«No, no creo que el legado de Ángel González pueda estar en Oviedo»

Susana Rivera, en una visita a Oviedo. / ÁLEX PIÑA
Susana Rivera, en una visita a Oviedo. / ÁLEX PIÑA
Susana Rivera, viuda de Ángel González

«Su obra está muy vigente, tiene muchos admiradores jóvenes y constantemente me piden autorización para incluirlo en distintas publicaciones»

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Atiende desde Nuevo México, donde vive y donde compartió vida con el poeta ausente ya desde hace diez años. Tal día como hoy de 2008 decía adiós a la vida Ángel González, al que hoy se recuerda en Oviedo con una ofrenda floral en el cementerio y con una lectura poética en el salón de Té del Teatro Campoamor. Su viuda, Susana Rivera, es su heredera universal y la encargada de gestionar su legado. La polémica la ha acompañado en esa tarea.

-¿Cómo han sido estos diez años sin Ángel?

-Mucho más difíciles de lo que tenían que haber sido. Aparte de perder a una de las personas que más he querido y con quien compartí treinta años de mi vida, tuve que luchar infatigablemente para que se cumpliera su voluntad testamentaria, y no me fue posible conseguirlo; aunque, en realidad, no fue su voluntad sino la de los que lo presionaron para decir que quería una fundación. Lo que ocurrió me recuerda a 'Zorba el griego': en una escena degollan a la viuda del pueblo por el simple hecho de serlo; en otra, mientras una anciana agoniza, los buitres están esperando a la puerta de su casa para llevarse todas sus pertenencias en cuanto emita su último suspiro.

-¿Cómo empezó todo?

-Mi horror comenzó el mismo día del entierro, pues a los patronos les pareció necesaria una reunión de trabajo nada más depositar las cenizas de Ángel González en el cementerio. Fue un caos total, un griterío incomprensible, con algunos peleándose e insultándose... Yo los miraba asombrada pensando que esto no se trataba ni de un trámite burocrático ni de un negocio, sino de la muerte de un ser humano, pero eso no le parecía importar a nadie, lo importante era empezar a aprovecharse de su nombre cuanto antes; obligarme a presenciar esa algarabía en ese momento fue francamente brutal. Luego, tuve que defenderme de las manipulaciones del testamento. Creo que querían hacerlo todo mientras estaba todavía aturdida para que no me diera cuenta de que estaban intentando engañarme y vulnerar la voluntad de Ángel. Pero resulta que antes de firmar su testamento mi marido insistió en repasarlo conmigo minuciosamente para que no hubiera ninguna posibilidad de que eso ocurriera, por eso no pudieron salirse con la suya. Total: durante los primeros dos años tuve que protegerme de un auténtico desahucio, los siguientes cuatro los dediqué casi exclusivamente a levantar la fundación sin recibir ningún apoyo.

-¿Cuál es la vigencia de su obra?

-Su obra está muy vigente, sé que tiene muchos admiradores entre los jóvenes y constantemente recibo peticiones de autorización para incluirlo en antologías, libros de texto, musicalizaciones, traducciones, etcétera. He dado permiso para todo, y sin pedir un céntimo.

-Se publica 'La luz a ti debida', con cinco poemas inéditos, que usted ha cedido.

-Ángel tenía dos carpetas en el ordenador: una contenía el documento del libro terminado, 'Nada grave', que tenía que haberse publicado en vida, pero se retrasó y se publicó póstumamente; otro era un libro incompleto, en marcha, titulado 'Almanaque', que son poemas a los meses del año en tono lúdico y festivo. En la otra carpeta también había dos documentos: uno llamado 'Poemas', que significaba que no los daba por terminados, los quería trabajar más, ésos nunca saldrán a la luz y no los verá nunca nadie; el otro documento lo tituló 'Papel viejo' y se compone de poemas terminados, dados definitivamente por buenos, pero que a Ángel no le parecía que encajaban dentro de ninguno de sus libros. Unos cuantos los dio él mismo para publicar en alguna revista. En este documento estaban los cinco poemas que envié para 'La luz a ti debida'.

-¿Participará en algún acto de homenaje?

-Sí, en el Instituto Cervantes de Albuquerque le vamos a hacer un homenaje en abril coincidiendo con el Día del Libro. En Oviedo participaré en un congreso internacional dedicado a él que organiza la Cátedra en mayo. Todo esto y lo que se hará en el futuro garantiza que su poesía esté siempre presente.

-¿Qué pasará con el legado de Ángel? ¿Se quedará en Nuevo México o algún día podrá estar en Oviedo?

