El hechizo de Pasión Vega

Pasión Vega, sobre las tablas del teatro gijonés en la primera parte del concierto. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA
Pasión Vega, sobre las tablas del teatro gijonés en la primera parte del concierto. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA

La cantante presentó en el Teatro de la Laboral su reciente disco, '40 quilates' | El público que llenó el aforo gijonés la rodeó de principio a fin con un incendio de ovaciones admirativas y los oídos muy atentos

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Habría que ser cantor para que las palabras escritas expresaran toda la emoción que ayer convocó Pasión Vega en el Teatro de la Laboral, presentando su último álbum discográfico, '40 quilates', mediado por otras composiciones que despertaron idénticos sentimientos. Ya desde su aparición, sentada ante un espejo enmarcado por bombillas encendidas, al modo de un camerino, y poniéndole voz al tema que da título al disco a capela mientras se iban incorporando al escenario los músicos: guitarra, percusión, chelo, clarinete, contrabajo, batería. Teatro celestial para la sensibilidad colectiva del público -unas 800 personas pasaron por taquilla-, que quedó hechizado por un estribillo trenzado por hilos de oro: «40 los grados de fiebre/ si pasas cerquita de mí..». Los aplausos se encendieron como si fuera el colofón. Y así crepitaron a lo largo de la velada completa. Pasando por 'Querría', «quisiera que la poesía/ se rindiera ante la rima/ de tu vida con la mía...»; poniéndole aroma a 'La flor de Estambul', alzando las alas en 'Cuando amanezca a volar', recordando mediante letra de Sabina a Camarón, con 'Cómo te extraño' -flamenca pura, grande-; o navegando la nostalgia que nos ha dejado Carlos Cano, yendo de Ayamonte a Villarreal junto a 'María, la portuguesa'. Un delirio en la platea ante momentos tan hermosos como la interpretación de 'Lejos de Lisboa', en la que la melancolía se derritió en su garganta.

Claro que su voz embelesó también sin necesidad de cantar: «Es enorme el placer de volver a estar en Gijón celebrando mis cuarenta años y los veinticinco en esta bella carrera de las palabras y los sentimientos», le dijo al público. Eso ocurrió en una primera parte plena que concluyó con 'Gracias a la vida'.

Reapareció vestida de blanco y girando hacia el joven compositor abulense de quien ha tomado 'La felicidad' (más adelante, volvería a la inspiración del mismo cantautor, paseando por 'París'); entrando en 'Tierra de nadie', evocando a Charles Aznavour, que sin duda se habría sumado a la ovación que recibió 'La bohème'; metamorfoseándose 'Como la cigarra', dando cuenta de que no puede serle ajena la ciudad en la que creció, y ahí 'Malagueña salerosa', o surcando el 'Mediterráneo' de Serrat.

Y en los bises, tras la ovación final con todo el público en pie, desbordando los estremecimientos, 'María se bebe las calles', armonías dolientes contra el maltrato machista; previa al poema de Lorca 'La tarara', dedicada a su niña del alma, Alma.

Sí, habría que cantarlo para poder transmitir el profundo temblor que dejó su presencia, su delicadeza y su arco luminoso de voz, entre unos espectadores que la rodearon de principio a fin con un incendio de entusiasmo y oídos muy atentos.

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