«Cuanto más ruido hay, más necesario resulta el silencio de la poesía»

Martín López-Vega.
Martín López-Vega. / CARLOS GONZÁLEZ ESPINA
Martín López-Vega, director de Cultura del Instituto Cervantes

El escritor llanisco acaba de ser nombrado para una de las más altas responsabilidades del Instituto Cervantes, al que llega con ideas claras

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Poeta galardonado con el Premio Emilio Alarcos, profesor universitario, traductor, editor, crítico y voraz lector, Martín López-Vega (Poo de Llanes, 1975) dice que «la literatura ayuda a vivir mejor, de una forma que duela menos».

-¿Cuál es la trascendencia que ha tenido el Instituto Cervantes desde su fundación, hace un cuarto de siglo?

-Hoy sería impensable que no existiera el Instituto Cervantes. No solo por cómo ha contribuido y contribuye a la difusión de la cultura española en el sentido más amplio, sino por lo que ha supuesto en todos los sentidos para la enseñanza del español, desde sus materiales a sus exámenes; la red de centros del Instituto es una embajada insustituible de nuestro idioma y cultura.

-Sus misiones fundamentales son las de promocionar la lengua española y difundir la cultura de España e Hispanoamérica. ¿Cómo está la salud de la primera y, en cuanto a la cultura interatlántica, cuántos puentes quedan todavía por construir?

-La salud de la lengua española es inmejorable. Es la segunda lengua por detrás del inglés (por grande que sea, el chino se habla en un solo país) y cada vez más una lengua de intercambio y comercio. El hecho de que además seamos una cultura tan curiosa hace que se haya convertido en punto de encuentro: se traduce tantísimo al español que un polaco que no sepa checo pero sí español puede leer en nuestro idioma a los autores checos, y así hasta el infinito. No hay otro idioma en el que ocurra eso a día de hoy; ser tan curiosos nos ha vuelto muy útiles e interesantes para otros. Con respecto a Latinoamérica es siempre bueno quejarse de que hay poca comunicación porque nunca será suficiente, pero la situación ahora es probablemente la mejor que ha habido nunca. Nunca circularon tantos artistas de un lado a otro, se publicaron tantos autores... Siempre hace falta más, pero quien quiera saber qué pasa al otro lado lo tiene ahora más fácil que nunca.

-¿Trae una agenda prevista y unas prioridades?

-Hay algunas prioridades muy claras. Dotar a la política cultural del Instituto Cervantes de un relato; abrir nuestros oídos a la cultura de los países en los que estamos presentes, para saber qué les interesa de nosotros, en vez de querer venderles lo que pensamos de nosotros mismos; influir en el debate de ideas contemporáneo con un diálogo verdadero, uno de esos en el que no solo hay dos que hablan, sino sobre todo, dos que escuchan.

-Poeta, traductor, profesor, editor, crítico... Empecemos por la poesía: ¿Encuentra sitio en esta época tan dada al bullicio y al tópico, incluso a los tópicos peligrosos, digamos populistas?

-Cuanto más ruido hay alrededor, más necesario se vuelve el silencio de la poesía. Así que estos son buenos tiempos para la lírica; ruidosos a más no poder.

-Al final no llegó la sangre al río con motivo de su oposición a que se hubiera otorgado el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan.

-A mí el Nobel a Dylan me da igual, pero me parece una ocasión desaprovechada. No entro en el debate bizantino de si es escritor o no, o si lo hago es por divertirme un rato, no porque me interese realmente. Lo que sí creo es que fue una ocasión desaprovechada, porque otras veces el Nobel nos ha ayudado a descubrir a autores muy importantes. A Dylan no se lo ha descubierto a nadie. Premiando a Szymborska, por ejemplo, el Nobel se premió a sí mismo; eso no ha ocurrido esta vez. Pero el mejor escribano echa un borrón, y a mí me suelen gustar las decisiones del Nobel.

-¿Cómo distinguir la buena y la mala literatura?

-Me gusta mucho un término que usa Luis Alberto de Cuenca a propósito de los nuevos poetas twiteros: escriben 'parapoesía' igual que hay medicamentos de 'parafarmacia'. Quienes solo leen eso no son lectores de poesía, son 'paralectores' de poesía. Igual en otros géneros. No tengo nada que objetar, cada uno tiene derecho a leer lo que quiera, pero igual que cuando quiero curarme voy a una farmacia de verdad, cuando quiero reflexionar, aprender, emocionarme, voy también a la literatura de verdad. Cada uno sabrá lo que hace.

-¿El arte es imprescindible aunque no sepamos para qué, como decía Coctreau?

-Bueno, yo sí sé para qué es imprescindible. Para crecer y, por tanto, aprender a vivir mejor, de una forma que duela menos y se disfrute más. Yo tengo clarísimo para que me ha servido la literatura. Sin ella sería otra cosa, que prefiero ni imaginar.

-Su primer poemario fue 'Travesías'. ¿Se puede resumir esencialmente el recorrido que le ha traído hasta aquí?

-Diría que he pensado cada poema como algo que me sirviese para subir un escalón vital. Un poema que no te ayuda a crecer no sirve para nada. Para nada importante, al menos.

-Es conocido su interés por la literatura portuguesa, cuya asignatura impartió en la Universidad de Iowa. ¿De dónde surgió esa predilección (que, por supuesto, no es incompatible con otras)?

-En realidad soy muy omnívoro, pero estudiar portugués fue más fácil en un momento determinado. Amo todo lo portugués, pero también todo lo polaco, lo serbio, lo chileno... Soy un absoluto polígamo en estos asuntos.

-¿Qué calificación le merece la literatura que se escribe por aquí y, en general, cuál es la fortaleza o debilidad de la cultura que se realiza en esta tierra asturiana?

-En apenas un mes se han publicado en asturiano dos libros que merecerían ser traducidos a cualquier lengua del mundo: 'El paisaxe nuestru' de Vanessa Gutiérrez y 'El llibru nuevu' de Xuan Bello. La literatura contemporánea en asturiano tiene una calidad incuestionable. Me siento afortunadísimo de poder leer a estos autores en cuanto publican sus libros, y transmito mi entusiasmo siempre que puedo.

-Por último, sabiendo de la atención que presta a los escritores emergentes, ¿nos indica algunos nombres para el futuro?

-Estoy seguro de que la eslovena Jana Putrle Srdic, la gallega Olga Novo, la catalana Gemma Gorga, la asturiana Vanessa Gutiérrez y la cordobesa María Sánchez estarán peleándose por un Nobel cualquier día de estos.

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