-Ya casi es seguro, aunque no del todo, que se quedará en la Universidad de Nuevo México. Durante años mi preferencia era Oviedo, pero ya no me apetece que esté en una ciudad que no quiso su fundación y luego entre muchos hicieron pensar que era yo quien no la quería: nadie me ayudó ni defendió públicamente. Me parece un insulto a Ángel y a mí que en España lo vinculen constantemente con las personas que lo traicionaron a él y me difamaron a mí. Es humillante que en Madrid esas personas le rindan un falso homenaje para lucirse ellos. Uno de los participantes es Joaquín Sabina [finalmente no acudió, aunque estaba anunciada su presencia], que es el que más lo presionó para decir que quería una fundación, pero a la hora de levantarla no hizo nada. Este verano me llamó a mí y a las demás viudas de escritores 'un cáncer', lo cual demuestra que la persona es aún más machista que sus canciones. Ni siquiera le caía bien a Ángel; al principio tenía curiosidad por el personaje porque sus canciones no le gustaban y no entendía su fama. El verdadero cáncer son los hombres ricos, famosos y poderosos, que, por serlo, piensan que tienen el derecho a engañar a las mujeres. Después de todo lo que ocurrió, si España quiere sus cosas, tendrán que convencerlo a él y a todos los que me difamaron para que se retracten y me pidan perdón públicamente. Tendrá que empezar todos sus conciertos gritando: «¡Yo engañé a Ángel González!» y «¡Susana Rivera no es un cáncer!». Habrá que grabar lo mismo en los bombines, camisetas, y otros objetos que vende, las ganancias irán a la Cátedra o a la fundación si la levanta; deberían levantarla ellos. Si no saben cómo, podrían contratar a alguien que sí sepa, se le puede pagar con lo que Sabina no paga a Hacienda. También habrá que aclarar la ridiculez de que Almudena Grandes y Luis García Montero lo cuidaban y que Ángel era como el abuelo de sus hijos, como dicen constantemente. Lo mismo han dicho de Rafael Alberti y Francisco Ayala, no sé qué pretenden conseguir con hacerse pasar como los canguros de España. Esté donde esté creo que Ángel se está partiendo de la risa. Dicho todo lo cual, no, no creo que el legado de Ángel González pueda estar en Oviedo ni en ninguna parte de España. Esos hombres poderosos que abusan de su poder tienen que darse cuenta de que su comportamiento inmoral puede tener consecuencias.

-¿Cómo valora el trabajo de la Cátedra Ángel González?

-Para mí la Cátedra es como un milagro porque sé que para crearla se tuvo que lidiar con los mismos obstáculos con los que me enfrenté yo cuando intenté levantar la fundación: el miedo a la competencia y no querer repartir el pastel. Los creadores, Araceli Iravedra, Leopoldo Sánchez Torre y Vicente Domínguez, han actuado con gran profesionalidad y eficacia; lograron la financiación necesaria para una actividad constante que divulgue la obra de Ángel González y para un premio de investigación. Yo les estoy inmensamente agradecida. Valorando lo que han hecho hasta ahora con tantos problemas, creo que, si se les permite, seguirán creciendo. Ojalá así sea. Al final quizás sea mejor una Cátedra porque depende de la Universidad y no de los vaivenes políticos como es el caso de las fundaciones.

-¿La fundación está ya, pues, completamente descartada?

-Esta es una pregunta para los políticos y dirigentes culturales asturianos. Yo nunca descarté la fundación e hice todo lo que pude para levantarla, pero no soy ni una Rockefeller ni una Juana March. Algunos de los patronos e instigadores de la fundación, económicamente, sí gozan de ese estatus, podrían levantarla si quisieran, pero ya que Ángel me nombró heredera universal y presidenta de la fundación y no soy manipulable, no les conviene. Me desviví por esa fundación y por Asturias, y a cambio recibí ataques, críticas, insultos, burlas. En 2010 fui de puerta en puerta buscando apoyo y no lo encontré. Todavía no salgo de mi asombro de que al Principado no le haya interesado lo más mínimo. Por hacer lo que ahora está haciendo la Cátedra hubieran recibido todas las pertenencias de Ángel González. Con la biblioteca de Ángel y la donación de la de Manuel Lombardero, junto con la biblioteca del Aula de las Metáforas en Grado, es posible que la mayor concentración de libros de poesía en habla hispana podía haber estado en Asturias. No puedo creer que hayan dejado pasar esa oportunidad, sin duda ha sido un gran error.

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