Letra y música de las luces y sombras del pasado

Más de 400 personas acudieron a ver la obra. /  FOTOS: PALOMA UCHA
Más de 400 personas acudieron a ver la obra. / FOTOS: PALOMA UCHA

Dirigida por Ana Zamora, nieta de la autora de la novela original, fue interpretada por Eva Rufo, acompañada al piano por Isabel Zamora 'Penal de Ocaña' llevó ayer al Teatro Jovellanos los recuerdos novelados de la Guerra Civil de María Josefa Canellada

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Acuñó Miguel de Unamuno un término, el de intrahistoria, referido a la vida cotidiana que no sale en los periódicos, por oposición a la historia oficial que acapara portadas, el cual bien podría definir 'Penal de Ocaña', la obra teatral que ayer subió al escenario del gijonés Teatro Jovellanos. Una construcción que adapta la novela de María Josefa Canellada del mismo título, de tinte autobiográfico, que fue finalista del Premio Café Gijón en 1954. El texto novelístico padeció diversas vicisitudes con la censura franquista y publicado en tiempos de libertad, en 1985, tampoco tuvo el aprecio que demandaban ciertos modelos de la Transición.

Sin embargo, la versión sobre las tablas teatrales que ha alentado y dirige Ana Zamora, nieta de María Josefa Canellada, ha logrado encontrar respuestas exitosas tanto en España como en Latinoamérica.

Se entiende que el cuerpo fundamental de esta creación artística haya tropezado con reticencias, pues aboga a favor de un diámetro que se aleja de los maximalismos y apela a la condición humana por encima de las trincheras, demasiada verdad contra los prejuicios.

Refleja que María Josefa Canellada fue estudiante de Filosofía y Letras en Madrid durante la II República, lo que se vio interrumpido por la insurrección franquista, circunstancia que la llevó a solidarizarse con el bando republicano trabajando como enfermera. No obstante, lo que puso en el escenario del Teatro Jovellanos ante unos 400 espectadores 'Penal de Ocaña' transcendió las singularidades personales.

La interpretación de Eva Rufo en el papel de María Josefa Canellada y la cortina pianística de Isabel Zamora, repleta de los recuerdos musicales de la protagonista a la que se alude, otorgó a unos hechos acontecidos entre los años 36 y 37 la verdad de un testimonio de primera mano, que mas allá de las servidumbres ideológicas transmitió la memoria debida.

En un tiempo de polémicas, tantas veces interesadas, respecto de lo que fue o dejó de ser, el plano teatral de 'Penal de Ocaña' ofreció la enorme poesía de las palabras de María Josefa Canellada, casi lorquianas y la transparencia de quien no fue equidistante, sino que supo medir y pesar el horror de una época.

Excelentes la actriz Eva Rufo, dando vida a María Josefa Canellada, y la pianista Isabel Zamora, transformando en música la memoria. Dejaron sobre la tarima la necesidad perentoria de que nuestro presente y nuestro pasado dialoguen con pulcritud intelectual y la sensibilidad imprescindible. El público lo agradeció con muchos aplausos.

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