«Solo se está seguro de todo cuando no se sabe nada»

«Solo se está seguro de todo cuando no se sabe nada»

La escritora Marta Robles hace con 'A menos de cinco centímetros' su primera incursión en la novela negra

IGNACIO DEL VALLE

Marta Robles (Madrid, 1963)se estrena en el género negro con 'A menos de cinco centímetros', la novela que la acerca por vez primera a la Semana Negra.

-Hay un día en el que, de pronto, se pasa de estar seguro de todo a no estar seguro de nada. Esa es la verdadera barrera entre la juventud y la madurez, dice usted en 'A menos de cinco centímetros'. ¿Podemos abundar en ello?

-Siempre he pensado que cuanto menos se sabe y se conoce más se cree que se está en total posesión de la verdad. Los que no conocen más que las lentejas de su madre consideran que no hay un plato mejor, porque no han probado nada más. Cuando se viaja, se lee, se observa y se vive es cuando uno se da cuenta de lo mucho que queda por conocer, por aprender, por descubrir, por vivir... Solo se está seguro de casi todo cuando no se sabe casi nada. Eso creo.

«Vengo a Gijón a observar, escuchar, aprender y dejarme llevar»

-Primera incursión en el género negro, y los personajes no nacen de una magdalena como los de Proust, sino de un perfume de Chanel.

-Es cierto, las violetas siempre ejercieron un extraño poder sobre mí, en la niñez. Que me asaltara su aroma convertido en perfume me despertó las ganas de crear un personaje de novela que emanase ese olor. Un olor que además impregnaría toda la historia, por negra que fuese.

-Todo el mundo le preguntará qué hay de usted en Misia, pero yo le preguntó qué no hay.

-Misia y yo somos antagónicas. Ella no ha tenido oportunidad de luchar por nada y ha tenido que conformarse con su suerte. Yo he luchado por todo, he reivindicado todo y no me he conformado con nada, no soy nada acomodaticia. A las dos nos ha salvado la lectura y el ajedrez. Y ella lleva algunas cosas mías: un reloj, un anillo... siempre me gusta colocárselos a mis protagonistas. Pero Misia y yo no nos parecemos nada. Ni un poquito.

-¿Es el lujo algo que nos sirve para evitar mirar a la muerte cara a cara?

-Para mí el lujo real es un privilegio. Pero ese lujo tiene poco que ver con el habitual. El lujo que yo admiro es el del trabajo bien hecho, la artesanía que se hace con mimo, por ejemplo. El otro lujo, el del exceso, ese lujo obsceno que aparece en la novela, que asfixia, que es el símbolo de un lugar de la sociedad en el que se puede comprar caso todo, sino todo, me repele. Tal vez sirve para que los que lo «disfrutan» piensen que no son mortales.

-En 'Los mares del Sur' de Vázquez Montalbán uno de los culpables dice que no tiene nada que ocultar, y Pepe Carvalho responde que no sea estúpido, todo el mundo tiene algo que ocultar. ¿Cómo tiene la trastienda de sus personajes?

-'A menos de cinco centímetros' es una novela de engaños, donde nadie dice toda la verdad. Como en la vida. Todo el mundo tiene un escaparate y una trastienda. En esta novela todos los personajes tienen trastiendas cargadas de oscuridad y de dolor.

-La lectura de la novela en ocasiones me recuerda mucho a 'American Psycho', lo digo por la enumeración de marcas, ¿cumple una función la enumeración exhaustiva?

-Tanto en 'American Psycho' como en 'A menos de cinco centímetros' las marcas tienen su razon de ser (como en tantas novelas americanas a los españoles tal vez la sombra de la cultura judeocristiana hace que les de más reparo siquiera nombrarlas). En 'A menos de cinco centímetros' sirven para delimitar la jaula de oro en la que viven unos determinados personajes, atrapados en ese lujo obsceno que permite comprarlo todo, desde los libros hasta las vidas humanas. Las marcas permiten que se vea con más claridad el tipo de escenario de lujo y también que uno reflexione sobre la procedencia de ese dinero que puede comprarlo todo y se sorprenda cuando se de cuenta de que siempre suele provenir de los lugares más sórdidos.

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-¿Quién es Armando en el panorama literario real?

-Pues desde luego, en España, nadie. El perfil de Artigas es el de un escritor muy internacional y cosmopolita. Lo he aderezado con algunas gotas de la personalidad de Pérez-Reverte (que también tiene Roures), de Loureiro y de otros escritores que conozco, con los que tengo una buena relación de amistad..., pero Artigas es Artigas. En realidad, no se parece a nadie.

-Usted sabe que una de las cosas más difíciles en literatura es escribir escenas de sexo. Comparta algunos de sus trucos.

-Mi receta particular es elegir con mucho cuidado el lenguaje a utilizar y tratar de ponerse en ambos lados, el masculino y el femenino, para que lo que se cuenta sea creíble. No creo que sea una receta infalible, pero en este caso me parece que ha salido bien.

-¿Qué tipo de compromiso tiene que mantener la novela negra, si es que ha de mantener alguno?

-Yo soy escritora comprometida. En realidad, una persona comprometida. Y creo que la novela negra facilita especialmente la denuncia social, pero no desde la atalaya, desde el sentirse mejor que los demás, sino desde la humildad de reconocer que todos somos un poco cómplices de lo que ocurre en esta sociedad nuestra, imperfecta y, a veces, enferma.

-Primer año en la Semana Negra, ¿cuáles son sus expectativas?

-Vengo a observar, escuchar, aprender y dejarme llevar.

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