Carlos Zanón: «El protagonista de 'Taxi' busca alargar el viaje con una copa más»

Miguel Rojo, Ignacio del Valle, Carlos Zanón y Luis Rubio Bardón, en la presentación del libro. /  P. UCHA
Miguel Rojo, Ignacio del Valle, Carlos Zanón y Luis Rubio Bardón, en la presentación del libro. / P. UCHA

El escritor muestra en Gijón su último trabajo, una novela que recorre Barcelona, «esa Babilonia que cantaba Loquillo»

P. A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

El Ateneo Jovellanos acogió ayer en un acto amparado por el Aula de Cultura de EL COMERCIO la presentación de 'Taxi' (Salamandra), la última novela de Carlos Zanón (Barcelona, 1966) y lo hizo de la mano del escritor asturiano y colaborador de este periódico Ignacio del Valle. Fue un acto sin concesión a las formalidades en el que se pudo disfrutar de un enjundioso cuerpo a cuerpo de dos de los narradores más inquietos e insobornables del panorama literario español conversando acerca de la nueva obra, pero sobre todo de lo que les une -aparte de sus complicidades-, el oficio de escribir y la realidad que busca entender.

No en vano había sobre la mesa «una gran novela y dos extraordinarios escritores», como señaló el presidente del Ateneo, Luis Rubio Bardón, en un acto en el que también participó el jefe de Cultura de este periódico, Miguel Rojo. De la novela dijo Del Valle que podría titularse 'La noche y sus túneles', ya que recorre las calles nocturnas de una ciudad -Barcelona- que es «esa Babilonia que cantaba Loquillo y en la que en cada esquina hay una historia y una canción que alimenta esa historia». El texto de Zanón presenta en ese microcosmos «un relato negativo de aquello que precisamos, la necesidad del perdón, el amor, el cuidado» y lo hace en un mundo, dijo su compañero de mesa, evocando el libro, «en el que todos se mueren, menos Kirk Douglas».

Comenzaron dialogando a propósito de Gaudí ( «¿Barcelona sin Gaudí se puede concebir?», planteó Ignacio del Valle) y pronto apareció en escena el personaje principal de la novela, el taxista Sandino, un tipo «derrotado, que parece tener el síndrome de Nochevieja, siempre en busca de alargar la intensidad de la fiesta», dijo el asturiano. Su creador lo describiría como alguien «que no sabe lo que quiere, un personaje ambiguo, complejo, cobarde y valiente, como lo somos todos». El barcelonés marcó algunas de las coordenadas en las que su protagonista se mueve. «El personaje de Mastrioniani en 'La Dolce Vita', algo de 'Taxi Driver' y el viaje de un Ulises que trata de volver a casa aunque no es muy casero y es de los que buscan siempre alargar el viaje con una copa más».

Sandino es taxista, como lo fue el padre de Carlos Zanón. «De crío me fascinaba su trabajo: apenas madrugaba, no tenía jefe y se pasaba el día conduciendo», aunque el oficio de su personaje le vino por otros rasgos. «Los taxistas van de un lado a otro y les da igual, dependen de los demás» y «escuchan miles de historias aunque luego no recuerden el rostro de su cliente». Su personaje se deja llevar así por la vida pero además le impulsa una constante búsqueda de la intensidad a través de múltiples amantes. Alguien que le sirve a su autor para reflexionar sobre las verdaderas cuestiones de cualquier vida. «Por qué estás donde estás, por qué te quedas o por qué quieres cosas que vas a perder». Las claves que la literatura verdadera siempre ha planteado y que mueven a pensar en esta novela fascinante del escritor barcelonés.

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