El Comercio
Ángel Pariente, en una de sus últimas visitas a Gijón.
Ángel Pariente, en una de sus últimas visitas a Gijón. / E. C.

Muere el escritor Ángel Pariente, fundador de Ediciones Júcar

  • Premio de la Biblioteca Nacional por 'Diccionario bibliográfico de la poesía española', tenía 70 años y una vida llena de versos

Llevaba Ángel Pariente viviendo en Madrid desde hacía medio siglo. En el 65, con 28 años recién cumplidos se fue desde su Gijón natal a la capital con sus versos y un sueño. Allí moría ahora, siete décadas después de haber llegado al mundo en Gijón, justo un mes de abril como este. Nacía Pariente el día 5. Mañana cumpliría 70 años de una vida en la que escribió miles de versos y por la que viajó con dos nombres. El otro, también real, fue Manuel Aragón. Y es que Ángel Pariente -así rubricaba su obra más personal- era en realidad, Ángel Manuel Pariente Aragón. Como Manuel Aragón este poeta, ensayista, traductor y estudioso, que fundó en los primeros años setenta la editorial Júcar, firmó y dirigió las colecciones más representativas de esa empresa literaria que estuvo siempre vinculada a Asturias. Aquella dedicadas a 'Los poetas' y la que fue llamada 'Biblioteca de Traductores'.

Moría Pariente sin llamar la atención. De hecho cerró los ojos varios días atrás, el lunes día 27. Llevaba ya algunas semanas hospitalizado con diversas dolencias.

Premio de la Biblioteca Nacional de España, que le otorgó el galardón de Bibliografía por su 'Diccionario bibliográfico de la poesía española (siglo XX)' en 2002, había visto despertada su obra lírica hace tan solo tres años. En 2014 bajo el título 'Poesía (1966-2013)' quedó reunida toda su obra poética, incluyendo un inédito, 'El tiempo de las cerezas'.

Pero Pariente no fue solo un poeta, un poeta que dio luz a ocho volúmenes de versos. También dejó una importante huella como ensayista, dedicando una especial atención al surrealismo, a través de títulos de referencia como 'Antología de la poesía surrealista en lengua española' o 'Razonado desorden'. Como traductor también destacó. De su mano está en nuestro idioma la obra completa del conde de Lautréamont.

Pero su gran legado es la poesía. Una actitud ética y de compromiso hacia ella llena, por otro lado, de desesperanza y la desazón. Esas fueron dos de sus señas de identidad, pero en realidad, sus versos están llenos de símbolos y de elementos que tenían mucho que ver con el surrealismo al que tanto admiró.

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