«La felicidad no se puede encontrar sin los demás»

Inmaculada González-Carbajal. /  PABLO LORENZANA
Inmaculada González-Carbajal. / PABLO LORENZANA

La doctora Inmaculada González-Carbajal invita a reflexionar sobre el sentido de la vida en su libro 'Y al final... todos calvos'

P. A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

«No sé dónde está la felicidad, pero sí sé que no todos los caminos llevan a ella». Esa fue una de las muchas y lúcidas reflexiones que expuso ayer la doctora homeópata Inmaculada González-Carbajal (Avilés, 1955) durante la presentación de su último libro 'Y al final... todos calvos' (Trabe) en la librería gijonesa La Buena Letra. El volumen -prologado por el escritor Manuel García Rubio e ilustrado por el pintor Vicente Pastor- plantea algunas pistas para emprender otras rutas que, si no conducen directamente a la la felicidad, sí pretenden recordar al lector que «nunca la vas a encontrar sin los otros», afirmó su autora.

González-Carbajal estuvo acompañada por la editora Esther Prieto, quien definió el libro como «una guía de cómo vivir» y que, a pesar de ello, «no es un libro de autoayuda». Una reflexión que compartieron los otros presentadores, el patrono de la Fundación Pájaro Azul (de la que es presidenta la escritora) Javier Gámez y el colaborador de este periódico Alberto Piquero. Para el primero no se trata de una obra del género de la autoayuda «pero sí un libro que ayuda porque nos invita a reflexionar sobre la vida con sentido, y sobre el sentido de la vida». Piquero elogió el tono y la intención del texto desde el mismo título: «'Y al final... todos calvos', comienza recordándonos Inmaculada, porque sabe que el tiempo es oro, la vida muy corta y es necesario vivirla conforme al deseo como motor positivo, no como un capricho de cine», manifestó en su intervención.

El colaborador de EL COMERCIO aludió a los viajes que articulan gran parte del libro y a la experiencia de la autora para definirlo como «un viaje en el que el destino es el corazón». Precisamente uno de esos viajes narrados, hacia las cumbres de Machu Pichu en Bolivia, le sirvió a González-Carbajal para «poner los pies en la tierra», compartiendo camino con los campesinos indígenas «que no tenían nada. No llegamos a Machu Pichu pero me encontré con el sufrimiento de los demás». La escritora avilesina evocó una de las citas que aparecen en el libro del filósofo Burke. «El mal avanza mientras los hombres de bien miran para otro lado» para observar que esa indiferencia ante el dolor ajeno «nos lleva a ser cómplices de auténticos desatinos». Una de esas formas del horror que consolida «el mirar para otro lado o no querer saber de ello» se la encontró en otro de los viajes que le cambiarían la vida en la República del Congo, como cooperante. «Vi que no podía cambiar las cosas pero sí darles a los demás oportunidades para que cambien».

El trabajo de la doctora homeópata está influenciado por sus experiencias en viajes

Una muestra de ese compromiso es su trabajo en la Fundación Pájaro Azul y su apoyo a iniciativas como el hospital para enfermos mentales de Kinshaha de la religiosa asturiana Sor Ángela, a donde irán destinados los derechos de autor de su libro.

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