El Comercio

«La misa hoy es una repetición de fórmulas y por eso es aburrida»

Alberto Piquero, Víctor Márquez Pailos y Luis Rubio, en el Ateneo Jovellanos.
Alberto Piquero, Víctor Márquez Pailos y Luis Rubio, en el Ateneo Jovellanos. / PAÑEDA
  • Víctor Márquez Pailos presentó en Gijón su último libro, 'Pequeño tratado de imperfección', y analizó la situación de la Iglesia en la época actual

El padre Víctor Márquez Pailos (Gijón, 1968) volvió ayer a su ciudad natal invitado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO y el Ateneo Jovellanos para presentar su último libro, 'Pequeño tratado de imperfección'. Para el público asistente al acto habló de fe, del mal y del bien como motores humanos, de fundamentalismos religiosos, del peso que tiene hoy la religión en España y hasta de la relación que el Estado tiene en estos tiempos con el credo. Sus intervenciones estuvieron guiadas por Alberto Piquero, colaborador como el protagonista de este diario.

El actual capellán del Hospital de Cantoblanco (provincia de Madrid) quiso primero defender el bien que hay en el mundo. «Lo bueno es más abundante, pero más invisible», explicó Márquez Pailos, al tiempo que aseguraba que «nuestra naturaleza está hecha para el amor, pero lo malo, que es inhumano, alarma, mientras que el bien da que pensar, algo que la sociedad de hoy quiere hacer lo menos posible». Fue entonces cuando Márquez Pailos habló de la desconfianza que producen las malas experiencias, apoyando su discurso en los abusos sexuales cometidos por curas: «Cosas muy concretas, más si son negativas e incluso traumáticas, van a marcar la orientazación de nuestra sensibilidad para siempre».

A la pregunta de si había un bien único y universal, el religioso puso de manifiesto el cambio de significado que ha sufrido la palabra 'dogma'. «Ahora está vacío de contenido porque es todo aquello que se impone; mientras que en griego significaba enseñanza», apuntó. «La misa hoy es una repetición de fórmulas y por eso es tan aburrida porque nada tiene que ver con la vida real. Antes eran vivencias compartidas», explicó, señalando que «cuando las cosas dejan de vivirse, empiezan a defenderse y que es ahí cuando comienzan las polémicas», que todas son inútiles porque en lugar de acercarnos, nos enfrentan. Por eso cree que el bien es el mismo para todos, no lo hay fuera de la conciencia: «El bien es aquello a alguien libre se adhiere, no aquello a lo que una estructura religiosa impone desde fuera».

El padre apoyó eliminar la visión antropológica del mundo que hace que nos preguntemos por qué estamos aquí y, de paso, apoyar una idea de indentidad colectiva. «No hay que dar respuesta a las cosas cuando aún no las tenemos», aseveró y bromeó con que «igual cuando hallemos vida extraterrestre las encontramos», tras poner de manifiesto que lo que «más parece que nos mueve hoy es el fútbol». Márquez Pailos aseguró que la humanidad es comunidad, no una especie, y que nuestra diferencia está en que evolucionamos «en base a la colaboración y no por medio de la selección natural».

La Europa que cerró sus puertas a los refugiados que huían de la guerra fue un tema tratado por el párroco, para quien todos venimos de un mundo que estaba «bien hecho» porque todo estaba claro, pero que ahora «ha entrado en crisis». Una de las formas más simples de lograr agruparnos, dijo, es tener un enemigo común. «El otro día vi a un joven marroquí cómo, en medio de la clase, se levantaba para rezar en un rincón. ¿Por qué no miramos estas cosas que tan poco tienen que ver con el islamismo fundamentalista», contó. En cuanto a la relación entre Estado e Iglesia, piensa que no tiene una más complicada que la de cualquier pareja, donde cada uno tira para un lado.

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