«Las gordas me piden su canción por solidaridad conmigo»

«Las gordas me piden su canción por solidaridad conmigo»

Javier Gurruchaga pondrá en escena el próximo sábado, día 25, en el Centro Niemeyer ‘Merlín, la leyenda’, un musical para toda la familia

A. VILLACORTA

A Javier Gurruchaga (San Sebastián, 1958) lo encontramos en México, a donde ha viajado con la Orquesta Mondragón, que tomó su nombre de un famoso psiquiátrico ubicado en la localidad guipuzcoana como «elogio a la locura». Al frente de su banda, Gurruchaga sigue agitando el cóctel en el que mezcla humor con música, parodia con rock, cabaret con blues, pero el próximo 25 de noviembre el público asturiano podrá disfrutar del showman en formato familiar en el Niemeyer, donde subirá a escena el musical ‘Merlín, la leyenda’. Nada que ver con el histrión de voz impostada detrás del que se intuye a una persona sensible que, hace más de tres décadas, se enamoró perdidamente de una actriz, le salió rana, perdió veinte kilos y nunca más volvió a creer en el amor. A un hombre que disfruta de su caserón y que, además de «abierto, liberal y progresista», se reconoce pelín escéptico.

–¿Qué tal por el D. F.?

–Pues estaba allí en septiembre y, por unas horas, me libré del terremoto. Impresiona mucho estar en un país con casas a punto de caerse, gente sin viviendas, escombros... Terrible. Pero hablemos de otras cositas más alegres, ¿no?

Por ejemplo, de ‘Merlín’.

–Es un musical para toda la familia. Me ofrecieron un papel a mi medida, así que estoy muy a gusto con este personaje tan camaleónico.

Como usted, que fue monaguillo y botones de banco, pero pidió una excedencia y se hizo artista.

–He hecho muchas cosas porque siempre hay que seguir aprendiendo. Y, en este caso, el musical tiene las dos cosas que más me gustan: actuar, meterme en la piel de otros, y cantar. Me hace mucha ilusión.

También lo hemos visto transformado en Donald Trump.

–Sí. Lo parodiamos con la Orquesta Mondragón, aunque Trump también daría para una comedia musical, porque es muy ‘destroyer’, muy ‘heavy’. Es afín al Ku Klux Klan, con eso te lo digo todo. Y, además, lo sabe. No es un tipo tonto. Es un tipo peligroso. Que, después de Obama, nos haya caído esto no se entiende. El hombre más poderoso del mundo es un niño bien que lo heredó todo de su papá. Un caprichoso que, además, hace alarde de jugar con las chicas. ¿Qué quieres que te diga? La situación, ahora mismo, es bastante delirante en todo el mundo. Yo prefiero estar en la piel de Merlín.

¿Y en lo personal en qué piel habita últimamente?

–Mi vida personal es bastante aburrida. Soy muy normal. Cuando tienes un espectáculo nuevo, todo es bastante tranquilo, pero, mientras tanto, la vida es un ‘ay’ con los bancos, con las cosas... Como en todas las carreras, hay que luchar. No bebo ni fumo ni salgo de bares. Todo muy normalito (Ríe).

Están a punto de caerle los sesenta encima. ¿Cómo lo lleva?

–No me hace mucha gracia, pero la verdad es que nadie se queda en los 25. Hace poco, vi en Barcelona a mis admirados Rolling Stones y ahí siguen también, en forma, con setenta y tantos. Están estupendos, magníficos. Yo tengo que bajar unos kilitos, comer más verduras y menos pastelería, que me encanta. Y luego me gusta mucho la fabada. Me pierde. Lo que pasa es que, después, me tengo que quedar solo (Risas). La cocina asturiana me parece muy rica y me gusta comer, todo hay que decirlo. En Asturias siempre hemos tenido muy buen ‘feeling’. Aparte de que es una maravilla cómo está Avilés. Siempre ha habido buen ambiente y buena sidra.

Hablando de kilitos, ¿lo de ‘ellos las prefieren muy muy gordas’ hoy es políticamente incorrecto?

–Todavía no hemos llegado a no poder cantarla, pero no estamos lejos. Ahora todo es políticamente correcto, el humor es más blanco... Por suerte, algunas gordas que ahora me ven también más gordo, por solidaridad conmigo, me piden la canción. Así que no debemos de exagerar. Es verdad que ahora tenemos miedo de todo: no cantes esto, vas a ofender a este... Es una forma de autocensura. El islamismo, la guerra santa, influye en que tengamos más miedo a hacer chistes.

¿Usted huye de las redes sociales por si acaso?

–Vivo dedicado a mi trabajo, a leer, a mis películas, a mi casa, que está llena de libros, no de redes (Ríe). Aunque la verdad es que no tengo tiempo para leer todo lo que quisiera y pensar en mí mismo, en la vida, en cómo pasar por ella... Pero tener demasiado tiempo significa que no tienes trabajo, así que no me quejo.

Tengo entendido que no ha podido con ‘Patria’, la novela de Aramburu sobre ETA, porque le duele.

–La leeré, pero toca de cerca cosas que he vivido, historias que han pasado en San Sebastián, en pueblos que conoces... Y, de momento, no me apetece. Ahora estoy leyendo cosas más sencillitas como una biografía de Ava Gardner o a Leonardo Padura. Y también leo el periódico. Me gusta leerlo en papel, saborearlo, ver la valoración que le dan a cada noticia, pasar páginas adelante y atrás... El periódico es para tocarlo y disfrutarlo a otra velocidad.

¿Qué lectura hace de lo que está ocurriendo en Cataluña?

–Lo veo en la distancia y prefiero seguir viéndolo así. Yo soy amigo de que no haya fronteras, de que no haya muros, de que todos seamos un poco uno. Por supuesto que respeto las expresiones de cada pueblo, pero soy ciudadano del mundo, como diría John Lennon. En general, a los políticos de ahora los veo grises. Antes había algunos con más nivel y antes, un dictador.

¿Y cómo ve la tele de ahora alguien que le puso a Carrillo una peluca de Cristóbal Colon y que sustituyó a Felipe por un enano?

–Me divertía hacer aquello y a la gente le divertía. Eran parodias, humor fresco. Ahora, salvo las noticias y poco más, lo veo todo muy amarillo, muy ‘deluxe’, con fórmulas que se repiten:academias de música y grandes hermanos, que me parecen terroríficos. Bastantes grandes hermanos tenemos ya en la vida misma. Pero la gente no es tonta. Por eso cada vez ve menos la televisión.

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