«Ha resurgido la ultraderecha en Noruega»

Gair Tangen, en los Jardines de la Reina. / DANIEL MORA

Gair Tangen, que presentó 'El ejecutor', critica un periodismo que «no cuenta el mundo real»

ALBERTO PIQUERO

Tuvo el blog de novela negra más popular en Noruega, con 170.000 seguidores. Pero desde que Gair Tangen (Oystese, 1970) ha publicado 'El ejecutor', ahora es motivo del interés de otros blogueros y ha cerrado el suyo. Ha llegado por primera vez a la Semana Negra, acompañado de su mujer, Agnes Lovise Matre, que también comparte autoría literaria propia en el mismo género.

-Ha dicho que la eclosión de la novela negra en los países nórdidicos puede deberse a que son sociedades aburridas que necesitan emociones. ¿No existirán más razones?

-No tengo una teoría cerrada, pero es cierto que la sociedades nórdicas son bastante seguras y que la novela negra introduce un cierto desequilibrio, hace que sucedan cosas menos previsibles.

«Para meterme en la mente del asesino tuve que excavar en lo peor de mí mismo»

-En particular en Noruega, entre los novelistas que se adscriben a esa narrativa están, por ejemplo, una ex-ministra de Justicia, Anne Holt, o Jo Nesbo, que fue cantante de rock...

-Parece singular visto desde fuera, pero no lo es tanto. Anne Holt ya escribía antes de ser ministra, y a Jo Nesbo lo fueron a buscar las editoriales porque las letras de sus canciones eran muy buenas. No obstante, si hubieran carecido de auténtico pulso literario no habrían permanecido.

-En su caso, ¿cómo ha construido la historia de 'El ejecutor', fueron antes los personajes o la idea de la trama?

-En la escritura inicial, comencé sin un argumento acabado y al llegar a las ciento treinta páginas no lograba avanzar. Volví a empezar e incluso acepté la recomendación de un amigo para leer un manual de escritura, aunque sin tener una visión clara y un talento elemental no sirven para nada. Fui planificando cada una de las escenas y siguiendo ese método secuencial se organizó mejor la idea general. Los personajes crecen simultáneamente. Al principio, pueden ser bocetos, y luego se desarrollan con la misma escritura. El autor no conoce a sus personajes desde el punto de partida e incluso le sorprenden a medida que van adquiriendo una identidad más perfilada.

-La novela está escrita en tercera persona; sin embargo, hay pasajes en los que el asesino se expresa en primera persona. ¿Es difícil meterse en la mente de un asesino? ¿O todos tenemos ese potencial?

-Tuve que hacer una profunda excavación en lo peor de mí mismo. Yo no tengo instinto asesino, claro; pero era necesaria esa técnica en primera persona para acercar su mentalidad al lector. Por lo demás, es posible que en unas circunstancias determinadas todos podamos ser asesinos.

-¿Cuánta realidad ha de caber en la ficción?

-La novela negra es, sobre todo, realista. Y la acción de 'El ejecutor' transcurre en el puebo en el que vivo y soy profesor. Me preocupaba que el ambiente de la ciudad fuera real. Pero se ha de mantener un pie en el mundo real y otro en la ficción. En Haugesund (la población en la que reside) no hay asesinos en serie ni personajes tan malvados.

-La crítica ha señalado que su novela es brutal y perversa (en sentido elogioso), aunque filtrada por el humor. ¿Para compensar?

-Es así. Y he de reconocer que la inspiración me viene de las novelas de Jo Nesbo, del que hablábamos antes. El humor es una muleta para sacarle hierro a lo brutal.

-Por el medio, hay una crítica al periodismo cultural...

-Es una crítica hiperbólica respecto de los temores que los escritores tienen a los periodistas culturales que no cumplen bien su oficio. La mayoría lo hacen bien. Lo que sí me inquieta es la degradación del periodismo, en general, en el que va primando el sensacionalismo y el culto al famoseo, olvidando contar el mundo real.

-La segunda de sus novelas -todavía no traducida al español- muestra a jóvenes noruegos ultraderechistas. ¿Un fenómeno ascendente?

-Tristemente, están ahí. El fenómeno tuvo su origen en los años 90 y después decayó, pero me temo que ha resurgido. Incluso hay campos de entrenamiento que, regidos por adultos, manipulan a adolescentes.

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