior el Premio Alfaguara por 'Margarita, está linda la mar'. La charla del escritor y político nicaragüense dejó una clara muestra de la personalidad de un hombre cargado de principios pero también de decepciones. «El poder comienza a deteriorar los ideales en el momento en que se asume», afirmó con su tono pausado y cadencioso.

Convencido de que haber vivido la revolución había valido la pena, no ocultó que «si se mira por el lado mesiánico fue un fracaso». No obstante, recordó que había dado «un fruto no deseado: la democracia, sin apellidos, que hoy funciona en mi país». Una democracia hoy aplastada.

La charla de Sergio Ramírez dio también para una confesión en la que escritor y político encuentran un nexo de unión. «Yo imaginé en mis libros un mundo mejor e imaginé en mi vida un mundo mejor. Y ese sigue siendo mi oficio de político y escritor».

Su relación con Asturias sigue manteniéndose. De hecho, hace solo dos años volvió a la ciudad, en este caso para participar en la Semana Negra, la misma que le había concedido su más importante galardón 27 años antes. En este caso lo hizo con un nuevo libro bajo el brazo, 'Sara', en el que juega a reescribir un texto del Antiguo Testamento. Toda una declaración de intenciones.

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