'La lección' de Ionesco tiene sello asturiano

El actor y director asturiano Mateo Lamuño, en la obra 'Gazoline', estrenada este año. / GUSTAVO MIRABILE
El actor y director asturiano Mateo Lamuño, en la obra 'Gazoline', estrenada este año. / GUSTAVO MIRABILE

El actor y director asturiano Mateo Lamuño estrena en el American Theater of Actors de Nueva York

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Hoy en el American Theater of Actors de Nueva York está programado un estreno teatral con sello asturiano. Se trata de 'La lección' ('The lesson' en inglés), una obra de Eugene Ionesco escrita tras la II Guerra Mundial y que plantea el valor del ser humano como individuo. En la dirección, el asturiano Mateo Lamuño (1992), un actor y director nacido en Oviedo, con orígenes en la cuenca del Nalón y criado en Llanes que ha decidido que en Nueva York está su universo artístico.

Se licenció en Comunicación Audiovisual en la Complutense, pero, mientras estudiaba en Madrid, el teatro se cruzó en su camino, comenzó a tomar clases en el Laboratorio William Layton y dio un giro a su vida. Acabó viajando a Nueva York para formarse en el HB Studio y decidió quedarse. «Una vez en HB Studio realicé un taller intensivo de seis semanas y decidí quedarme, solicité una beca y me apunté al conservatorio, por lo cual recibí mi visado de estudiante, y posteriormente, mi primer permiso de trabajo, que intenté aprovechar al máximo», revela.

En Nueva York ha estudiado sobre todo interpretación, aunque también se formó como director con Jack Hofsiss. «Mi primera oportunidad vino de la mano de George Bartenieff, que estaba dirigiendo 'The Conduct of Life', una obra de María Irene Fornés que él mismo produjo cuando se estrenó en los 80. A partir de ahí, he hecho teatro de laboratorio y experimentación con la compañía The Itno. Collective, y he trabajado en teatros como el Manhattan Repertory Theatre, The Producers' Club, e IATI Theater», apunta el actor y director. Su proyecto más reciente fue el estreno mundial de 'Gazoline', obra escrita por Jordi Casanovas, que produjo IATI y dirigió Jorge B. Merced. Llega ahora un nuevo proyecto ilusionante con 'La lección' de Ionesco para Love Creek Productions. «La obra fue escrita tras la II Guerra Mundial y sigue la tendencia de muchos autores de posguerra de plantearse el valor del ser humano como individuo. Para traducirla al mundo americano, la estoy localizando en el sur de Estados Unidos, ya que me parece que comparte muchas tradiciones aristocráticas más propias de la vieja Europa. Por tanto, es un entorno perfecto», relata el asturiano, para quien la obra también tiene una carga política en el texto original. «Creo que estamos siendo un poco iconoclastas, pero espero que consigamos con la obra el mismo efecto que cuando se escribió en los años cincuenta», confía.

Su intención es seguir trabajando en Estados Unidos. «La industria audiovisual americana es un sueño del que quiero formar parte». Y va más allá: «Desde que llegué, me he formado y he trabajo en teatro, aunque el mundo del cine y la televisión me llama la atención y, a medida que voy trabajando con gente, es un mundo que me atrae más y más», señala.

Le entusiasma el trabajo actoral y su objetivo es vivir exclusivamente de la interpretación: «Actuar me da la libertad de vivir mi vida elevada a la décima potencia, gracias a los personajes a los que doy todo lo que tengo».

No se plantea trabajar en España. Dice que es un país que ama, pero no cree que pueda vivir aquí como artista. «No tengo la confianza de que la cultura en España se vaya a convertir en una industria sólida, estamos muy por detrás de la capacidad de producción, competitividad económica y el amor que los americanos tienen por su cultura. Es curioso, porque el mito americano es que son una sociedad sin cultura y, sin embargo, nos han absorbido y nos venden historias que nos conmueven. Pero es una sociedad y un sistema de producción más arriesgado que el nuestro y, al final, el que no arriesga no gana», afirma el joven artista.

De momento se quedará en Nueva York, tratando de encontrar nuevos proyectos en un mundo competitivo, pero que merece la pena. «La competición existe, pero es justa, e inspiradora. Creo que hay un respeto tremendo hacia el trabajo y la persistencia, y honestamente mi experiencia es que se valora la calidad técnica de un artista por encima de cualquier otra superficialidad», afirma. Quiere, eso sí, trabajar sin presión y disfrutando. Ese es el objetivo.

Nueva York es una ciudad apabullante, pero no es en absoluto su lugar en el mundo, que está aquí, a este lado del charco. «No podría ser un artista si no tuviera a Asturias como mi refugio. Nueva York es una ciudad para trabajar. Puede ser maravilloso contemplar lo que es capaz de hacer el ser humano aquí, y por supuesto que es una ciudad que te regala momentos inolvidables de manera diaria, pero para mí Nueva York es un medio, más que una meta, es un lugar donde trabajar y desarrollar mi trabajo, pero no es un lugar que cumpla todas las necesidades de mi alma». Ese sitio está en Llanes, en Barredo (Laviana) o en Oviedo: «Mi gente, mi idioma, mi cultura me dan la positividad e inspiración que necesito».

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