El Comercio

Adiós a la gran maestra de la palabra

María Elvira Muñiz, retratada en el año 2008 para una entrevista.
María Elvira Muñiz, retratada en el año 2008 para una entrevista. / CITOULA
  • Con calle en la ciudad, un premio con su nombre y en posesión de las medallas de Gijón y Asturias, formó a más de seis mil alumnos a lo largo de 40 años de enseñanza

Deja ese legado inmenso e intangible que es el saber impregnado en las mentes de todos los que fueron sus alumnos, que se cuentan por miles y la recuerdan hoy como una profesora brillante, capaz de llenar de magia sus clases, de traspasar su desmedido amor a la literatura a todos los que la escuchaban. María Elvira Muñiz, nacida a orillas del Caribe cubano -un 14 de marzo de 1923- y crecida desde los cinco años mirando al Cantábrico se fue ayer a los 93 años después de una vida plena.

Personaje imprescindible de la cultura gijonesa, la profesora, catedrática de Lengua y Literatura e impulsora de los valores asturianos, fue sobre todo la gran maestra de la palabra. Porque su vida fue leer y enseñar, porque la palabra fue el instrumento fundamental para formar a más de seis mil alumnos, entre ellos Vicente Álvarez Areces o Paz Fernandez Felgueroso. Ella que estudió Bachillerato en el Instituto Jovellanos, que se licenció en Filología Moderna en la Universidad de Oviedo en 1947, que leyó en 1962 su tesis doctoral dedicada a Feijoo y Asturias, que amplió estudios en el CSIC, la Menéndez Pelayo o la Universidad de Navarra, siempre tuvo la vocación de enseñar a otros.

Y eso hizo. En el Jovellanos, del que fue directora, el Doña Jimeña, en el instituto de La Calzada, del que fue cofundadora y directora, en la Asunción, el San Vicente y el Santo Ángel... Y también en Cangas del Narcea. «He pasado épocas enriquecedoras en cada uno de ellos», decía en una entrevista en EL COMERCIO en vísperas de recibir en 2008 la Medalla de Plata de Asturias. Ese mismo año recogió idéntico galardón en Gijón. Se confesaba entonces emocionada y feliz, porque además las distinciones le llegaban por hacer lo que quería, lo que le gustaba, por enriquecerse con el encuentro con todos aquellos alumnos que acabaron siendo amigos. Y eso que no era precisamente una maestra fácil: «Siempre fui muy exigente, porque si no, lo único que consigues es engañar al alumno. Y él es el primero que se da cuenta», decía la veterana maestra, que, pese a que le costó dar el paso, se jubiló en 1988. El día 14 de marzo pronunciaba su última lección en el Jovellanos, 'Eulalia de Llanos, una poeta gijonesa del romanticismo'.

También fue María Elvira Muñiz directora de la Cátedra Jovellanos de Extensión Universitaria, que se encargó de poner en funcionamiento. Pero es que su presencia en la vida cultural asturiana llegó a todos los ámbitos: fue directiva del Ateneo Jovellanos, miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos, socia del Ateneo Obrero, miembro del Patronato de la Fundación Dolores Medio y jurado de un sinfín de premios literarios, como el Gijón de novela, el Ateneo Jovellanos de poesía o la Bienal Internacional de Poesía Prometeo. Fue también impulsora de tertulias literarias y de un sinfín de proyectos siempre vinculados con las letras.

Las medallas de Asturias y Gijón no fueron las únicas distinciones que atesoró una mujer que recibió el Lazo de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio y que cuenta desde el año 2001 con una calle en Gijón. Además, también la ciudad a la que llegó desde La Habana siendo una niña creó un premio con su nombre dedicado a la promoción de la lectura en dos modalidades: el reconocimiento a una persona o entidad destacada en ese afán divulgador de las letras y otro dirigido a un colegio del municipio. Se sentía orgullosa de dar nombre a esos premios que llevan el sello de la Fundación Municipal de Cultura de Gijon. Y lo estaba porque para ella literatura y enseñanza eran indisociables. Por eso empleó buena parte de su tiempo a escribir y con una atención muy especial hacia los autores asturianos y gijoneses, a los que dedicó algunos de sus libros. Leopoldo Alas 'Clarín', Eulalia de Llanos o Dolores Medio fueron objeto de su estudio, como también lo fueron Joaquín Alonso Bonet y Alfonso Camín. No se olvidó nunca de las mujeres y su relación con la literatura, muy presentes en su obra.

Tuvo tiempo para todo una mujer siempre activa y dispuesta a la que ayer se lloraba en el tanatorio de Gijón. Allí, hoy, a las once de la mañana, habrá una celebración de la palabra antes de su traslado al cementerio avilesino de la Carriona para recibir sepultura en el panteón familiar. El funeral se celebrará el lunes, a la una de la tarde, en la iglesia de Nuestra Señora de Begoña.