El Comercio
Rafael Loredo y Manuel Méndez, con su libro 'Calambures en su tinta'.
Rafael Loredo y Manuel Méndez, con su libro 'Calambures en su tinta'. / CITOULA

«En Oviedo dicen muchas 'oviedades'»

  • Ingenieros metidos a humoristas, acaban de publicar un 'Diccionario de estupideces', con prólogo de Miguel Mingotes y que recoge 1.300 palabras. Mañana se presenta en el Antiguo Instituto

  • Rafael Loredo y Manuel Méndez Escritores. Presentan 'Calambures en su tinta'

No hay manera de tener una conversación formal con Rafael Loredo Menéndez (para los amigos, Rafa, 1968) y Manuel Méndez Baliela (alias Manolo, 1967) sin que hagan decenas de juegos de palabras. Amigos desde que cursaron BUP y COU en la Laboral, después compañeros de carrera y gijoneses de pro, estos dos ingenieros presentarán su primera obra como escritores, 'Calambures en su tinta. Diccionario de estupideces', mañana, 28 de diciembre, día de los inocentes, a las 20 horas en el Antiguo Instituto. Con prólogo de Miguel Mingotes, portada y contraportada de José Arias, ilustraciones propias y «'epilogio' de Rafael Loredo senior», solo piden una cosa con sus 1.300 palabras: que sonrían. «Es lo único que pretendemos de usted». La edita LTH. Y, como no podía ser de otra forma, el acrónimo también es resultado de una broma privada que mantienen desde hace años: «Ediciones La Tu Hermana. O sea: nosotros mismos».

¿Qué hacen metidos a humoristas?

R. L.: Nos dedicamos a la ingeniería en una empresa que creamos en el año 2001 que se llama Fronda y que hace estructuras de madera, pero llevábamos años con el tema de los 'palabros'.

Todo empezó en un sitio tan serio como un sepulcro.

R. L.: (Risas). Sí. Un día, visitando una cripta con un sepulcro, llamé por teléfono a Manolo y le dije: «Sepulcro, mantén limpia tu tumba». A partir de ahí, se nos iban ocurriendo palabras y empezamos a apuntarlas. Al principio, en papelinos o mandándonoslas por SMS. Luego, ya por WhatsApp. Porque llevamos con esto muchos años. Ocho o así. Hasta que la gente empezó a animarnos para que las publicásemos. Conseguimos no perderlas, porque lo normal con estas chorradas es que te olvides de ellas. Y recopilarlas fue una labor de coger archivos de Excell, de móviles... Estaba todo disperso hasta que juntamos 1.500 palabras que, después de que nos las editase Miguel Mingotes, se quedaron en 1.300.

M. M.: Confiamos en su criterio porque, en algún momento dado, hasta se te puede ocurrir alguna barbaridad. Aunque, como él mismo dice en el prólogo: «Si me queréis, reírse».

Y, con todo, no se cortan nada y hay palabras que aluden desde a la Iglesia hasta a ETA.

R. L.: De la Iglesia hay unas cuantas.

M. M.: En todo caso, cualquier cosa que se diga no es con intención de ofender a nadie ni mucho menos. Se trata de hacer chascarrillos...

R. L.: De hecho, mi padre hizo el epílogo y me dijo que le iba a llevar un libro al párroco de Granda a pesar de que aparecen palabras como 'laxantina', que es el 'purgante para quien se encomienda a la Virgen de Covadonga'. O 'cardenol', que es el 'prelado de los lagos de Covadonga', y 'Susan y Monse', 'Su Santidad y Monseñor'.

Su padre será fan.

R. L.: No. Mi padre es Falo (Risas).

Chascarrillo es otro de sus 'palabros'. ¿Se acuerdan de la definición?

R. L.: «Chiste atribuido al histórico líder del PCE».

Seguro que son capaces de mandarse ocurrencias en cualquier circunstancia y a cualquier hora del día.

M. M.: Sí. De eso que te levantas un domingo y vas a coger el móvil y tienes no sé cuántos 'whatsapps' de las dos de la mañana porque el otro había salido con unos amigos y en la cena se le ocurrió de todo (Risas).

Dice su abogado que nunca conoció a ningún ingeniero tan obsesionado por las palabras.

R. L.: Nosotros le contestamos que, desde que muchos de nuestros clientes empezaron a dejar de atender el pago de efectos, por lo que estamos obsesionados es, en realidad, por las letras y los pagarés.

