«La poesía, más que a juzgar a otros, me ha enseñado a reivindicar el derecho a admirar»

El escritor leonés Luis Artigue.
/E. C.
El escritor leonés Luis Artigue. / E. C.

El escritor leonés, cinéfilo y aficionado al jazz, publica 'La ética del fragmento', un poemario en el que aborda las nuevas masculinidades Luis Artigue. Poeta

MIGUEL ROJO GIJÓN.

Los poetas están en el mundo más de lo que ellos piensan. Quizás porque son el mundo. Y no hay lectores más fieles que los de la poesía, insobornables al desaliento, enamorados de la palabra desnuda... Luis Artigue (Villalobar, León, 1974), novelista, poeta, cinéfilo y aficionado al jazz, ejerce también de crítico de arte. Ahora ve la luz su poemario 'La ética del fragmento' (Editorial Pre-textos). Estuvo por Asturias con ese verbo caliente que lo caracteriza, el pelo indómito de querubín moderno y una gafas de llamativa montura que le dan ese aspecto de bohemio aplicado.

-¿Cómo se llega a la poesía?

-Tuve un profesor en el colegio, el Hermano Pedro Vidanes, un marista muy exigente y estricto, pero con buen método para enseñar literatura; y luego otro inolvidable en bachillerato, un librepensador entregado y magnético, Pedro Blanco Rubio. Desde aquí mi gratitud y mi homenaje a ellos, y a todos los maestros y profesores de literatura con verdadera vocación. Además, tuve también una adolescencia rural solitaria que contrarresté leyendo. Gracias a los unos y a lo otro llegué a la poesía.

-¿Por qué aparece ahora, en estemomento, 'La ética del fragmento'?

-Ahora que está de moda la juventud, la exterioridad, la pose, la tontería, ahora que la identidad tiende a ser como prefabricada y movediza porque viene construyéndose desde la impostura y la conveniencia, ahora, en suma, que la filosofía de nuestro tiempo, el marketing, es ese rentable fracaso de la filosofía y la psicología, clásicos como Safo nos enseñan con su obra fragmentada -pero no incompleta- que la identidad también puede construirse de forma sólida mediante la ética... Que existe una ética del fragmento, que somos los fragmentos de lo que hemos vivido, sentido, hecho, recordado, etc. Y la clave de la identidad está en cómo unimos todo eso: en vez de unirlo mediante la estética, los clásicos nos invitan a hacerlo desde la ética.

-¿Por qué se escribe una novela y no un poema, o al revés?

-A mi juicio en la novela hay algo de iluminación y mucho de voluntad, de perseverancia, de entusiasmo y de trabajo arduo; en la poesía reina la iluminación sobre todo, y luego el perfeccionismo. Personalmente, tras el encierro agotador que supone cada novela, intento volver a la poesía para depurar mi ego.

-¿Cuáles son sus poetas fundamentales? Los que lo marcaron.

-Lorca, Cernuda y Baudelaire.

-¿Qué poeta actual de prestigio está sobrevalorado o es, sencillamente, un mal poeta? También le acepto el nombre de algún poeta fallecido.

-Con todos los respetos, soy objetor de conciencia y no participo en las guerras; menos aún cuando son literarias... La poesía, más que juzgar sobrevaloraciones, me ha enseñado a reivindicar el derecho a admirar.

-En estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir, donde el 'ciber', la inmediatez y la tecnología lo gobiernan todo.... ¿Cuál es el papel que le corresponde a la poesía, si es que le corresponde alguno?

-La poesía de receta política y conceptual y moral, la poesía con peso y poso es hoy más necesaria que nunca ahora que estamos perdiendo las esencias y que todo se está quedando insustancialmente licuado... Por ejemplo, yo me empeño en este libro, en 'La ética del fragmento', en escribir una poesía que nos ayude a forjar hombres y mujeres que han descubierto el ritmo, la flexibilidad, la relatividad; que saben que cada individuo está dotado de cualidades tanto masculinas como femeninas; mujeres y hombres para los que el arte de unir y relacionar intereses distintos es un desafío... La empatía que estos hombres nuevos muestran a la mujer nace de la aceptación de su propio modo emocional, intuitivo, sensible y humanístico de enfocar las relaciones. Ellos se permiten llorar, mostrar su vulnerabilidad, exponer sus fantasías y compartir su yo más íntimo. Algunas mujeres están desconcertadas por el nuevo régimen... De todo esto y de mí y de todos nosotros habla 'La ética del fragmento': es poesía para la convivencia plena.

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