«Muchas artistas con carreras deslumbrantes no son conocidas por el hecho de ser mujeres»

Ángeles Caso, con su libro 'Grandes Maestras', en Oviedo. / ALEX PIÑA
Ángeles Caso, con su libro 'Grandes Maestras', en Oviedo. / ALEX PIÑA
Angeles Caso Escritora y editora

La autora gijonesa presenta hoy en Oviedo 'Grandes maestras' y ultima con su editorial una versión sin censura de 'Nosotros, los Rivero'

P. A. MARÍN ESTRADA OVIEDO.

La escritora y periodista Ángeles Caso (Gijón, 1959) presenta esta tarde en el Espacio Circus de Oviedo, en la calle del Marqués de Santa Cruz número 14, a las 20 horas) y de la mano del Foro Abierto de la Librería Cervantes 'Grandes maestras', una reivindicación de las mujeres en el arte occidental desde el Renacimiento al siglo XIX que ahonda en la divulgación de su anterior libro, 'Ellas mismas'. Ambos están publicados por su propia editorial, La Letra Azul, un sello en el que también reedita ahora 'Nosotros, los Rivero' de Dolores Medio, con el original íntegro que podó la censura y que será presentado en los próximos días.

-'Grandes maestras', el título ya reivindica bastante...

-Ellas tuvieron el título oficial de maestras, habían superado las pruebas que se requerían para ejercer el oficio. Eran maestras en sentido estricto. Quise jugar con ese doble concepto: en la visión androcéntrica de la historia del arte se habla de 'los grandes maestros', nunca se ha contado con las grandes maestras.

-Las artistas presentes en su libro son muestra de ello...

-Son 100, las hay con carreras deslumbrantes y otras con carreras más modestas, pero la mayoría tuvieron un gran reconocimiento, fueron muy famosas en su momento, tuvieron el patronazgo de los grandes mecenas de Europa, se codearon con los mejores -varones- en el arte de su tiempo y luego desaparecieron. Si no las conocemos no es porque no fuesen buenas, sino porque fueron mujeres.

-¿Desde el renacimiento al XIX cómo fue la evolución de su papel en la sociedad?

-Mi teoría es que todo se desbarata en el XIX. Mientras existen los gremios la economía se sustenta en el núcleo familiar: las mujeres -no todas-, tienen acceso a la formación, están en el taller desde niñas, se van formando así, a veces no siguen la carrera y otras sí. Con la desaparición de los gremios, la aparición de la economía capitalista y el cambio de concepto de artista con el romanticismo, a las mujeres las apartan, en las escuelas de arte les prohíben el acceso.

-Hasta entonces ¿cómo era la relación con sus compañeros de oficio?

-Hasta el XIX muy normal, incluso las que no proceden de familias de artistas tienen acceso a talleres para formarse. Siempre son pocas respecto al número de hombres pero siempre existieron. En el gremio de San Lucas de París, en 1764, el porcentaje de maestras de pintura es el 22%: 199 mujeres frente a 901 hombres.

-En el libro hay españolas como Luisa Roldán...

-La Roldana, escultora de cámara de Carlos II y Felipe V, el máximo honor al que podía aspirar un artista. Era hija de un imaginero sevillano Pedro Roldán. En los libros de historia sobre el Barroco aparece él y nunca su hija: históricamente su carrera fue más importante que la de su padre.

-¿Hay algo singular en los temas que tratan?

-En el XIX se centran en el ámbito íntimo, sus familiares, representación de la infancia, las maternidades, espacios domésticos: cocinas, por ejemplo, momentos de calma de otras mujeres. La pregunta para la que no tengo respuesta es si esto es lo que ellas querían contemplar o si las obligaban, probablemente sea mezcla de ambas cosas. Se dice las mujeres nunca hicieron desnudos: está lleno de desnudos, cuadros de historia, etc.

-La propia historia ocultó sus nombres...

-Se les robó directamente. Se atribuían a hombres algunas obras de ellas, es el caso de Sofonisba Anguissola, cuyos retratos en la corte de Felipe II que están en el Prado, hasta hace 20 años se atribuían a Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz, varones...

-¿Reescribir esa historia es el objetivo del libro?

-Es una pequeña contribución a la investigación de género, en la que hay estudios poco accesibles al gran público, yo no investigo en los archivos, soy divulgadora del trabajo que otras historiadores han hecho. Y quería también presentar la obra de estas artistas con la dignidad que se merece.

-Su editorial La Letra Azul sirve a este propósito...

-El volumen anterior, 'Ellas mismas', me obligó a montar mi propia editorial, en la que no quiero publicar sin más, sino cosas que tengan un significado añadido a la pura edición del libro...

-Títulos como la reedición de 'Nosotros, los Rivero' de Dolores Medio...

-Fue una sugerencia de Concha Quirós. Al releer la novela tuve la impresión de que le habían metido tijera, me puse a indagar: Dolores nunca habló de ello. Encontramos el expediente completo de censura en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Ella presenta el libro a la censura en 1952 y le dicen que no: ataca al dogma, la moral, el Régimen...Ella responde justificando el libro y preguntando qué tiene que quitar: hay una poda, luego presenta la novela al Nadal y se lo conceden en enero del 53. Hasta que aparece en abril, creemos que aún hace otra poda.

-¿Qué quita?

-Sobre todo parte del final, que sucede en la revolución del 34. A pesar de todo ello Dolores fue muy valiente, se ve al leer ahora el original: dejó mucho de lo que le pedían quitar.

-¿Cómo valora hoy su novela?

-Me planteo en el prólogo si ella y otros autores de su generación no habrían sido mejores de no haber existido la censura y creo que sí. La novela es mejor ahora con el original completo: es una obra interesantísima, un relato generacional y muy audaz del ambiente que se respiraba en aquel Oviedo de la República en el que la protagonista se rebela a la vida que le marcaba su ámbito social.

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