M. M.: Le llama mucho la atención que seamos gente con formación técnica. Que cualquiera puede decir: 'Vaya cachondeo que os traéis'. Pero, luego, a la hora de trabajar, somos bastante serios y un tanto cuadriculados.

Sintaxis es una palabra importante en el libro.

R. L.: Pero lo es más a la salida del aeropuerto, cuando no tienes en qué volver a casa.

Y Gijón juega un papel fundamental. De hecho, aparecen muchos personajes históricos relacionados con la ciudad.

R. L.: Por ejemplo, Palafox, que fue el general al que despidieron de la Paramount. O algunos tan importantes en la historia de Gijón como el cardenal que inventó el bollín de cuernos tan típico: Richelié. O el ave rapaz del empresario minero francés con calle aquí: el Numaguilucho.

Pero también hacen referencias a otras localidades asturianas.

R. L.: Por ejemplo, Poo, 'localidad llanisca donde nació el osito Winnie'.

De lo que no hay duda es de que el asturiano les da mucho juego.

R. L.: Tenemos les 'morses', 'mamíferos marinos que se comuniquen con puntos y rayes'. O 'túveles', del inglés 'tubeless, sin cámara', que terminó siendo 'no me queden ruedes sin cámara'. O 'superola', en referencia al que sobrevivió a la inundación provocada por un tsunami. Y luego se recogen también expresiones en bable muy utilizadas en todo el país como, por ejemplo, lo que dicen en determinada fábrica de electrodomésticos para que los empleados empaqueten la producción: 'embalay'.

M. M.: O 'ñoclásico', el 'movimiento artístico de los bueyes de mar del siglo XVIII'.

Y todo, encabezado por un consejo: 'Hablái curioso'.

R. L.: Es que utilizamos bastante el asturiano. Más que el asturiano, yo diría que el gijonés, que es distinto y tiene mucha retranca. No se habla igual aquí que en Llanes o en Luarca. Y muchísimo menos en Oviedo.

¿Qué pasa con Oviedo?

R. L.: En Oviedo dicen muchas 'oviedades'.

M. M.: Igual yos paez mal (Risas).

Pasamos palabra. A mí me gustaron especialmente algunas como 'andái'.

R. L.: Del inglés 'and I'. 'Ruego de Whitney Houston para que caminéis'.

O 'buenórreo'.

M. M.: 'Campesino sexy que cuida su granero sobre pilares'.

Y hay algunas que solo se entienden aquí. Entre mis preferidas está 'contrabanco'.

R. L.: 'Estraperlo de sidra'.

M. M.: Trabanco está, por cierto, en Lavandera, parroquia gijonesa que ondea al viento.

R. L.: No. Mejor parroquia gijonesa que está hasta arriba (Risas). Ahora estamos improvisando.

El euskera tampoco se queda atrás.

R. L.: 'Euskera' fue la 'expresión de Arquímedes al descubrir el idioma vasco'. Como ves, todas tienen dos significados.

Esa es una de las principales características de este diccionario y lo diferencia de otros como el de Coll.

M. M.: Sí. Eso es lo definitorio. Aunque él no deja de ser el maestro, los calambures son juegos de palabras que buscan varios significados a la palabra.

Incluso se atrevieron con la 'W'.

M. M.: 'Wenceslao', 'nombre de pila de quien supera una hemiplejia'.

¿Alguna de sus preferidas?

R. L.: Una de las mías es 'Navelgas', 'almacén de butano en Tineo'.

¿Y piensan tener mucho éxito?

R. L.: Esto salió adelante, sobre todo, porque nosotros nos morimos de risa. Y, por las primeras reacciones, parece que la gente también.

M. M.: Y también porque, con toda esta corrección política, vamos a llegar a un punto en el que vamos a acabar todos idiotas y no vamos a poder hablar ni llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, si tuviésemos que escribir en lenguaje políticamente correcto, el título sería 'Calambures y calamburas en su tinta y tinto'.

¿De qué más se ríen ustedes?

M. M.: A veces, con los políticos. Estoy entre que me hacen gracia y me ponen de mala leche. Por ejemplo, me irrita especialmente cuando un político hace una declaración y está insultando a la inteligencia del que lo oye. O que se pasen el diccionario por el forro. Y lo hacen tan a menudo que puedes llegar a pensar que hasta nos lo merecemos. Por ejemplo, el otro día la consejera de Medio Ambiente del Principado, ante el problema de la contaminación, dijo que 'es que el tráfico, con esti tiempu, a lo mejor las calefacciones...' De la industria, ni mu en una región como esta con cinco térmicas.