El amor poliédrico y todo lo que concita

El libro se divide en tres partes: en la primera, Artigue rinde un homenaje a la poeta Safo y a su fragmentario discurso, que sirve de excusa para buscar un nuevo ritmo lleno del evanescente lirismo del mundo griego y del de Safo en particular. La segunda parte recorre el París de los años 20 del siglo pasado con el retrato de conocidas artistas, glamurosas y rebeldes, que siguen la lejana estela de Safo. La última parte lleva a un hombre nuevo, 'al hombre de cristal', que ha de estar, en palabras de Anaïs Nin, «dispuesto a cambiar la rigidez por la flexibilidad, el hermetismo por la franqueza, los papeles incómodos por la comodidad de no tener que representar ningún papel». Luis Artigue nos entrega con 'La ética del fragmento' un poemario vitalista y optimista, no exento de humor («¡Ahora que soy feliz/ -va otra sonrisa para la cámara-,/vaya cómo se ha vaciado mi vida desde que todo está en orden!»), donde el autor huye tanto de cultismos arcaizantes como de un lenguaje fácil y coloquial, buscando un punto medio de difícil equilibrio en el que el amor, el amor poliédrico y todo lo que él concita, obliga al lector a una esmerada implicación en la obra.

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