El Comercio

Bibliotecas sin novedades editoriales

Un grupo de estudiantes saca libros para su consulta en los mejores tiempos de las bibliotecas asturianas.
Un grupo de estudiantes saca libros para su consulta en los mejores tiempos de las bibliotecas asturianas. / PALOMA UCHA
  • Los recortes en la adquisición de fondos ha provocado un descenso notable en el préstamos de libros

Los recortes presupuestarios de las distintas administraciones en los últimos años, a consecuencia de la crisis, han afectado a uno de los principales servicios que ofrecen las bibliotecas públicas de Asturias: el préstamo de sus fondos. Los datos ofrecidos por el Ministerio de Cultura en su 'Panorámica de las 53 Bibliotecas Públicas del Estado' no dejan lugar a dudas en cuanto a las dos principales bibliotecas de la comunidad: la Jovellanos de Gijón y la Pérez de Ayala en Oviedo. Así, en la primera, la inversión destinada a la adquisición de material bibliográfico era en el año 2011 de 52.793 euros, y en 2015 se reducía casi a la mitad: 24.627 euros. En el caso de la Biblioteca de Asturias, en la capital del Principado, la reducción ha sido más drástica: de 115.153 euros en 2011 ha pasado a apenas 20.768 en el año 2015.

En la misma fuente las cifras referentes al servicio de préstamos ofrecen un balance igualmente negativo: la biblioteca gijonesa tuvo en 2011 un total de 225.446 usos de este servicio y, en 2015, la cifra se había reducido hasta los 137.548. Los datos de Oviedo presentan un perfil similar: 270.269 préstamos en 2011 y tan solo 173.723 en el año 2015.

Entre los profesionales de las bibliotecas públicas municipales se muestra una cierta preocupación por los sucesivos recortes que han venido padeciendo sus centros en cuanto a la adquisición de nuevos fondos y más de una voz relaciona datos como los referidos a Gijón y Oviedo, es decir, la disminución del gasto en nuevas adquisiciones con el descenso del número de usuarios. Así lo cree Teresa Pasarín, responsable de la Biblioteca Bances Candamo de Avilés: «Claro que han afectado los recortes en general en esa reducción de usuarios del préstamo, porque su perfil suele ser el de personas que vienen en busca de novedades. En el caso de nuestras bibliotecas, el recorte no ha sido tan significativo como en las de otros municipios, porque aquí es el Ayuntamiento quien aporta la financiación y eso nos permite mantenernos».

Enedina Suárez, titular de la red municipal de San Martín del Rey Aurelio va más allá en su percepción del asunto: «Desde que comenzó la crisis los recortes han sido tremendos, a consecuencia de ello las colecciones se han empobrecido muchísimo. Si el usuario viene demandando nuevos títulos y no se le ofrecen es lógico que se vea defraudado». Para esta bibliotecaria la disminución de la inversión no ha sido solo en libros, discos o dvd. «Se ha notado bastante en las publicaciones periódicas, revistas de una gran calidad que no solo se podían consultar aquí, sino también llevar los números atrasados y eso ha mermado bastante la participación de los usuarios».

En la otra cuenca minera, Alberto Fernández, encargado de la Biblioteca Menéndez Pidal de Lena, comparte la preocupación por el recorte en la aportación que realiza la Consejería de Cultura del Principado a su centro: «Los datos están ahí y son innegables, por contactos mantenidos con los responsables de otras bibliotecas, sobre todo de ayuntamientos con escaso presupuesto, sé que están afectando mucho». En su caso, sin embargo: «Dependemos del Ayuntamiento y éste ha aumentado el gasto. Aparte de eso no hemos notado un descenso en el número de usuarios, al contrario. La crisis incluso ha producido un perfil de usuario que antes compraba libros y ahora no puede, por lo que acude a la biblioteca».

Cristina Jerez, bibliotecaria de Pravia, por su parte, señala que: «No cabe la menor duda de la relación entre el descenso de dinero dedicado a adquisiciones y el de préstamos. No es solo que se adquieran pocas novedades, es la propia calidad de los fondos la que está mermando cuando se tiene que elegir entre comprar una edición de calidad en determinada materia y se opta por adquirir la más económica». Esta profesional apunta a un nuevo déficit: «Tampoco se está apreciando el capital humano que hay en este servicio público y sin el cual la situación de las bibliotecas sería peor. Debería incentivarse y reconocerse el esfuerzo que está haciendo el personal para fomentar el uso de las bibliotecas». De similar parecer es Manuela Busto, responsable de la Biblioteca de Castropol, para quien: «Es necesario, frente al recorte en fondos, emprender estrategias para fomentar la lectura, implicándose activamente en ellas». Su experiencia así lo corrobora: «Hemos aumentado el número de usuarios a pesar de los recortes (un 50% en nuestro caso), mediante clubes de lectura, programas de colaboración con centros educativos o convenios con Servicios Sociales para las personas mayores». En el otro lado de la costa asturiana, Ana Vázquez, bibliotecaria de Ribadesella con 27 años de servicio, apuesta también por las estrategias de difusión de la lectura: «Este verano hemos ofrecido un servicio de biblioplaya que ha sido un éxito total, gracias a él ha crecido el número de socios de una manera considerable, también apostamos por difundir nuestros servicios a través de la redes sociales y a la elaboración de guías de lectura, además de trabajar con los centros docentes».

Las estrategias de fomento de los hábitos lectores no funcionan en todos los lados igual. Así, en una biblioteca no muy alejada de la de Ribadesella, la de Cangas de Onís, su responsable, el también archivero municipal Kennedy Troncedo no es tan optimista: «Aunque se han intentado campañas, en este concejo el perfil del usuario suele ser el de personas mayores, casi siempre las mismas, son un número muy escaso quienes acuden a préstamo y los lectores jóvenes tienen en institutos y colegios bibliotecas a dónde acudir. En ese sentido, el recorte apenas se ha notado».