El Comercio

El escritor ovetense Gerardo Lombardero.
El escritor ovetense Gerardo Lombardero. / ÁLEX PIÑA

«Los 'atragantones' de versos están contraindicados»

  • Novelista y colaborador de este periódico, presenta esta tarde en Oviedo 'El amargo sabor de los rododendros', su primer libro de poemas

  • Gerardo Lombardero Escritor

Gerardo Lombardero (Oviedo, 1951) es ampliamente conocido por sus novelas históricas (desde 'El marquesito, Juan Díaz Porlier' a 'La pista de Edda Mussolini'). Hoy presenta en Oviedo (Librería Santa Teresa, 19.30 horas) su primer poemario: 'El sabor amargo de los rododendros' (Bajamar Ediciones). Es colaborador asiduo de EL COMERCIO y letraherido contumaz, ajeno a modas y capillas.

Toda su obra novelística está escrita a ordenador. Sin embargo, la poesía la escribe a mano en cuadernos artesanales...

Es cierto, a mano, bien con pluma o simplemente un lápiz. Relleno diferentes cuadernos, como un amanuense más, buscando la más absoluta inmediatez, la sensación inesperada o bien, la inspiración repentina. Es una cuestión de calor.

Su trilogía por excelencia es la de Machado, Juan Ramón y León Felipe. Empecemos por el primero: Borges prefería a Manuel Machado antes que a Antonio... ¿Los cantautores no le han hecho demasiado manido?

Pues disentimos, personalmente me gusta más Antonio Machado, es todo un pintor de la palabra. Sus poemas bien pudieran ser cuadros, con sus luces y sus sombras. De Juan Ramón Jiménez destacaría su sencillez inimitable, su medida del poema casi milimétrica, esa sensación de que todo es digno de ser contado. En cuanto a León Felipe, el verbo combativo, la plena reivindicación social y la puesta en duda de los principios religiosos. Para eso está la poesía y los poetas. En cuanto a los cantautores, para mí indican claramente lo acertado de unos versos y su conversión en letra de una canción. Son inevitables, pero también dan una universalidad nada desdeñable.

Por edad, su poesía debería estar más cerca de la Generación del 50. Se carteó con Gil de Biedma, a quien considera el mejor de todos ellos...

Pues no me considero de ninguna Generación, en ella, sea la que sea, te colocan los críticos o los pretendidos críticos. Yo, simplemente, escribo. Me carteé con Biedma y aprendí muchas cosas, entre ellas, dar la espalda a esa crítica y no por desprecio, sino más bien porque la soledad en poesía, la distancia de algunas voces, es más que necesaria. En cuanto a Gil de Biedma, con toda probabilidad sea el mejor de todos ellos, al menos eso me parece.

Hay numerosos poemas secos, inmediatos, donde la calle es la protagonista, como el que dedica a una mendiga...

Es verdad, pero es que la calle es un gran escaparate, lo que en ella ocurre, es inmediato, por lo tanto o se apunta o se olvida. En cuanto a la mendiga, precisamente por eso, es digna de un poema como cualquier otro. Mire usted, una de las manías de Pepe Hierro era la de escribir en una mesa de un bar, próximo a su casa, donde se pasaba las mañanas observando, por lo tanto escribiendo.

Compila en 'El sabor amargo de los rododendros' cerca de veinte años de versos secretos. ¿Quién es el interlocutor buscado, el lector ideal, para tal género?

En primer lugar, están escritos para mis ojos, sabiendo que algún día verían la luz. Quien quiera abrir sus páginas, leer un poema y sacar una conclusión, es bienvenido. Lo que me gustaría es, que tras este primer paso, leyese otro y después otro. Aunque los poemarios deben leerse con cierta mesura, un 'atragantón' de versos está contraindicado.

La poesía sencilla pero no simple parece ser su meta... Fue el máximo intento de la poesía social, Blas de Otero y Celaya.

Conozco la obra de ambos y la de muchos más, creo que tengo una selección de poemarios, todos leídos y masticados, que he ido reuniendo con el paso de los años. Si ha captado en mi obra poética la sencillez pero no la simpleza, es usted uno de mis lectores preferidos.