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Víctor del Árbol, en Barcelona.
Víctor del Árbol, en Barcelona. / MARTA PÉREZ

«Todas las visiones que tenemos de la realidad son subjetivas»

  • El novelista catalán participará esta tarde en Gijón en el acto de clausura del congreso de la Asociación de Escritores Noveles

  • Víctor del Árbol Escritor

Último Premio Nadal, por 'La víspera de casi todo', Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) posee también el prestigioso galardón 'Le Grand Prix de Littèrature Policière' -que sólo se ha otorgado a otros dos escritores españoles, Vázquez Montalbán y Arturo Pérez Reverte-, concedido a su novela 'Un millón de gotas'. Su obra 'La tristeza del samurái' está traducida a una decena de idiomas. De familia humilde, ha sido seminarista, estudiante universitario de Historia y durante veinte años mosso d'escuadra. Hoy estará en Gijón en la clausura del congreso de la Asociación de Escritores Noveles.

Parece que su afición a la literatura se despertó cuando su madre, para irse a trabajar, le dejaba al cuidado de sus hermanos, siendo niño todavía, en una biblioteca pública. Allí se adentró en las viñetas de los tebeos. ¿El tebeo es el padre de todos los 'vicios' literarios?

Es la entrada al mundo de la imaginación. En mi caso, eran tebeos que reproducían a los autores clásicos, Homero o Julio Verne. Las lecturas vendrían después, con Hermann Hesse, quien me hizo entender la 'música' de la literatura, y un paso adelante, Albert Camus.

Durante veinte años fue mosso d'escuadra, al tiempo que escribía. ¿Un policía bajo sospecha?

(Risas). Siempre he sido una persona bajo sospecha, incluso para mí mismo. Fue una experiencia vital, tanto por lo que duró como por la edad crucial en la que transcurrió, de los veintitrés a los cuarenta y tres años. Aprendí mucho sobre la sociedad y acerca de mi propia personalidad. Es un trabajo que te obliga a hacerte preguntas.

¿Contemplar la realidad desde esa perspectiva no oculta otros hemisferios de la misma, lo que acaso también pudiera ocurrir con la novela negra?

Todas las visiones de la realidad son sesgadas y subjetivas, dependen de circunstancias personales y del entorno. En cuanto a la novela negra, aunque no creo en los géneros, pienso que es una literatura comprometida con su época. Hace ya tiempo que superó los prejuicios que se tenían contra ella por ser una literatura popular. Por ejemplo, en Vázquez Montalbán hay una radiografía de la sociedad. Con todo, entiendo la literatura como una transversalidad de géneros.

No obstante, alguna vez distinguió diferencias entre novela negra y policíaca. ¿Cuáles son?

En la novela policíaca, el protagonista acosumbra a ser un detective o alguien relacionado con la judicatura, y plantea mediante un enigma una especie de juego de pistas entre el escritor y el lector. La novela negra va más allá de esa trama enigmática, ahondando en los personajes y los temas.

Varias de sus obras, como 'El peso de los muertos' o 'El abismo de los sueños', se desdoblan en tiempos pretéritos y actuales. ¿Un diálogo entre el pasado y el presente?

Sí, esa es una marca de la casa, no sé si premeditada o espontánea. Busco en las raíces de los personajes porque el pasado nos condiciona.

¿Se puede decir que el éxito de 'La tristeza del samurái' supuso un punto y aparte en su trayectoria de escritor?

Sí, llegó cinco o seis años después de mi primera novela y yo era una persona más madura, que no mordía lo que no podía digerir. Siempre me he sentido escritor, pero cada uno hace lo que puede hacer, y a partir de ahí ya fue posible entregarme a la pasión de escibir en exclusiva.

Yendo a otro de sus títulos, ¿escribir es 'respirar por la herida'?

En cierto sentido, sí. Escribimos sobre lo que nos concierne, desde las emociones. Cuando escribí esa novela estaba atravesando un duelo por la muerte de una persona. No sé si la literatura tiene un efecto catártico, pero te ayuda a ordenar los sentimientos.

El Premio Nadal se le concede por 'La víspera de casi todo'. En realidad, ¿no son todos los días la víspera de casi todo?

Esa es la idea. Los seres humanos somos atemporales, en el sentido de que vivimos en tres tiempos, la ficción de la memoria que recordamos, el presente que nos toca y la esperanza de algo más en el siguiente destino. En esa brecha de la esperanza se cuela la literatura, la utopía. El horizonte es necesario para avanzar, aunque sepamos que quizá no lleguemos a ninguna parte.

Viene a clasurar el congreso de la Asociación de Escritores Noveles. ¿Qué se le puede decir a un escritor que se está iniciando?

Lo que quiero transmitir es que si el escritor no cree en lo que hace, no le creerá nadie. Esa es la clave. José Luis Sampedro afirmaba que escribir es vivir. Y de eso se trata, de la lucha por la propia verdad, más allá del mercado editorial.