Miguel Hernández, el escritor total

Retrato del poeta Miguel Hernández./Efe
Retrato del poeta Miguel Hernández. / Efe

La Editorial Edaf publica la obra completa del autor de Orihuela, que no se limitó a la poesía, sino que también se dedicó al teatro, al cuento y al periodismo

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

La muerte de Miguel Hernández, en la cárcel franquista, enfermo de tifus y tuberculosis, fue tan horrible que el autor ha pasado al imaginario literario rodeado de un halo de pena; para muchos siempre será el poeta de la tristeza. Pero nada más lejos de la realidad, como recuerda su nuera, Lucía Izquierdo, esposa del ya fallecido hijo Manuel Miguel, al que Miguel dedicó sus ‘Nanas de la cebolla’, cuando su esposa Josefina Manresa solo tenía para comer pan y cebolla. “Miguel era muy alegre, muy cariñoso, muy divertido, muy guapo. A Josefina le molestaba que fuera así porque le contaba muchos chistes picantones. Siempre estaba silbando, le gustaba pasear por la sierra de Orihuela e imitaba el canto de los ruiseñores. Pablo Neruda le decía: ‘Miguel, quiero que me acompañes por tu Levante para que me enseñes los ruiseñores’”.

La Guerra Civil difuminó con esa alegría y su muerte, con solo 31 años, significó también el olvido de uno de los autores más importantes de la literatura española. En 1960, la edición de sus obras en Argentina (en España estaban prohibidas) comenzó a devolver a Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) el prestigio robado y solo la llegada de la democracia colocó en su país al poeta a la altura que se merece. “Es el poeta con mayor poder de convocatoria aún hoy en día, tanto en España como en el extranjero, tanto en los países de habla hispana como en los que no”, explica el catedrático de Literatura Jesucristo Riquelme.

En cualquier caso, faltaba un volumen que recogiese, al completo, la ingente y variada producción de Miguel Hernández. Coincidiendo con el 75 aniversario de la muerte del escritor lo hace la Editorial Edaf, que publica ‘La obra completa de Miguel Hernández’, un voluminoso ejemplar de 1.900 páginas que muestra no solo la faceta más conocida del genio, la de poeta, sino también todos sus trabajos como autor teatral, cuentista y cronista periodístico. ‘La Verdad’ de Murcia fue uno de los medios en los que escribió el autor.

El volumen que publica Edaf incorpora más de 3.000 modificaciones y novedades respecto a la anterior edición de las obras completas de Miguel Hernández, que data de 1992. Revisa y corrige los errores y amplía la obra literaria con una treintena de textos que aún permanecían ocultos en archivos, además del material proporcionado por la familia: poemas, prosas literarias, discursos escritos, cuentos infantiles, biografías de toreros, un manuscrito sobre las fallas de Orihuela, versos, estrofas, fragmentos añadidos… Y también fotografías.

La nueva edición ofrece nuevos ángulos para analizar la vida y la obra de Miguel Hernández. Jesucristo Riquelme, responsable principal del volumen, cuenta que ‘El rayo que no cesa’ refleja la relación que el poeta tuvo con la actriz Maruja Mallo, con la que disfrutaba de una carnalidad que Josefina no le permitió durante su noviazgo, entonces interrumpido. Se queja Hernández de que Josefina le dio un tortazo cuando él le quiso dar un beso en la mejilla. “Te me mueres de casta”, escribió en ‘El rayo...’. “La relación con Maruja Mallo debió de parecerle a Miguel orgiástica y la pena que aparece en ‘El rayo que no cesa’ es porque se ha acabado. En eso también fue Miguel un adelantado porque no había en la época poemarios que ahondaran en el amor carnal”, explica Riquelme, que también considera a Hernández un pionero de lo que luego se llamó el ‘nuevo periodismo’: “Estuvo en la guerra, en primera línea, y envió crónicas en primera persona. Obviamente, no leyó a Capote, pero leyendo a Capote se constata que eso lo hacía antes Miguel”.

El editor ha profundizado también en la relación del poeta con su contemporáneo Vicente Aleixandre. “Se trataban como hermanos y cuando Miguel murió, Vicente ayudó a su viuda a gestionar los textos que había dejado sin publicar, además de darle mensualmente una paga de 125 pesetas para que pudiera vivir”, afirma.

Pese a las penalidades que sufrió, Miguel Hernández nunca abandonó su alegría. En ‘El hombre acecha’, su obra póstuma que el franquismo quiso eliminar físicamente, pero de la que se conservaron varios pliegos que se reeditaron en 1981, habla de la esperanza. “La guerra estaba perdida, pero aun así su mensaje era luminoso”, asevera Riquelme. “Cuando en esos últimos momentos escribía, pensaba en su hijo, que era el símbolo de lo que él veía como un porvenir más dichoso. Estaba contento porque todavía sentía la capacidad de amar”.

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