El Comercio

Luis García Jambrina, ayer, recién llegado a La Franca.
Luis García Jambrina, ayer, recién llegado a La Franca. / JUAN GARCÍA LLACA

«Los autores españoles no suelen citar a Cervantes entre sus referencias»

  • Luis García Jambrina, Escritor y crítico

  • Coordina el Encuentro de Escritores y Críticos de las Letras Españolas en Verines, que empieza hoy y que se centrará en el autor de El Quijote

«No soy una voz autorizada, pero sí apasionada». Pese a ser un reputado experto, el profesor de Literatura Española en la Universidad de Salamanca y director de los Encuentros de Escritores y Críticos de las Letras, Luis García Jambrina (Zamora, 1960) se mantendrá en un segundo plano, dejando todo el protagonismo a los ponentes que hoy y mañana analizarán el legado cervantino en la literatura actual. En Verines tomarán la palabra autores dispares como Mercedes Cebrián, Alfonso Mateo-Sagasta, Gustavo Martín Garzo, Manuel Vilas o los asturianos Ana Rodríguez-Fischer y Házael González, pero la propia obra de Jambrina es prueba de lo inspirador que puede resultar el autor de El Quijote.

Era casi obligado que los encuentros se ocupasen de Cervantes en el cuarto centenario de su muerte, ¿no?

Sí, pero quisimos hacerlo desde esa perspectiva de lo que ha podido suponer para los creadores la herencia cervantina. Si es un escritor que sigue vigente o no. No lo sabemos, porque los autores españoles no suelen citar a Cervantes entre sus referencias.

¿Por desconocimiento o prejuicio?

Pues no lo sé. Tal vez preferimos citar referencias extranjeras o más recientes. Vamos a ver ahora alguna muestra de lo que supone Cervantes en la literatura actual.

Este año presenta la singularidad, además, de reunir a autores de géneros muy diferentes y estilos.

Esa era la idea. Estarán presentes también géneros limítrofes con la literatura como la ilustración. Llevamos unos años intentando buscar esa diversidad, ya no solo lingüística, que era donde más se ponía el acento en las primeras ediciones, sino en la diversidad de géneros y de formas artísticas. Hay también gente de diferentes edades, cosa que siempre es enriquecedora y supongo que hará que haya más debate y puntos de vista más dispares.

¿Este encuentro pretende servir de motor para redescubrir al autor de 'Viaje al Parnaso'?

Sí. Cervantes es una figura extraña todavía, de la que tenemos un conocimiento muy parcial. La culpa la tiene El Quijote, que eclipsa todo lo demás. Habría que revisitar el resto de la obra porque aún tiene mucho que decirnos. Con el teatro se está haciendo, pero quedan muchas parcelas por explorar y que pueden depararnos sorpresas que pueden ser estimulantes para los creadores actuales. Cervantes ha inspirado a gentes de diferentes épocas y lenguas a lo largo del tiempo, pero aún no se ha acabado. Queda una parte muy oscura, en la sombra.

¿Qué obra más desconocida habría que reivindicar en su opinión?

Su último libro, 'Los trabajos de Persiles y Segismunda', es fascinante. Es su testamento literario y para Cervantes su obra predilecta, quizá por ser la última. Es una novela llena de peripecia, donde se mezclan fantasía y realidad. Me parece un gran libro que habría que intentar difundir, haciendo también ediciones al alcance del gran público y, sobre todo, de los jóvenes. Tal vez habría que adaptarla y descargarla un poco de capítulos, como se hace repetidamente con El Quijote. Es muy difícil que un lector se acerque a un libro así a pecho descubierto. Hay que facilitarle la tarea.

Ha manifestado que la vida de Cervantes es su mejor novela.

Esa frase hay que relativizarla mucho, pero creo que sí, siempre y cuando incluyamos dentro de su vida todo el proceso creador. Cervantes no habría escrito El Quijote si no hubiera tenido la vida que tuvo: azarosa y llena de fracasos y desventuras. Lo lógico es que se hubiera convertido en un misántropo, en un amargado, en un cabrón, y, sin embargo, él sublima todo eso en El Quijote.

Usted abordó esa oscura biografía en la novela 'La sombra de otro' y lo hizo además desde una voz muy singular, la de Antonio de Segura.

No quería hacer una biografía novelada simplemente ni contar de una manera objetiva a modo de cronista. Buscaba explicar todas esas partes oscuras, relacionarlas y darles un sentido. En seguida pensé que detrás de su vida había algo. En su época se podía pensar que era el destino o la divina providencia, pero, como no creo en nada de eso, tengo que pensar en un elemento humano. Y ahí es cuando se me presenta la figura de Antonio de Segura, un personaje fundamental que creo que cambió la vida de Cervantes. Fue alguien que envidiaba su talento cuando nadie se daba cuenta de él. Creí que era la mejor manera de humanizar a Cervantes y mostrar todas sus complejidades.

Ya que hablamos de seguir el legado cervantino, usted definió su última novela, 'Bienvenida, Frau Merkel', como quijotesca.

Sí, es de distinto tono, pero en ella están Quijote y Sancho presentes, como referencias del imaginario colectivo español. Y, en alguna ocasión, menciono esa dualidad que se manifiesta en buena parte de los españoles: por un lado aparentar ser quijotes y por otro ser realmente sanchos.

El humor cervantino

¿Ese humor que utilizó para analizar la situación político-social también sería cervantino?

El humor de El Quijote y de los entremeses es fantástico. Y, a la hora de analizar la realidad española, la de ahora y la de siempre -cuando haces novela histórica tienes la sensación de que las cosas no cambian demasiado-, no se puede abordar más que con humor. Sin él no podríamos hacer frente a una realidad que muchas veces es trágica, pero siempre tiene un componente humorístico que convierte esa tragedia en algo más bien grotesco o en una farsa.

El 4 de octubre regresa con otra novela histórica -esas que muestran que no cambian tanto las cosas-, 'La corte de los engaños'.

Vuelvo más que nunca. El acontecimiento del que parte es el atentado que sufrió Fernando el Católico en Barcelona a finales de 1492. Ahí estuvo a punto de morir, lo que habría cambiado radicalmente la historia de España, de Europa y del mundo. Lo interesante de la novela es que está narrada por tres mujeres que son las verdaderas protagonistas y van contando sus propias vicisitudes. La única figura histórica, Beatriz Galindo, quien fue maestra de latín de la reina Isabel y una de sus principales consejeras, mostrará el entorno de la corte. Una joven judía da la perspectiva con respecto al edicto de expulsión de su pueblo. Y la tercera es una noble catalana, que muestra la realidad de la Barcelona de la época. En vez de los reyes, las que están en primer plano son estas mujeres, que ofrecen puntos de vista más novedosos y más interesantes.