El Comercio

«Franco dio refugio a nazis destacados, como Mengele»

Isabel Sebastián durante la presentación.
Isabel Sebastián durante la presentación. / MARIO ROJAS
  • Presenta en Asturias 'Lo último que verán tus ojos', donde rescata la figura de Sanz Briz, diplomático español que salvó a miles de judíos

  • Isabel San Sebastián Escritora y periodista

En una creación literaria que por primera vez la aproxima al 'thriller', mezclando historia documentada, intrigas del comercio internacional de arte y una aventura romántica, Isabel San Sebastián (Santiago de Chile, 1955) ha dado cuerpo a 'Lo último que verán tus ojos', novela que ayer presentó en el Teatro Campoamor de mano de la Librería Cervantes y hoy comentará en el avilesino Palacio de Valdecarzana (19.30 horas). En ella viaja por Budapest, Nueva York o Toledo para acercarnos a la época de la Segunda Guerra Mundial, el nazismo y el Holocausto.

¿Cómo nace esta novela?

Yo no conocía la historia del diplomático Ángel Sanz Briz hasta que hubo una exposición en el Ministerio de Asuntos Exteriores que le aludía junto a otros diplomáticos que salvaron la vida de más de cuarenta mil judíos del nazismo. Comencé a investigar. Otra de las líneas de la novela, la que se refiere al comercio internacional de arte, guarda relación con mi preferencia por El Greco. Al fondo, hay un viaje que emprenden los dos protagonistas de la novela, que también incorpora un viaje interior.

La primera frase de la obra es una declaración de principios: «La dignidad de un hombre se mide por cómo hace frente a la muerte». ¿No hay canallas valerosos?

La novela está dedicada a los que no se resignan ni se callan en los momentos tenebrosos y difíciles. A esos diplomáticos valientes que mencionaba. La mayoría de las personas es buena gente, pero lo que no abunda es la valentía. El coraje de la maldad es irracional. Yo hablo del valor que vence el miedo por un compromiso ético.

Diplomáticos que estaban distantes en ese sentido del régimen franquista que representaban...

Sí, es la luz y la sombra de España ante el Holocausto. Las iniciativas de esos diplomáticos fueron personales, aunque tuvieron una aceptación tácita en ocasiones del ministro Jordana. Pero, en general, sus hazañas obedecieron a un coraje moral propio.

De hecho, ¿el sucesor de Jordana, Lequerica, no fue condecorado por Pétain, el presidente francés aliado de los nazis?

Sí. En la sombra está Franco, que ofreció refugio a destacados nazis tras la derrota de Hitler, entre ellos Mengele, antes de que se fuera a Argentina. Franco detestaba a los judíos, aunque no por motivos racistas. Es curiosa la coincidencia que existe entre la extrema derecha y la extrema izquierda en su desprecio actual por Israel.

Otro paralelismo que aborda es el de la expulsión de los judíos de España y la persecución nazi...

Hay similitudes en las razones reales de ambas decisiones. Al igual que en la reacción de los judíos frente a ellas, pues creyeron que no podrían ocurrir. No obstante, los Reyes Católicos nunca consideraron a los judíos como sub-humanos, fueron más misericordiosos que la doctrina nazi.

Yendo a los protagonistas, un rudo taxista neoyorquino de origen judío, Philip, y una sofisticada marchante de arte, Carolina Valdés, ¿le dieron mucho juego narrativo por sus antagónicas personalidades?

Ella es una niña pija, cuyos padres son marqueses, él tiende a ser bruto y mal hablado. La confrontación es inevitable, al tiempo que una irresistible atracción. Mis novelas acostumbran a ser muy serias y dramáticas, pero aquí he podido introducir pinceladas de humor, mientras siguen el rastro del cuadro de El Greco, expoliado por los nazis al abuelo de Philip.

¿Es igual ante la página novelística que en las periodísticas?

Soy la misma, con idéntica ética y lealtad a mis principios. Quizá por eso me van echando de diversos medios, por díscola. De la literatura es más difícil que me echen.

Hubo un cierto alboroto por sus elevados ingresos en Telemadrid...

Lo que no se ha dicho es que esos contratos eran los habituales. O que, por ejemplo, Ana Pastor cobraba el doble que yo por un programa semanal en TVE y el mío era diario.