«No más hambre de pan y de cultura»

«No más hambre de pan y de cultura»
DANIEL CASTAÑO

Un libro recoge la obra periodística de Leopoldo Alas Argüelles, «apasionado de la enseñanza»El volumen recopila decenas de artículos del que fue rector de la Universidad de Oviedo, a quien «nada le era ajeno»

JOSÉ L. GONZÁLEZ GIJÓN.

Republicano, enamorado de la cultura, defensor de los derechos de los trabajadores, profesor, decano y rector en la Universidad de Oviedo. Leopoldo Alas Argüelles (Oviedo, 1883-1937) fue una de las principales figuras del primer tercio del siglo XX en Asturias, silenciada durante décadas tras su fusilamiento en 1937 a manos franquistas. «No más hambre de pan y de cultura» fue una de sus máximas. La Universidad de Oviedo, con el apoyo de la Fundación Valdés Salas, el Ayuntamiento de Oviedo y el Banco Sabadell, recupera parte de su legado con un libro en el que se recoge su obra periodística, en edición de Joaquín Ocampo y que firman Sergio Sánchez Collantes, colaborador de este diario, y Francisco Galera Carrillo. «Era un apasionado de la enseñanza al que nada le era ajeno. Esos centenares de artículos no son una obra menor», señalaba Leopoldo Tolivar, catedrático de derecho Administrativo de la Universidad de Oviedo, nieto del malogrado rector y colaborador también de EL COMERCIO.

Política

El pueblo debe participar de la vida pública

Que el pueblo se implicase en la política y en la cultura fue siempre un objetivo para Leopoldo Alas Argüelles. En 1923, en plena dictadura de Primo de Rivera, el que estaba a punto de ser decano de la facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo publicó un artículo en el que reclamaba «una verdadera opinión pública». Lo hizo atacando lo que consideraba una costumbre en el país: «Vivir de frases hechas» que llevaban a denostar la política y a pedir sustituirla por «más administración» o el «gobierno de los técnicos». En su argumentación, se basa el intelectual en la derrota en la I Guerra Mundial de aquellos países que así se regían, como Alemania, y en cómo los vencidos habían cambiado sus planteamientos para adaptarse a los de los ganadores. «Hay quien pide la supresión de la política de buena fe porque cree que es necesariamente politiquería de caciques; pero también hay quien la pide porque sabe que pide al mismo tiempo la supresión de la democracia». «La mayor calamidad que puede sucedernos es que no arraigue aquí la verdadera política». «El vacío de una verdadera opinión pública activa lo llenará siempre el cacique», concluía.

Universidad de Oviedo

«Asturias la necesita para ser más que un casa de negocios»

Es imposible entender la vida de Leopoldo Alas Argüelles sin la Universidad. A ella dedicó sus mayores esfuerzos, en una suerte de devolución de todo lo que esta le había dado. En 1919, recién ganada su cátedra de Derecho Civil, aunque aún sin nombramiento oficial, escribe un artículo en el que ensalza a la institución por su capacidad para fomentar «la preparación del espíritu para seguir estudiando» que inculca a sus alumnos, algo que, según expresa, no se trabajaba en otras universidades. Un espíritu que, en su opinión, estaba entonces aletargado y que era necesario recuperar. «Muertos unos profesores, trasladados otros, la Universidad de Oviedo viene desde hace algunos años padeciendo una grave crisis». «Asturias entera debe estar interesada en la vida de su Universidad para ser algo más que una casa de negocios». «La Universidad debe tener hoy como misión propia la de continuar la tradición que la hizo ser conocida en toda España», mantenía.

Los toros

Una fiesta sin arraigo con la que habría que acabar

En lo que a los toros se refiere, Leopoldo Alas Argüelles lo tenía claro: «Bien merecería utilizar esta situación de indiferencia general hacia la fiesta de los toros para acabar con ella en nuestra región». La opinión del intelectual quedó expresada en abril de 1926, cuando en un artículo argumentó que solo Oviedo y Gijón contaban con plaza y que eran pocas las localidades asturianas que se atrevían con las plazas móviles. Esta situación, con pocos festejos vinculados a las fiestas patronales, hacía «insostenible» esta fiesta en la región, lo que se convertía en una buena oportunidad para acabar definitivamente con ella. «De lograrlo, y piensen en ello los asturianistas incondicionales, seríamos la única región de España que, en este punto concreto, podría codearse con Europa».

Crisis económica

Obra pública para acabar con el desempleo

En marzo de 1928, cuando Leopoldo Alas publicó su artículo 'Trabajo y limosna', Asturias vivía una profunda crisis económica. La industrialización de la región la convertía en vulnerable ante escenarios económicos negativos fuera de los límites asturianos, lo que lastraba a su vez las posibilidades de recuperación. «La crisis general ha planteado en Asturias un gravísimo problema por el gran número de obreros parados que en la actualidad tenemos». El propio autor era consciente de las dificultades para salir de esa situación, pero no dudó en defender una receta diferente a la que se estaba aplicando. Ante las obras de «caridad y la ocupación de obreros en obras improvisadas», Leopoldo Alas planteaba la inversión en obra pública bien planificada para poner a trabajar a cientos de obreros en infraestructuras «absolutamente indispensables» en la Asturias de la época. «Mejor que pensar en limosnas es pensar en resolver la crisis haciendo algo de lo mucho proyectado».

Acceso a la educación

Formación universal más allá de la técnica

Fue una constante en su vida la de acercar la cultura al pueblo. Cercano a la Institución Libre de Enseñanza, asiduo al Ateneo de Madrid, trabajador de la Junta de Ampliación de Estudios, Leopoldo Alas luchó por llevar la cultura al pueblo, siguiendo el camino que había visto recorrer a su padre, Leopoldo Alas 'Clarín'. En diciembre de 1926 hizo una encendida defensa de esta causa a invitación de la Agrupación Socialista de Oviedo. Comienza su argumentación con un tono oscuro. «La política de cultura es en España una política inédita», afirmaba. El intelectual diferencia entre la mejora técnica de los obreros, «sin duda tiene importancia esta preparación», y la «formación espiritual», a la que todos deberían tener acceso. «Mucho pierde el obrero por no tener una formación técnica tan perfeccionada como la de sus colegas de otros países más adelantados, pero pierde más aún por no haber adquirido una cultura digna de este nombre». Leopoldo Alas consideraba «una injusticia» que solo los adinerados pudieran pasar a segunda enseñanza y a la universidad y que «sea inútil toda la capacidad del pobre que no pueda costear los estudios superiores».

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