«Una mujer nos pidió que abrigáramos a su marido muerto porque era muy friolero»

Héctor Castiñeira, con una imagen de Satu, su Enfermera Saturada, que le ha dado cuerda para su ya cuarto libro. / E. C
Héctor Castiñeira, con una imagen de Satu, su Enfermera Saturada, que le ha dado cuerda para su ya cuarto libro. / E. C

Enfermera Saturada, el personaje creado por el enfermero de Lugo Héctor Castiñeira, quien relata con ironía y descaro lo que ocurre en los hospitales pasillos adentro

LAURA FONSECA GIJÓN.

Satu es el alter ego de Héctor Castiñeira, un enfermero de Lugo de 34 años que entre suero, pinchazos y gasas ha decidido probar suerte con la literatura. A través de este personaje bautizado como Enfermera Saturada y que nació en las redes sociales, cuenta los sinsabores, anécdotas y penurias de la enfermería española. Satu, eterna eventual pese a sus más de quince años de trabajo en la sanidad pública, relata con ironía y descaro lo que ocurre en los hospitales, pasillos y habitaciones adentro. Su autor presenta hoy, a las siete de la tarde, en la Casa del Libro en Oviedo (Palacio Valdés, 13), su cuarto libro: 'Suero de una noche de verano'.

-¿Cómo nace Enfermera Saturada?

-Empecé hace cinco años en Twitter, y como gustaba mucho, luego creé un blog y de ahí dí el salto al libro.

-¿Recuerda su primer tuit?

-Creo que era algo así como 'Con buenas venas no, que me enamoro'.

-Usted es enfermero, pero su personaje es Satu, una enfermera.

-Decidí contarlo con voz de mujer porque son mayoría en enfermería.

-¿Fue fácil publicar?

-¡Qué va! Al principio, no me quería nadie y tuve que autopublicarme.

-¿Y ahora va por 150.000 ejemplares y cuatro libros?

-(Se ríe). Sí, sí, ahora puedo elegir editorial y no solo darle la lata a mi familia para que me compre el libro.

-¿De qué está saturada Satu?

-Uf, de muchas cosas. De la precariedad laboral, del hospital, de la supervisora, de la falta de recursos, de las señoras que le dicen qué venas tiene que pinchar.

-Sus libros son como sesiones de desahogo. Ya no le hace falta ir al psicólogo, ¿verdad?

-Ja, ja. El sentido del humor nunca hay que perderlo; ayuda mucho, sobre todo en ámbitos hospitalarios donde convives con la vida y la muerte cada minuto. Mi escudo ante el dolor es el humor.

-¿Qué le dicen sus compañeras y compañeros?

-Al principio, no sabían que yo era 'Enfermera Saturada'.

-¿Cuándo salió del 'armario' literario?

-A los dos años de empezar a publicar. Lo hice un poco forzado porque el personaje era bastante conocido entre el colectivo de enfermeras y me vi obligado a decir que era yo quien escribía esas historias. Ahora me paran para contarme anécdotas.

-¿Y qué le cuentan?

-De todo. Estuve algún tiempo en Maternidad. Ahí se dan muchas anécdotas, como la de un padre primerizo que, cuando estaba cambiando el pañal a su bebé, al peque se le cayó la piel del cordón umbilical. El padre salió corriendo con la piel en la mano, gritando como si el niño se fuera a desinchar. También hubo otros padres que vinieron a Urgencias porque su bebé de cinco días había estornudado y ellos creían que un niño tan pequeñito no podía estornudar.

-¿Todo lo que cuenta aquí es real?

-Todo, todo... y más.

-¿Como lo del paciente que va a Urgencias con vómitos y pregunta si puede comer?

-Sí, o el que te da un timbrazo y te llama desde la habitación para preguntarte la clave de la wifi.

-¿Algo surrealista que le haya pasado a Satu?

-Más que surrealista, triste. Una mujer cuyo marido murió en el hospital nos pidió, cuando lo llevábamos a la morgue, que lo tapáramos con una manta porque él era muy friolero.

-¿Lo de la burbuja de aire en el suero es una leyenda urbana?

-(Carcajadas). Es una leyenda, leyenda, pero está superarraigada.

-Cuatro libros contando penurias y anécdotas de enfermeras, ¿se anima con los colegios de enfermería, que están un poco revueltos?

-Uf, la verdad que hay muchos colegios en los que falta mucha transparencia. Estaría bien poder entrar ahí y contar el lado oscuro.

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