«La herencia de Ángel González está más viva que nunca»

Araceli Iravedra y José Luis Morante. / PABLO LORENZANA

El crítico y profesor José Luis Morante recorrió la trayectoria vital y literaria del poeta en la Cátedra que lleva su nombre

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Tras dar un repaso sucinto, por parte de Araceli Iravedra, directora de la Cátedra Ángel González de la Universidad de Oviedo, a la trayectoria del poeta, crítico y profesor José Luis Morante (Ávila, 1956) y después de destacar este «el lujo que supone para Asturias la existencia de esta Cátedra», el autor recorrió la trayectoria vital y literaria de Ángel González. Su condición de autor de la Generación del 50 o Medio Siglo, marcado por la revolución minera del 34, y la posterior Guerra Civil del 36 a 39. Su infancia sombría, lo luminoso de su condición de niño lector gracias a la hermana maestra, la ausencia de decisiva del padre en años críticos. La música primera que toma de Rubén Darío y Casona ('Flor de leyendas'). Su enfermedad, tuberculosis, en los años venideros, y la estancia, fundamental, de tres años en Páramo del Sil, con la importancia extrema, según Morante, de tal localidad: «Tres años es mucho tiempo dedicándose exclusivamente a leer».

El cuerpo sólido de la obra que empieza a aparecer, gracias a la 'Segunda antología' de Juan Ramón, «donde la historia colectiva pasa a historia personal», y las propias fuentes de las que bebe Juan Ramón, «Rubén Darío, primordialmente, y todo el Simbolismo francés». Un apunte crucial: « No coge el concepto de obra en marcha de Juan Ramón. Ángel cierra un libro y no vuelve sobre él. Juan Ramón no da ningún libro por cerrado y todo es reescritura». La presencia, inmediata, decisiva, de Gerardo Diego y su 'Antología', a la que reemplaza la Generación del 27 en torno a Góngora, y su cata ulterior de Pablo Neruda, donde «encuentra el amor como centro nuclear de toda geografía urbana». Su cata, posterior, de Blas de Otero y Celaya, «de la poesía social como arma cargada de futuro, de arma incuestionable para cambiar el mundo y una sociedad fragmentada, sin esperanza». El carácter social de los primeros libros del poeta. Su ruptura con los Novísimos: «No concebía Ángel el poema como una música vacía de contenido. Nunca se separó del poema como idea». La llegada a Estados Unidos y, a mediados de los ochenta, los primeros reconocimientos, con el Príncipe de Asturias a la cabeza.

Ve huellas Morante de la poesía de Ángel González en los estudios críticos de 'Jugar con juego' (revista editada y hecha en su totalidad por García Martín) y en los poemas de Víctor Botas («en los juegos lúdicos, la ironía como herramienta de distanciamiento, y lo que en Asturias llamaríais la coña beatífica, quitar al poema del púlpito y bajarlo a la calle»). Levantarían como bandera la poesía de Ángel los poetas de la llamada 'La otra sentimentalidad' (García Montero, Egea, Salvador), especialmente, en la construcción de la verdad biográfica dentro del poema, «donde el personaje inventado puede o no ser personaje real». Seguiría su huella en los 90 con Carlos Pardo, Luna, Juan Carlos Abril. Y acabaría el viaje en la propia antología de Morante ('Re-generación'. Valaparaíso Ediciones), donde ve una veintena larga de poetas cuyo territorio es lo digital, pero donde se observaría la misma carga intimista, irónica, de distanciamiento de la realidad y enmascaramiento de la propia biografía que en el homenajeado. «La herencia de Ángel González hoy está en la red más viva que nunca en nombres nuevos que llegaron para comerse el mundo», concluyó el crítico.

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