Diálogos con mi 'yo' adolescente en los noventa

Beatriz Navas./Alberto Ferreras
Beatriz Navas. / Alberto Ferreras

En 'Y ahora, lo importante', Beatriz Navas recupera los diarios que escribió entre 1992 y 1993, cuando contaba con catorce años, a los que suma un epílogo en los que reflexiona sobre aquella etapa y establece un puente al presente

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Hubo un tiempo en que Beatriz Navas (Madrid, 1978) pensó en quemar su pasado. Armada con un bote de gasolina para encendedores Zippo, llenó una bolsa con los cuadernos en los que había ido relatando su día a día entre 1992 y 1993 y los preparó para un destino fatal. Contaba entonces con veintitantos años y, como dice ahora, renegaba de ese entusiasmo y de esa euforia con la que se vive todo cuando uno es adolescente. «Es una época en la que te autocensuras, te quieres desentender de la frivolidad de esos años y buscas encontrar tu lugar político», reflexiona escogiendo cuidadosamente las palabras.

Jamás cumplió aquella amenaza y los diarios quedaron en el olvido. Entrada ya en la treintena, aquel pensamiento regresó a su sesera hasta que Norman, su pareja por aquel entonces, se topó con los textos. «Son geniales», le dijo. Aquella declaración cambió la forma en la que Beatriz observaba a esa adolescente apasionada por la música que, no mucho antes, había sido ella. Del rechazo y la vergüenza pasó a la ternura y a la condescendencia. «Sigue dándome pudor, pero quiero compartir esos relatos con mi generación y quiero reflexionar sobre esa época», explica la autora de 'Y ahora, lo importante' (Caballo de Troya), una obra en la que reúne los dos diarios que escribió a los 14 y 15 años, a los que suma un epílogo escrito en la actualidad en el que establece un puente con el presente.

Encabezada por los titulares del día, cada entrada lleva al lector a un instante en la vida de esta adolescente madrileña, una «niña bien» y buena estudiante, que vive a medio camino entre Madrid y Barcelona y a la que le pirran su grupo de amigas, la fiesta, los conciertos -Nirvana, U2, INXS, Faith No More, Guns N' Roses, Mudhoney o L7 son solo algunas de las bandas a las que la joven va a ver en apenas dos años- y, cómo no, los primeros amores, que acaparan las 272 páginas del libro. Sorprende, sin embargo, lo autoconsciente que era de la etapa en la que se encontraba su vida: «Estoy en una edad complicada y el que piense tanto en chicos y no en cosas importantes es de entender», llega a resumir.

Pese al arranque hedonista, poco a poco el diario se va tornando en algo más lúgubre, oscuro y reflexivo y espaciando sus entradas hasta que finalmente Bea decide dejar de escribir. «Fue precisamente ese cambio el que me animó a publicar el diario, porque tenía la impresión de que había un cierre», explica la autora. Navas intuía que había algo interesante entre esas páginas, cosas que no había leído en ningún otro lugar, pero le costaba ver si tenían vida más allá de la gracieta y la anécdota. Probar los textos entre los escritores y los lectores de la publicación 'El Estado Mental' aclaró las cosas: «Obtuve mucho 'feedback'. Me escribieron diciendo que se reconocían y que recordaban esa etapa y esa época. Eso me ayudó mucho», explica.

Evidentemente, el diario no se podía publicar tal cual. Todos los nombres están cambiados e incluso mezclados con la intención de desdibujar y proteger a los protagonistas. «Me apetecía que las personas que salen en la obra lo leyeran con distancia y que, aunque se sintieran identificados, no estuvieran más pendientes de quién era quién», explica la autora, que no ha dudado en hacer aclaraciones cuando el texto lo requería. Además, los escritos han pasado por correctores de estilo que han trabajado en la puntuación y en la eliminación de repeticiones. No se ha modificado nada más. «Quitar las partes que me daban mas pudor hubiera sido traicionar el espíritu de aquello que escribí», razona.

Dado que se trataba de un diario personal, cabe preguntarse si la Bea de 14 años tenía filtros a la hora de desarrollar cada entrada. «Contaba con la libertad de saber que mi madre no lo iba a leer, pero es verdad que hay aspectos dolorosos que no tocaba», comenta ahora. Así las cosas, el divorcio de sus padres apenas sale a relucir: «Explicaba los detalles que me empoderaban. De hecho, he llegado a la conclusión de que escribía los diarios para fijar una realidad y no recordar lo que me angustiaba». Y, claro, exageraba las experiencias que le habían gustado.

Lo que sí envidia la autora es la capacidad que aquella adolescente tenía para hablar de las cosas, una capacidad que «con la edad se ha vuelto más confusa. Mi mente entonces estaba más clara», asume. Así, sorprenden las reflexiones en torno al papel de España en los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo en Sevilla. La Bea catorceañera deja entrever cierto orgullo por las medallas conseguidas y por una organización sin mácula. «Ya entonces había un poco de pudor en hablar así, porque si lo hacías eras facha. Ahora es aún peor, pero decidí mostrarlo. Exponer los diarios al mundo también es un ejercicio personal de no deslegitimarme por no haber tenido una conciencia política, todo eso me ha pesado mucho», comenta quien asegura que le cuesta tener una opinión personal acerca de lo que está ocurriendo en España.

Los estudios, el acoso sexual, el futuro laboral, la maternidad, el racismo, el machismo -«Aún queda un largo camino por recorrer», reflexiona al respecto-... Son algunas de las cuestiones que la joven aborda en el diario y que hoy en día siguen de plena actualidad.

-¿Qué le diría ahora a la joven Bea si pudiera?

-Le diría que esté tranquila, que va a madurar, que todo se encauza de una manera sorprendente. Que le va a dar menos importancia a lo que piense la gente, que va a marcar distancia con las cosas que le pasarán y que las va a vivir de manera menos personal. Para mí madurar es lo mismo que le oía a mis padres. Aquello de 'Me encantaría ser joven pero sabiendo todo lo que sé ahora'. Ahora me doy cuenta de que vivo las cosas de manera similar a como las vivía ella, lo que pasa es que con la edad te vas protegiendo y tienes un autocontrol, pero las emociones e ilusiones siguen dentro de mí. De hecho, también sigo sin certezas, como la Bea de entonces.

Portada de 'Y ahora, lo importante'.
Portada de 'Y ahora, lo importante'.

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