El Comercio

César Antonio Molina: «Incluso para ser frívolo hay que saber algo»

César Antonio Molina, durante la presentación de su libro.
César Antonio Molina, durante la presentación de su libro. / P. LORENZANA
  • El exministro de Cultura presentó en Oviedo el último volumen de sus «memorias de ficción» y hoy impartirá una charla sobre Jovellanos

«Vivimos en una sociedad de consumo, en la que el individuo se ha transformado en un comprador, en donde están ofreciendo, las 24 horas del día, entretenimiento para no pensar». Esa es una de las tesis que defiende el escritor y exministro de Cultura César Antonio Molina (La Coruña, 1952) a propósito de su último libro, 'Todo se arregla caminando', el sexto volumen se sus «memorias de ficción». Un título que surge de una frase que le dijo su padre cuando su bisabuela, con la que se había criado, falleció: «Ven, vamos a salir a caminar, porque todo se arregla caminando».

Ayer tarde presentó en la ovetense Librería Cervantes su obra, en la que «camina» por la cultura occidental y sus nuevos mitos y, asimismo, un viaje por sus recuerdos, meditaciones y diálogos con grandes personajes de la cultura secular, de Musil a Nabokov o Rilke, borrando las fronteras del tiempo.

Una enfermedad transitoria le impidió al también director de la Casa del Lector acudir el pasado mes de junio a la invitación del Foro Jovellanos, donde iba a impartir la conferencia titulada 'Actualidad de Jovellanos', que en la tarde de hoy será finalmente pronunciada en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo (19 horas).

Como anticipo, el conferenciante, que fue ministro de Cultura en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en el periodo de 2007 a 2009, explicaba a EL COMERCIO la necesidad de recuperar la figura del ilustrado gijonés, tanto su vida como su obra, las cuales a su juicio no encuentran parangón entre la clase política de hogaño y «merecerían servir de referente ejemplar».

En su consideración, la máxima jovellanista que apelaba a cimentar la sociedad y el pensamiento libre y crítico a partir de las bases educativas, no está siendo de aplicación. Y las consecuencias que se derivan de tal negligencia serían de notoria gravedad, abundando en una cultura epidérmica, incluso menos que frívola. «Incluso para ser frívolo hay que saber algo», señalaba, no sin cierta ironía.