El Comercio

El pacense y asturiano de adopción Javier Lasheras.
El pacense y asturiano de adopción Javier Lasheras. / EFE

«Para escribir, hay que salir a encontrar la vida»

  • Recibe hoy el Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid por la obra titulada 'Las mujeres de la calle Luna', un lienzo social pintado en París

  • Javier Lasheras Escritor

Poeta y narrador, Javier Lasheras (Don Benito, Badajoz, 1963) continúa sumando galardones en ambas orillas, sin hacer distingos entre una y otra. «Todo es posible en esta inmensa república de las letras», señala.

¿Escribir es una larga paciencia?

Para escribir conviene, desde luego, armarse de paciencia, pero también es aconsejable salir a encontrarse con la vida porque, no en vano, la escritura, la literatura, debe responder a la exigencia de mostrar, divulgar y enseñar, en ocasiones con afán crítico, aquello que vivimos y hasta lo que soñamos, y, además, hacerlo entreteniendo.

La historia comenzó siendo lírica, con varios galardones poéticos, hasta 'El amor inútil', su primera novela, en 2004. ¿Cada género tiene su república?

En mi caso, he logrado viajar por ambas repúblicas, no sin sobresaltos. Es cierto que, cuando escribo poesía, hay un estado vital diferente, tal vez más concentrado, donde lo existente debe ser bautizado de nuevo. Es como entrar en un cuarto oscuro y, al tacto, con los objetos y los sucesos, descubrir las palabras para que, como decía el poeta Cintio Vitier, la poesía sea una aportación súbita al universo. Esto es algo al alcance de muy pocos, pero no por eso hay que dejar de intentarlo. A este respecto, me gusta decir que la poesía es vuelo sin motor; el cuento un caza de combate y la novela es un vuelo con pasajeros a quienes hay que llevar a su destino. Pero, por supuesto, todo es posible en esta inmensa república de las letras. Hiperion de Hölderlin, por ejemplo, ¿es prosa o poesía? O la reciente y magnífica 'Un viaje a la India', de Tavares, ¿qué es? No creo que haya que poner puertas al campo siempre y cuando se sepa de dónde venimos, los clásicos, la tradición.

Aún a la espera de la lectura de la novela, París, donde se desarrolla, ya anticipa un espíritu literario. ¿Está recogida de algún modo esa tradición literaria parisina en 'Las mujeres de la calle Luna'?

Podría adelantarle algún párrafo de la novela para contestar a su pregunta, pero me va a permitir que no lo haga hasta que la novela se publique en la primavera del año que viene. Desde luego que hay un París literario, a veces presente y otras sugerido, con nombres y apellidos o con referencias variadas, pero sin que ello rompa el equilibrio de la novela, sus tramas y peripecias, y mucho menos aún sin que se requiera por parte del lector un conocimiento previo de ese París literario al que usted alude para poder disfrutar por completo de la novela.

En el eje, el robo del cuadro de Gustave Courbet, 'El origen del mundo', ese desnudo femenino del que se dice que todavía continúa siendo piedra (lienzo) de escándalo. ¿La pudibundez social es la otra cara de la hipocresía?

Bueno, no hay más que ver el reciente escándalo sexual en el ala del partido islamista de Marruecos. Y situaciones como esta ocurren en nuestra sociedad. En relación al cuadro, resulta curioso que cuando este se presentó por primera vez al público en el Museo de Orsay, en 1995, el ministro de Cultura francés se negó a retratarse y a que le grabaran junto a él. Es más, allí estaban un centenar de periodistas y todas las cadenas de televisión. Sólo hubo una excepción. ¿Sabe cuál? La del primer canal público.

Parece que asimismo se reflexiona en la novela acerca del vínculo entre sexo e identidad. ¿De qué modo se aborda?

Entre otros muchos asuntos, la novela trata de cómo nuestra identidad y nuestras circunstancias personales condicionan nuestra manera de interpretar una obra de arte, cómo miramos y qué deseamos.

Y, en los alrededores, asesinatos de mujeres sin resolver, el terrorismo, los inmigrantes o el fútbol, al lado de la música, las artes o el minimalismo poético de los haikus. ¿Cómo se urden tantas vertientes?

Permítame responderle con otra pregunta. ¿Cómo es posible vivir y sobrevivir cada día con el paro, la corrupción, el yihadismo, los múltiples procesos electorales o los refugiados al lado de Messi, Ronaldo, la última novedad editorial, una obra de teatro, la ópera y la última serie de TV? En definitiva, todo son vertientes de un mismo río: nuestras propias vidas.

Realidad y ficción

Y, al fondo, una inquietante -o no- travesía que se pregunta por los vínculos entre la realidad y la ficción. ¿Cuánto tiene la realidad de ficción y viceversa?

En 'Las mujeres de la calle Luna' se sustancia un mundo que habla de nosotros mismos cuando necesitamos de la ficción para soportar la realidad tanto de nuestros sueños como de nuestros fracasos. Así nos autoengañamos con relatos prefabricados, reescribimos nuestro pasado y creamos perfiles que terminamos por creernos. La novela, pues, plantea el problema de qué sucede cuando la realidad desenmascara y anula nuestra ficción.

Retórica final: ¿Javier Lasheras es más cierto en sus páginas o en las aceras de la prosa cotidiana?

Pienso que el 'yo' literario forma parte del 'yo' cotidiano, pero el literario hace como que no se da cuenta. Es una relación muy curiosa, porque aunque el universo cotidiano, por fortuna, lo domina todo, el literario se reivindica a cada paso y le hace al yo cotidiano un poco más complicada y divertida la existencia. Como decía san Agustín, yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo.