El Comercio

«Somos unos bebés ideológicos»

El autor de 'Año 303', Fernando Conde, en Oviedo.
El autor de 'Año 303', Fernando Conde, en Oviedo. / ALEX PIÑA
  • El autor postula en 'Año 303. Inventan el cristianismo' la tesis novelada de la inexistencia de Cristo y los Apóstoles

  • Fernando Conde Torrens Escritor

Ingeniero industrial y profesor universitario, Fernando Conde Torrens (Irún, 1945) ha dedicado una gran parte de su vida a la investigación histórica, cuyo reflejo traslada a la obra titulada 'Año 303. Inventan el cristianismo', que esta semana ha presentado en Asturias.

¿Nos pone en el contexto histórico en el que se desarrolla el libro?

En tiempos de Diocleciano, en el año 283, el Imperio Romano era un caos. Los emperadores no permanecían en el poder mucho tiempo, asesinados por otros aspirantes. Diocleciano hizo el análisis de la situación y encontró el remedio, rodeándose de personas de confianza y quitando importancia a los generales de las legiones. Estableció la Tetrarquía, dividiendo el Imperio en cuatro. Y funcionó bien.

Le va a suceder Constantino, al que los textos tradicionales señalan como puente entre el Imperio y el Cristianismo. Sin embargo, usted afirma que fue mucho más que eso, que inventó el Cristianismo de la mano de Lactancio -educador de su hijo Crispo- y de Eusebio de Cesarea...

Lactancio tuvo la idea, que ya presentó ante Diocleciano, el cual la rechazó. Constantino la aceptó. Pero Eusebio era opuesto a Lactancio y por eso dejó pistas en los textos que demuestran su falsedad, con la firma de Simón, que en el griego clásico además de ser un nombre, cuando lleva la letra ómicron y no la omega significa falsedad y sorna.

Sin embargo, existen testimonios históricos, así el de Flavio Josefo, que parecerían confirmar la existencia de la figura histórica de Jesucristo, al margen del debate acerca de su encarnación divina...

Lo que no se sabe es que en el texto flaviano aparece la firma de Simón tan clara como el agua. De igual modo que sucede en la carta de Trajano a Plinio, que también se aduce para demostrar la evidencia histórica de Jesucristo. Es otra de las falsas pruebas.

¿Y de qué modo han podido pasar inadvertidas esas falsificaciones a los historiadores hasta ahora, tanto a los de credo católico como a los de orientación agnóstica o atea, que han asumido los escritos de Flavio Josefo en términos verdaderos?

La Inquisición ha tenido mucho que ver. Y la Inquisición se prolongó, digamos en España, hasta 1834. Una vez finalizada, han existido investigadores, por ejemplo en Turinga, que fueron los primeros que comenzaron a analizar en términos más racionales la cuestión. Si bien todavía predominaban los instrumentos de los que disponían en aquella época.

Con todo, se antoja una ceguera historiográfica muy acentuada...

Hay que considerar asimismo que una buena parte de esos historiadores son de adscripción teológica, pertenecen a un credo y se dejan orientar por los dogmas eclesiásticos. Los investigadores independientes, que los ha habido, han sido silenciados, se ha impedido la difusión de sus obras y desde los supuestos 'círculos científicos' se les ha descalificado. Por otra parte, el nexo entre la redacción del Nuevo Testamento y Egipto, que puede colegirse bien, no era posible antes de que Champollion descifrara la escritura jeroglífica de la piedra Rosetta.

De aceptarse su tesis, imagino que es consciente de que plantea una revolución copernicana, por así decir...

He tenido veinte años de investigación para ir asumiéndolo... Constantino y después Teodosio manipularon a una sociedad que se dejó invadir. Y cuando suceden esas cosas, se producen muchos años de atraso. En la ciudad en la que he vivido una buena parte de mi existencia, Pamplona, no volvieron los saneamientos de alcantarillas hasta los tiempos de Napoleón, por citar una referencia al paso. Quiero decir que hay falsificaciones que nos hacen retroceder mucho. Occidente lleva un retraso de mil setecientos años. Somos líderes en tecnología, pero unos bebés ideológicos. La alternativa sólo puede ser la vuelta a los orígenes clásicos, al conocimiento de los griegos, para poder evolucionar. Cerrar lo que yo llamo 'el gran paréntesis', durante el cual hemos estado dominados por una doctrina insulsa y falsa.

Tras las presentaciones del libro en Asturias, se va a trasladar a Galicia, a Santiago de Compostela. ¿Conoce la conjetura del periodista Ramón Chao, quien sostiene que en la tumba de la catedral compostelana quien reposa es el heterodoxo Prisciliano y no el apóstol Santiago? ¿Hay algún paralelismo con su planteamiento?

No he leído el libro, aunque sí conozco lo que en él se manifiesta. Creo que se debate más bien la contradicción entre mitos e historia. Mi obra niega la propia existencia de Jesucristo, de San José y la Virgen o de los Apóstoles. Y la persecución de los cristianos, que Lactancio adjudica a Diocleciano debido a la enemistad que le guarda desde que le negó la idea que asumiría Constantino. El Cristianismo nace en los concilios de Arlés y de Nicea, en los años 314 y 325, respectivamente.

Quiérase que no, la presencia del Cristianismo en sus diversas manifestaciones, católica, protestante o anglicana, incluso siguiendo sus observaciones, ha estado presente mil setecientos años. ¿De qué manera puede explicarse?

Una explicación es la tergiversación de los escritos de los maestros griegos. Heráclito ya hablaba de la Divinidad, como causa de las cosas; pero no al modo de un Ser Personal. El Logos. En el Evangelio de San Juan, cuya autoría es de Eusebio de Cesarea, pasa a ser la Palabra. Y la Palabra es Jesucristo. Es decir, no se han hecho análisis críticos.

¿Usted era creyente en el momento que comenzó a abordar estas hipótesis?

Lo que soy es un teísta convencido, creo en la Divinidad, que está al margen de las chapuzas humanas. Descubrir que Jesucristo no existió me provocó tristeza.

De momento, la Iglesia no ha tenido ninguna reacción frente a sus postulados. ¿Y en el mundo académico?

Hay muchos detractores. Profesores universitarios que me acusan de acientífico, de querer vender libros a toda costa y de buscar una gloria efímera. Sin embargo, pocos se han leído el libro. Y sin esa premisa, se antoja de poco valor la polémica. Quisiera que me dijeran en qué páginas falta ciencia y argumento.