Un héroe con los pies en la tierra

Un momento de la representación de 'Aquiles, el hombre' en el Campoamor. / PABLO LORENZANA
Un momento de la representación de 'Aquiles, el hombre' en el Campoamor. / PABLO LORENZANA

El mítico Aquiles muestra su faceta más humana en el Teatro Campoamor | El polifacético Toni Cantó encabezó el reparto de la obra que recuerda que las pasiones y desdichas humanas no han cambiado tanto

PABLO A. MARÍN ESTRADA OVIEDO.

La lectura actual de las epopeyas homéricas o de las tragedias clásicas griegas nos sirve para recordar que las pasiones y desdichas del ser humano no han cambiado tanto desde que el mundo es mundo. De esa premisa parte el texto teatral que Roberto Rivera ha escrito inspirándose en la Ilíada: 'Aquiles, el hombre', que ayer se pudo ver en el Teatro Campoamor, dirigida por José Pascual y con Toni Cantó, encabezando -a la altura- un nutrido elenco como el héroe de los pies ligeros.

Estrenada en el Festival de Mérida el verano pasado con críticas no muy entusiastas hacia el resultado final, aunque sí hacia el trabajo de actores como Cantó o sus compañeros principales de reparto, la obra de Rivera busca en su fuente original los hilos argumentales que pueden conectar más fácilmente con la sensibilidad contemporánea y nos presenta a un Aquiles menos semidivino y heroico que humano, cuyo drama interno se debate entre su hastío por la continuidad de una guerra cada vez más destructiva para todos los que luchan en ella y el cumplimiento de su destino. Ahí radica la actualización del mito y con ella la empatía que un espectador de nuestros días puede sentir hacia un texto, hábilmente escenificado a pesar de las dificultades de mantener la tensión necesaria con un número tan prolijo de actuantes sobre las tablas, es decir sobre la arena del campamento aqueo en las playas troyanas.

En la función destaca especialmente el trabajo de un Toni Cantó que ha cambiado la arena política en la obra de este otro Rivera (Roberto) para recuperar en las mencionadas arenas de la guerra de los aqueos su carrera artística y, a juzgar por lo visto ayer, con buen pie y nada desdeñable acierto, sacando el oficio que no siempre había podido demostrar en los registros cómicos de otros tiempos. Miguel Hermoso, como Agamenón, tiene también una resaltable interpretación con momentos como el de su duelo dialéctico con Aquiles y Ruth Díaz en su papel de Briseida -la esclava raptada por el caudillo de los Aqueos y causa del enfrentamiento- resulta igualmente afortunada y convincente.

La escenografía de Curt Allen Wilmer y la iluminación de José Manuel Guerra diseñan un espacio eficaz en la creación del clima angustioso y zozobrante en el que discurre la dramaturgia de esta guerra, como todas, cruel, estúpida, sangrante: el reverso oscuro de la luz que ilumina lo más aprovechable y esperanzador del alma humana, esa llama que parece removerse en el corazón de este Aquiles, humano, afortunadamente humano y con los pies (ligeros) en la tierra, asomado a los escenarios del siglo XXI.

A pesar de las buenas intenciones y el atractivo de esta reinterpretacion del mito homérico, la base textual de la obra no siempre logra alzar vuelo sobre las tablas y a pesar también de los evidentes aciertos de la dramaturgia trazada por José Pascual, el resultado final resulta algo fallido. El público -poco más de medio aforo en el patio de butacas-, en cambio, sí pareció aceptar la propuesta de este Aquiles humanizado y su coro de aliados, cómplices y adversarios, sumergiéndose en las redes del drama. Sonaron aplausos en el Campoamor e incluso al final algún 'bravo' aislado para el actor protagonista, un Toni Cantó, que pese a sus esfuerzos por asentarse en la escena, con todo el peso de la acción sobre sus hombros, sigue sin acabar de consolidar su estatura artística con plena convicción.

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