El Comercio
Hilario Barrero.
Hilario Barrero. / PALOMA UCHA

Hilario Barrero hila letras y trazos

  • El poeta manchego presenta hoy en el Antiguo Instituto el libro de haikus 'Tinta china'

Hace veinte años, «cuando el haiku no estaba de moda y no gozaba de la mala fama que tiene ahora entre algunos poetas», Hilario Barrero (Toledo, 1948) escribió una serie de estos poemas japoneses que ahora ven la luz bajo el epígrafe de 'Tinta china' (Cyleo Editores). Rebosan luz, y los ilumina aún más las ilustraciones en blanco y negro realizadas por el propio autor, los 99 haikus que componen esta obra, que se edita en la colección 'Cuadernos de Salima' y que hoy (20 horas) se presenta en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón.

El poeta manchego afincado en Nueva York, donde ejerce como profesor de Universidad, recurre a la magia de Manhattan y Brooklyn, al Toledo en el que creció, a la literatura y a la pintura como fuente de inspiración para unas versos que rezuman luz entre trazos y letras. Hay un porqué para tanto gusto por la luz. Él mismo lo explica: «Nací y me crié en Toledo, al lado de la iglesia de Santo Tomé donde está 'El entierro del señor de Orgaz', la obra maestra del Greco. Crecí a la sombra de cuadro y, sin saber nada de pintura, cuando era un niño, lo que me llamaba la atención era la luz en la sobrepelliz del sacristán, en la antorcha, en los rostros de los personajes. Usted sabe que la sombra es la ausencia de luz y la luz, siempre tiene algo de sombra. La vida nace con la luz y el día muere al llegar la sombra. Vivo en Brooklyn y desde la terraza de casa tengo la suerte de ver el perfil de Manhattan y cada día me asomo y contemplo el cambio de la ciudad cuando cambia la luz».

El porqué no es un misterio. El cómo tampoco. Componer haikus exige esfuerzo. «Escribir un haiku es muy difícil. Escribir uno bueno es una hazaña y escribir uno excelente es casi imposible», dice el autor, quien relata cómo algunos de los versos nacieron durante sus viajes a la Universidad de Princeton, en la que enseñó durante cinco años. «Surgieron de observar el paisaje, las estaciones, la naturaleza. Por eso, en su mayoría, predomina el tema de la luz, del agua, del ambiente», detalla.

Hilario Barrero hila letras y trazos

Dividido en cuatro partes o, lo que es lo mismo, cuatro estaciones, el libro viaja a través del 'Calendario perpetúo', 'Aroma de eucalipto', 'Tinta china' y 'Santoral ateo'. Francisco Álvarez Velasco y Herme G. Donis arroparán a Barrero en la presentación.