«La novela negra se ha convertido en canónica»

«La novela negra se ha convertido en canónica»
DANIEL MORA

El creador de Bevilacqua y Chamorro presenta en Gijón ‘Recordarán tu nombre’

ALBERTO PIQUERO

Premio Nadal en el año 2000 por ‘El alquimista impaciente’, o Planeta en 2012 en virtud de ‘La marca del meridiano’, ambas obras pertenecientes a la saga de los investigadores de la Guardia Civil que responden como el subteniente Bevilacqua y la sargento Chamorro, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) ha novelado ahora la biografía del general José Aranguren, jefe de la Guardia Civil en Cataluña en 1936, quien se opuso al alzamiento franquista pese a ser católico y de filiación conservadora, siendo fusilado por ello tras la victoria de los insurrectos.

¿De dónde le viene el afecto literario por la Guardia Civil?

–Fue un descubrimiento de los años 80, al tiempo que un prurito de escritor. La Guardia Civil estaba demostrando una gran eficacia en la lucha contra ETA, pero además yo quería encontrar unos protagonistas (Bevilacqua y Chamorro) que fueran narrativamente originales. Cuando el duque de Ahumada fundó la Guardia Civil (1844), España era casi medieval. Y se puso en marcha un cuerpo de seguridad moderno y políticamente neutral. Que durante el periodo franquista perdiera esa condición de neutralidad es una anomalía histórica. Ahora ha recuperado su espíritu fundacional.

Ha dicho que el general Aranguren le recuerda a su abuelo materno, ¿cuál es el motivo?

–Desde que vi por primera vez una fotografía del general, advertí un cierto parecido físico y, sobre todo, una mirada de fondo triste en los dos. Ambos perdieron a sus hijos varones. Además, mi abuelo coincidió a sus órdenes cuando Aranguren fue jefe superior de la Policía, en Madrid, en 1931, secundándole tras negarse a reprimir las manifestaciones de la Puerta del Sol que festejaban el advenimiento de la República.

Invocando al poeta Adonis, aboga usted por la idea de que «la historia se ve mejor a través de los ojos de los derrotados». No obstante, ¿no la escriben los vencedores?

–Es cierto, pero cabe la reversión poética. Adonis hablaba de la civilización árabe, que suponía más auténtica en los herejes y los réprobos que en los emires y los califas. No obstante, es verdad que la civilización suele salir derrotada por la barbarie en las encrucijadas históricas.

¿Por qué todavía hay quienes se niegan a recuperar la memoria histórica en España?

–No lo comprendo, partiendo del hecho de que los delitos están amnistiados y todas las víctimas, de un bando y otro, merecen un recuerdo respetuoso. También es curioso que los que convalidan la sublevación franquista se declaren constitucionalistas, cuando nuestra Constitución es una mezcla de la que se promulgó en 1931 y de la alemana.

Ha declarado que respeta a los secesionistas catalanes, aunque estima que sus fundamentos están viciados...

–Respeto los sentimientos personales. Otra cosa es el ‘procés’, que ha adquirido forma de esperpento. Ya ha ocurrido otras veces, en el siglo XVII, durante la guerra de Sucesión o con el levantamiento de Companys. Es una ensoñación. No funciona así el mundo.

La última aventura de Bevilacqua y Chamorro los trasladó a Afganistán, en ‘Donde los escorpiones’. ¿Cuál será su próximo destino?

–Antes publicaré un libro de relatos que tienen en común la muerte de chicas jóvenes. Después, Bevilacqua y Chamorro tendrán trabajo en el Estrecho, en el sur de Andalucía.

Dice un personaje de ‘Donde los escorpiones’, la prostituta Jessica, que por cada delincuente que se atrapa hay cien que ni se conocen. ¿La humanidad no tiene remedio?

–Lo que cabe es intentar que no se desequilibre por completo. Hay mentes maquinando a diario la explotación de seres humanos. En España hay decenas de miles de esclavas sometidas a la prostitución.

La Semana Negra cumple tres décadas y usted ya vino en 1998. ¿Cuál es la valoración que hace?

–Sin caer en ditirambos, la Semana Negra ha hecho escuela por muchas otras latitudes y ha contribuido a que el género de la novela negra, que era marginal, se convierta en canónico. Además, es un espacio de conversación, en el sentido que le daba Walter Benjamin, o sea, un lugar en el que todos aportan y todos escuchan. Nada que ver con las ‘tertulias’ siniestras en las que nadie escucha a nadie...

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