El viudo de Sara Suárez Solís cede a la Tertulia Les Comadres el legado de la escritora

Begoña Piñeiro y Tadeus Malinowsky, durante la firma del acuerdo de cesión.
Begoña Piñeiro y Tadeus Malinowsky, durante la firma del acuerdo de cesión. / E. C.
  • Tadeus Malinowsky cumple así el deseo de la que fuera vicepresidenta del colectivo, fallecida en junio de 2000

En junio de 2000 fallecía la escritora gijonesa Sara Suárez Solís, catedrática de Literatura y activista convencida de la Tertulia Feminista Les Comadres, de la que llegó a ser vicepresidenta. Dejó dicho entonces a su marido, Tadeus Malinowsky, que quería ceder todos sus escritos, archivos y recuerdos a la asociación feminista. Ahora, dieciséis años después y por iniciativa de su viudo, que a los 96 años quiere dejar «bien amarrada» aquella promesa que le hizo a su mujer, la cesión se ha concretado. La actual presidenta de Les Comadres, Begoña Piñeiro, acudía a la casa familiar de la escritora para formalizar la cesión mediante la firma de un documento. «La idea ahora es buscar un sitio apropiado para que quien quiera consultar ese legado pueda hacerlo. Nuestra intención es dar a conocer su obra y nuestro mayor deseo que su memoria perdure, como ya pervive en nuestros corazones.

La Tertulia prevé mantener próximamente una reunión con la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, para tratar de buscar ese espacio en el que se pueda mostrar o guardar toda la documentación. Desde notas escritas por ella sobre cómo preparaba los libros a diferentes premios, títulos, cartas... «Hasta recetas de cocina», explica Piñeiro, quien agradece públicamente a Malinowsky su gesto. «Y más, cuando él es el único socio masculino que tenemos. El resto, hasta 107, somos todas mujeres», comenta divertida.

Suárez Solis tenía 75 años cuando falleció, en junio de 2000, y durante los últimos meses una grave enfermedad la mantenía alejada de toda actividad literaria, por lo que no pudo culminar uno de sus proyectos más queridos: escribir unas memorias («que no biografía», se apresuraba siempre a explicar) en las que los recuerdos y los personajes que pasearon sus latidos siempre en un segundo plano pudieran adoptar el protagonismo que la literatura les negaba y la realidad les permitiría.

Fue una escritora tardía. Ella misma lo decía. Antes de editar su primera novela, el temor a desnudar su 'yo' la llenaba de prudencia y pasó muchos años escribiendo para sí sin dejar que otros disfrutaran de sus relatos. «Cuando logré la deseada objetividad, que, por otro lado, nunca llega del todo, fue cuando dejé de tirar originales a la papelera y cuando vi cumplido mi sueño de novelista», explicaba en una ocasión, probablemente después de presentar alguna de sus novelas, que no fueron demasiadas, pero lograron el Premio Asturias y el Ateneo de Valladolid. Su primera obra, 'Camino con retorno', logró ser finalista en el Premio Planeta.

Eran las suyas las publicaciones de una investigadora que, pese a tardar en dejarse llevar por la literatura, mostraban la mano de quien logró todos los aplausos. Bajo su tutela crecieron muchos otros autores, pues fue, además de autora, catedrática de Lengua y Literatura.