«El Cela auténtico fue el vagabundo»

Camilo José Cela Conde, en la Cátedra Alarcos.
Camilo José Cela Conde, en la Cátedra Alarcos. / PIÑA
  • El hijo del Nobel gallego ofreció una charla en la Cátedra Alarcos de la Universidad de Oviedo

La Cátedra Alarcos de la Universidad de Oviedo celebra el Centenario del Premio Nobel Camilo José Cela, unido a los actos del Día del Libro, con la venida de su hijo, Camilo José Cela Conde, jubilado de la enseñanza universitaria en Palma de Mallorca, escritor y antropólogo de éxito con un sinfín de publicaciones en su haber, cuya ponencia no pudo despertar más interés: 'El taller del escritor'. José Antonio Gómez, por parte de la Facultad de Filosofía y Letras, calificó el acto de «un lujo en la llamada Real Universidad Literaria de Asturias, en palabras de Canella». Josefina Martínez, directora de la Cátedra, equiparó a Cela con Alarcos: «Ambos al cabo de la calle, en el ajo de la cuestión, unidos por una amistad constante y sin fisuras». Eduardo San José, profesor de Filología Hispánica, subrayó «las veces que la máscara coincide con el actor»: su afán por escribir y no tanto por ser escritor, los dedos deformados de su mano derecha debido a sus extenuantes jornadas, su condición plena de menestral (el que trabaja con las manos) y de obrero de la pluma. Para San José: «Nuestro Dickens, nuestro Víctor Hugo, hermanado con Asturias en la figura de su amigo Alarcos y de Juan Benito Argüelles, muchos años secretario personal, fundador de Tribuna Ciudadana y del Premio Tigre Juan».

El grueso de la intervención del Cela Conde lo llevó glosar al vagabundo, el protagonista del viaje a la Alcarria o del Madrid asfixiante de posguerra en 'La Colmena': «El Cela auténtico fue el vagabundo, aquel al que Pío Baroja no quiso prologar su primer libro, el Pascual Duarte, porque opinaba que ir a la cárcel era cosa de jóvenes». Destaco el afán persistente en su progenitor de no guiarse por la facilidad: «Escribir de otra forma siempre como único reto». El afán indesmayable de buscar nuevos registros. Un escritor de herramientas modestas, pluma y papel, holandesas o pasquines comerciales, para quien sentarse a la mesa a trabajar un mínimo de diez horas era lo prioritario.