El Comercio

El escritor Ramón García Mateos.
El escritor Ramón García Mateos. / MARIO ROJAS

«No distingo entre vida y literatura»

  • Esta tarde presenta su último libro en el Antiguo Instituto de Gijón: 'Verdades y fingimientos'

  • Ramón García Mateos. Escritor

Esta tarde, a las 20 horas, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, tendrá lugar la presentación en Asturias del último libro de Ramón García Mateos (Salamanca, 1960): 'Verdades y fingimientos'. El autor, que reside en la vieja Tárraco, donde ejerce como Catedrático de Lengua y Literatura, tiene fuertes vínculos con la tierra asturiana y a través de la Asociación Versos Libres ha sido invitado a presentar su libro, premio de relatos Rafael González Castell.

-Adelántenos algo.

-Es un libro bastardo, en la estirpe formal de la narrativa, pero con aliento claramente poético. Reúne un ramo de textos a los que yo denomino artefactos literarios, a medio camino entre el relato y el poema en prosa, que no la prosa poética que es recurso que se esquina fácilmente hacia la cursilería. El título es de raigambre cervantina y blasdeoteriana. No es mala compañía para dar nombre a mi libro, donde realidad y ficción, verdades y fingimientos, se confunden.

-Un poeta de larga trayectoria que se nos decanta ahora hacia el terreno de la narrativa.

-Sí, es cierto. Pero no se trata de un giro en el rumbo, ni de un transbordo siquiera, solo de un cambio de agujas. Yo no considero que este libro sea esencialmente distinto a los de poemas 'Morfina en el corazón' (2003) o 'Como otros tienen una patria' (2007). No acierto a distinguir las fronteras que delimitan los llamados géneros literarios, tal vez porque esas lindes no existen y se inventan ante la necesidad de establecer clasificaciones y taxonomías que faciliten las tareas académicas mediante la simplificación que deforma y empobrece. Y los profesores, los críticos e incluso los mismos escritores seguimos repitiéndolo en una melopea que solo se sustenta en nuestra desidia intelectual.

-¿Cómo se amalgaman la vida y la literatura en esta obra?

-Yo no distingo entre vida y literatura, quiero decir entre las emociones que emanan de lo que llamamos realidad y las que nacen de las vivencias del arte. Cuando contemplo una hermosa atardecida frente al viejo Mediterráneo, no sé si la causa de mi emoción radica en la belleza de los crepúsculos levantinos, en la dulce compañía que tengo al lado o en el poso que dejaron en mí los versos de Homero, Virgilio, Cavafis o Espronceda. Lo que es seguro es que sin ese poso, sin ese sedimento, la vida no sería la misma. Consecuentemente, mis artefactos nacen por igual del aliento de la vida que del rumor de la literatura.

-Siguiendo esas alusiones, quizá pudiese elaborar un mapa de afinidades literarias.

-Por ahí andan Cervantes, El Lazarillo, Cela, Blas de Otero, Chicho Sánchez Ferlosio, la novela policiaca, Avelino Hernández, Juan y José Agustín Goytisolo, la tradición oral... Sí, algunas, no todas por supuesto, de mis pasiones literarias se dan cita en las páginas de 'Verdades y fingimientos'.

-Es un especialista en la obra de José Agustín Goytisolo.

-Tuve la suerte de preparar, junto a Carme Riera, la edición de su 'Poesía completa' para Lumen en 2009. Y le conocí y le quise mucho. Pero me he ocupado también de otros escritores a los que estimo, así Blas de Otero, Antonio Machado, Félix Grande o el poeta catalán Gerard Vergés, de quien traduje toda su poesía al español.

-¿Qué piensa de los certámenes literarios?

-Sé que los premios literarios se miran con prevención condescendiente desde algunos círculos de exquisitos. Siempre que no se los den a ellos, claro. Más allá de otras cuestiones (la presumible corrupción de algunos certámenes, sobre todo los de mayor dotación económica y los que tienen arte y parte cómplice con editoriales comerciales), y, en mi caso en concreto, los premios me han permitido publicar con asiduidad, lo que no es poco para quienes no tenemos la suerte de contar con un editor fijo, y escribir con libertad absoluta. Además de la cuestión monetaria que, para qué engañarnos, nunca viene mal.

-Un hipotético lector que acuda esta tarde al Antiguo Instituto y adquiera el libro, ¿con qué se va a encontrar?

-Obviamente, cada lector hace su propia lectura, de este libro y de cualquier otro. Yo puedo hacer la mía, parcial como todas, aún más por ser parte interesada en el asunto, pero tan válida como cualquiera. Son veinticuatro artefactos (relatos, instantáneas, apuntes...) que se organizan en dos partes iguales y, en buena medida, paralelas, casi simétricas si se superpusieran, tanto en los temas como en el tono. Artefactos que crecen impulsados por la fuerza de la palabra y acarician o hieren, pero dejan siempre un sabor acibarado.