«El gran pecado contemporáneo es la indiferencia»

Laura Restrepo participó ayer en la Semana Negra. :: DANIEL MORA
Laura Restrepo participó ayer en la Semana Negra. :: DANIEL MORA

Laura Restrepo entregará en dos meses su nueva novela: «Tiene mucho negro», avanza

M. F. ANTUÑA

Cuenta Laura Restrepo (Bogotá, 1950) que ha vivido en un sinfín de territorios abonados al conflicto: Colombia, México, Argentina... Y hace tres años, con el fin de cambiar de aires, compró una masía y se vino a Cataluña, donde tampoco están las cosas tranquilas desde entonces. Aquí trabaja en su próxima novela, que entregará en dos meses a la editorial, mientras sigue hablando de la última, 'Pecado'. Ayer se estrenó en la Semana Negra y puede que el próximo año tenga motivos para volver.

-¿Alguna novela en la cartera?

-Sí, pero no quiero contar por si cambia demasiado... Pero tiene mucho mucho negro.

-'Pecado' es un última obra, inspirada en 'El jardín de las delicias' de El Bosco. ¿Da la pintura para mucha literatura?

-El tema recurrente es la relación de las personas con el mal y 'El jardín de las delicias' le da un marco maravilloso. El Bosco es un maestro que hace un gran icono de lo que ha sido la tradición cristiana sobre el bien y el mal, esa dialéctica tan extraña entre paraíso e infierno, eso tan difícil de entender de que hicimos algo terrible y tenemos que cargar con un castigo. Es una obra de arte que te plantea más preguntas que certezas.

-¿Cuáles son los grandes pecados de hoy?

-Yo juzgo con dureza a los que cometen el pecado de la indiferencia; es el gran pecado contemporáneo, desentendernos del prójimo.

-Y de eso sabemos mucho los europeos con los refugiados.

-Sí, y en el mundo entero. Hay una especie de exaltación de la individualidad. Mientras el individuo triunfe lo demás no importa.

-¿Hay vacuna contra la indiferencia?

-Habría que reivindicar arcaísmos como la palabra santuario, que no tiene origen en el cristianismo, es anterior, es ese lugar en el que eres inmune a cualquier amenaza. Tenemos que hacer del mundo un santuario de puertas abiertas. Mientras eso no se plantee no tenemos futuro como especie.

-¿Su 'top ten' de pecadores?

-Hoy es tan fácil mencionar uno. ¡Dios mío qué personaje para reunir todo lo que considero vulgar, grotesco, desagradable, machista, sexista, clasista, atrasado, inculto! No le pongo nombre a ese rubio porque todo el mundo sabe quién es.

-¿Los pecados de Latinoamerica?

-Waldo Frank, uno de los mejores biógrafos de Bolívar, dice que en su incapacidad para ser hermanos naufragó América. ¿Cómo es posible que estemos divididos por las apetencias de cada gobierno, marcados por fronteras artificiales y no logremos integrarnos como una unidad? Es un problema de los gobiernos, porque cuando te encuentras con un latinoamericano, incluso con un español, nos reconocemos. Hay una identidad que nos la da el espíritu, la lengua, la Historia, pero la economía y los gobiernos nos mantienen alejados. Somos la misma gente, pero tenemos esa incapacidad pare reconocernos.

-Es colombiana y participó en conversaciones de paz. ¿Cómo ve la situación hoy?

-Creo que el gobierno y la guerrila están cumpliendo. Pero sé también que los enemigos de la paz cuando no pueden ganar recurren a la sangre. El número de asesinatos de líderes sociales es altísimo. Tengo temor de que empiecen a agredir a la gente que se ha desarmado. La guerra es un negocio, en Colombia como en todos los lados.

-¿Cómo ve la situación en Venezuela?

-Voy siempre que me invitan y siempre les digo a mis editores: 'voy, pero déjenme que hable con los dos lados'. Porque el gobierno no me gusta, a mí no me gusta ningún gobierno, y lo que vivo es un pueblo enfrentado de una manera fraticida. Eso me angustia. He vivido de cerca el drama de familias venezonalas donde los hermanos no se hablan.

-¿Decepcionada con el chavismo?

-Los excesos del régimen se advierten. Pienso desde el punto de vista de la gente que tuvo expectativas en un cierto proceso de transformación interesante que tuvo lo de Chaves, que lo tuvo, porque cuando nadie tenía el coraje de hablar de los pobres, él lo hizo, y también tuvo el coraje de hablar duro a los EE UU. Se está perdiendo buena parte de lo que tuvo de esperanzador.

-¿Y el trato a la oposición?

-Desde luego meter en la cárcel a la oposición es una medida antidemocrática. Ahora, la oposición ha sido profundamente golpista y antidemocrática. Mi única posición es que el pueblo venezolano logre reconciliarse entre sí y termine con esa guerra.

-¿Qué puede hacer la literaruta por todo esto?

-Escribir en libertad. Eso siempre significa tener una posición en contra del poder y sus vicios. La buena literatura siempre es libre.

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