El Comercio

«El talante creativo es el emblema del genio»

  • Con sentido del humor y tendencia a la depresión, el suicidio y las drogas, son seres que escasean y tras ellos están «los grandes avances de la humanidad»

  • El psiquiatra asturiano Francisco Alonso-Fernández publica un ensayo que acota las claves de la genialidad

¿Qué es un genio? Más allá de lo que el lenguaje popular define como tal en el día a día, más allá de lo que es el ingenio, el talento o la sabiduría, la genialidad tiene definición médica y científica, se esconde tras ella la creatividad desmedida y el talento extraordinario. El psiquiatra Francisco Alonso-Fernández (Oviedo, 1934) acaba de publicar 'Genios y creativos'(Lo que no existe), un ensayo en el que a lo largo de 316 páginas analiza al detalle los rasgos que definen estas personalidades capaces de cambiar el mundo.

«Son talentos extraordinarios y por lo tanto analizarlos desde las dimensiones médicas siempre nos interesa», avanza este catedrático emérito de Psiquiatría y Psicología Médica de la Complutense con un buen número de doctorados honoris causa en su currículo. «Detrás de todos los grandes avances de la humanidad siempre se encuentra un genio», apunta, antes de dar las claves para reconocerlos y distinguirlos de otras personalidades también destacadas pero que no alcanzan esa categoría. «El talante creativo original es el emblema del genio», señala. Suelen ser también seres con una personalidad independiente, sólida y resiliente. «El genio siempre va a desarrollarse en la sociedad contra corriente porque su clave específica es el pensamiento original, libre, sin barandillas que se dice en alemán».

También es cierto que hay mucho de enigma en qué hay detrás de la genialidad, pero desde la medicina se han advertido cuatro factores vinculados a la fuente creativa: uno es una mutación genética, otro, el haber tenido una madre musa (culta y cariñosa), la vivencia de orfandad (en sentido estricto del término o en el de recibir poca atención de los otros) o un trastorno mental («pero quede claro que no vamos a equiparar genio y locura, son dos cuestiones distintas»).

Claro que si bien esos factores están ahí, no son suficientes. Un genio nace sí, pero también se hace. Necesita formación. Y de forma muy especial en determinados arquetipos del genio. El doctor Alonso-Fernández distingue tres: el científico, el literario y el artístico. Cada uno tiene lo suyo: «El genio narrativo es el más sufrido de todos, porque tiene que jugar con la realidad externa, con la interna y con sus ideas y encima está mortificado por la inspiración, que es más caprichosa en lo literario que en lo artístico», apunta el estudioso. El artista recibe con mayor facilidad a las musas y el científico ha de fiar más su genio a la formación que el resto. «Eso explica que en España haya más genios artísticos que científicos, los latinos tenemos poca paciencia para la formación». Porque además lo que en escritores y artistas es pura creación en los científicos se torna descubrimiento.

Los genios, de uno u otro arquetipo, acostumbran a tener sentido del humor. «Es raro que un genio no lo tenga, le pongo ejemplos, Bernard Shaw se compró cuando tenía una avanzada edad unos guantes de boxeo para pelear y Albert Einstein se retrató sacando la lengua». Alude también el psiquiatra a la comicidad absurda que comparten otros dos genios literarios, Kafka y Cervantes. «Me apasionan los genios porque siempre esconden recovecos y sorpresas», dice el estudioso, que lamenta que en muchos casos la estimación social les llegue una vez muertos. O viceversa. «Su valoración es muy versátil, los que son considerados en vida como genios son olvidados en la muerte, y a la inversa», apunta el psiquiatra asturiano.

Por cierto que tienen tendencias perniciosas los genios: las drogas, la depresión y el suicidio. «Dentro de los genios ha habido varias epidemias, en el siglo XV y XVI hubo un brote de alcoholismo entre los pintores renacentistas; en el XIX, una epidemia de hachís entre los escritores franceses, capitaneados por Baudelaire y Balzac; en el XX, otro de alcoholismo entre los escritores norteamericanos, como Truman Capote o Hemingway».

Pero que nadie se llame a engaños: «La genialidad escasea muchísimo». Así que mejor no confundir genio con ingenio. Y menos aún capacidades psicomotoras extraordinarias -como las de Messi- con la genialidad, que es otra cosa bien distinta, como lo son también los sabios y los superdotados. «Los sabios son como el anciano de la tribu, personas que van adquiriendo conocimientos; los superdotados se caracterizan por su inteligencia fluida y su capacidad para adquirir conocimiento y verbalizarlo», resume el psiquiatra. Genios son Einstein, Beethoven y Dostoievki, Goya y Ramón y Cajal y un ejemplo de superdotado y también sabio sería el Nobel asturiano Severo Ochoa.

Habrá advertido el lector que aún no ha aparecido en este reportaje un solo nombre de mujer. Y no es porque la genialidad no tenga sexo femenino, sino que lleva siglos oculta y coartada. «Prácticamente hasta hace 45 años genios femeninos había poquísimos, pero porque hasta entonces la mujer estaba enjaulada, tratada como una discapacitada, tutelada por el padre y los hermanos, sin posibilidad de formación». Y aún así, aún resuenan nombres fundamentales como el de Marie Curie o Virginia Woolf. «Con la píldora contraceptiva y el control de la natalidad aparece una mujer nueva y eso hace que cristalice la genialidad que anteriormente era imposible».

Un tropel de mujeres geniales está por venir una vez que el tiempo ponga a cada uno en su lugar. Es muy difícil definir a los genios vivos de hoy porque para verlos se precisa de una cierta perspectiva. La muerte da vida a muchos genios.

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