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El escritor y exministro de Cultura César Antonio Molina.
El escritor y exministro de Cultura César Antonio Molina. / EFE

«El arte ayuda a entender la existencia»

  • Director de la Casa del Lector, poeta y ensayista, esta tarde presentará su última obra en Oviedo y mañana hablará sobre la vigencia de Jovellanos

  • César Antonio Molina Escritor y exministro de Cultura

Ha sido ministro de Cultura en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, director del Círculo de Bellas Artes y del Instituto Cervantes, profesor universitario y periodista, junto a la consideración de ser una de las voces poéticas más representativas de las últimas generaciones. En el presente, César Antonio Molina (La Coruña, 1952) se ocupa asimismo de la dirección de La Casa del Lector. Hoy está en Asturias para presentar su último libro y mañana disertará en la Universidad sobre la vigencia de Jovellanos.

¿Cuál es la primera enseñanza que podríamos recibir de Jovellanos hoy?

Que debería haber más políticos como él.

Quiere decir que no los hay...

En el momento actual, no. Habría que empezar por leer sus libros, que no se leen. Y por conocer su vida y su época, que guarda ciertas semejanzas con la nuestra. Y saber que fue uno de los grandes personajes de la historia de nuestro país. Pero vivimos entre iletrados y quienes deben dar ejemplo no lo dan.

¿Qué similitudes observa entre la época de Jovellanos y la nuestra?

La época de Jovellanos fue la de la Ilustración, en la que España resurgió y tuvo cierta libertad e ilusiones de mejorar, ganando presencia en el mundo. Hasta la invasión napoleónica, que truncó las expectativas.

¿La invasión napoleónica... y Fernando VII, que también contribuyó?

Sin duda. En España, hemos tenido reyes buenos y malos, pero Fernando VII es el peor: colaborador de los invasores, represor de las ideas liberales y perjuro contra la Constitución de 1812. Lo apoyaron los ultraconservadores franceses, los liberales españoles hubieron de irse al exilio, llegaron los fusilamientos y Riego fue arrastrado por las calles de Madrid antes de su muerte.

Viniendo al presente, usted se ha desenvuelto en responsabilidades institucionales, junto a sus ocupaciones docentes y creativas. ¿Son dos mundos separados o complementarios?

Todo es lo mismo. Es trabajo en favor de la cultura, con mayores o menores medios, pero todo va en la dirección de la divulgación del saber. La cultura no es privada ni pública.

¿Su paso por el Ministerio de Cultura fue satisfactorio?

Muy satisfactorio. Solo podría decir que acaso hubiera necesitado más tiempo para consolidar la tarea que se realizó, pero estoy satisfecho de los logros conseguidos y del esfuerzo que se llevó a cabo.

Se lo preguntaba porque, a veces, usted mismo ha reprochado el que política y cultura no alcancen el entendimiento preciso.

Es cierto. Y no debería ser así. Azaña -y tantos otros- ya decía que la política ha de considerarse una de las más altas manifestaciones de la cultura. Sucede que la política pequeña resulta ajena a cualquier interés que no sea el propio.

Acude en estas fechas a Asturias también para presentar el sexto volumen de lo que llama sus 'memorias de ficción': 'Todo se arregla caminando'. ¿Cuánto tiene la memoria de ficción?

Muchísimo. Todo lo que pasa por nuestra cabeza se convierte en ficción, en narración, en elaboración. La transformación puede ser consciente o inconsciente, pero nadie escapa a esa metamorfosis de la realidad, es imposible. Y está bien si no se trata de engañar.

Otro de los volúmenes llevaba por epígrafe el de 'Regresar a donde no estuvimos'. ¿Es posible volver a espacios en los que no hemos estado?

Sí se puede, sí. De hecho, al final de nuestras vidas retornaremos a la nada...

Yendo a sus ensayos poéticos, llaman la atención algunos de los títulos, 'Sobre la inutilidad de la poesía', 'La poesía es un error necesario'... ¿Va en la línea de Cocteau, cuando aseguraba que el arte era necesario, aunque no se supiera para qué?

Con todo el respeto para Cocteau, sí se sabe para qué. El arte nos ayuda a entender la existencia. E incluso, como aseguraban Montaigne o los estoicos, nos enseña a morir. La vida es para la muerte, pero en el proceso están la literatura, el arte, la filosofía, la ciencia... Esas invenciones del ser humano que nos proporcionan la sensación de que vale la pena vivir.

Desde su atalaya en la Casa del Lector, ¿cómo juzga el índice de lecturas de los españoles?

Afortunadamente, somos un país alfabetizado. Sin embargo, descuidamos el segundo paso, el que se refiere a la interpretación de las lecturas. Y eso es algo que se debería enseñar en los colegios si queremos una sociedad consciente y libre. También las familias son cómplices de esas carencias. En mis conferencias suelo decir que se puede saber cómo es cada cual por los libros que tiene en su casa. Y no hablamos de algo secundario. El bienestar espiritual es tan importante como el físico, el sanitario o el de seguridad, no un accidente secundario.

Su tesis doctoral en Ciencias de la Información (asimismo, es licenciado en Derecho) analizó 'La prensa literaria española'. ¿Se mantiene el espacio literario en los medios de comunicación actuales?

No del todo, aunque continúan presentes pensadores y escritores, así como los suplementos culturales. La prensa ha sido importante en el desarrollo de la cultura en nuestro país, aunque ahora sufra la crisis económica y la tecnológica. Con todo, es una prensa cultivada, aunque haya habido mejores tiempos.

No obstante, ¿acaso la influencia de los intelectuales que escriben en prensa se ha reducido?

Desde luego, no es la misma que tenía, por ejemplo, Ortega. En parte, debido a que el intelectual ha perdido prestigio. Y es que no se educa a la gente en ese sentido. Baste con ver la conmemoración de los cuatrocientos años de Cervantes. Es una celebración a la española, escasa y liviana, muy distinta de la que se ha desarrollado en Inglaterra con Shakespeare. En Cervantes, está todo lo que somos y sus frases deberían ilustrar las paredes de los colegios. La base es la educación, como ya repitió muchas veces Jovellanos, el discurso científico, el humanístico, el de la convivencia, el del cambio permanente y no el de la revolución...

¿Hemos de ser pesimistas?

No padecemos una enfermedad desconocida, tiene diagnóstico. De modo que no se trata de ser pesimista -que podría ser una excusa- u optimista, sino de hacer lo que hay que hacer.

LA AGENDA

César Antonio Molina llega a Asturias con un apretado programa. Hoy, lunes, a partir de las 19 horas, en la Librería Cervantes (Oviedo), presentará el sexto volumen de sus 'memorias de ficción', tituladas 'Todo se arregla caminando', y mañana, a las 13 horas, estará en La Buena Letra (Gijón). Ya por la tarde, a partir de las 19 horas, en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, impartirá una conferencia bajo el patrocinio del Foro Jovellanos titulada 'Actualidad de Jovellanos'.